Es a través de las manos que podemos palpar la urgencia del otro:
Los fríos de invierno
reventaron las entrañas
de la tierra.
Escapamos,
buscamos refugio.

Tus manos congeladas
—a la luz de un quiromante
práctico y orgulloso—,
repitieron el mismo destino,
y nosotros, enclaustrados.
Habitamos una caverna nívea.
Estamos de frente
en un diálogo inagotable.
Nuestras voces recorren
sus ecos.

Vuelve el frío
sin el cuerpo del invierno:
tus manos me buscan.
Agazapados
nos reconstruimos.
**
Esta es la escritora que debes leer si quieres aprender a dialogar con la muerte, pues sólo a través de la literatura podemos entender situaciones complejas de la vida.
**
Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Jaclyn Lisa.
