Detrás de cada gran obra suele existir todo un séquito de modelos que han posado por incontables horas para los artistas. Algunas de estas personas solían ser allegadas y hasta parejas de los artistas, en otros casos, como el de Caravaggio o Toulouse-Lautrec utilizaban a las prostitutas como modelos, o bien familiares.
Fuera del tipo de relación entre modelo y pintor, existen ciertas mujeres que quedaron inmortalizadas en los trazos de algunos de los artistas más renombrados de la historia del arte y cuyas identidades a veces no son tan populares o reconocibles como quienes los plasmaron.
Jeanne Hébuterne, pintada por Modigliani
De rostro afilado y alargado, Jeanne, esposa del francés, figura en buena parte de los retratos del pintor francés. Ambos se conocieron en la Académie Colarossi, pues ella perseguía una carrera en el arte, mientras que algunos artistas como Modigliani solían acudir al lugar para conseguir modelos. La historia de ambos tiene un final trágico, después de que Modigliani falleciera en 1920, Jeanne se quitaría la vida al día siguiente.
Retrato de Jeanne, 1919.
Adele Bloch-Bauer, pintada por Gustav Klimpt
Adele figura en la pintura conocida como la Dama Dorada (o La dama de oro). Ella nació en el seno de una familia acaudalada y hacia 1899 contraería matrimonio con Ferdinand Bloch, quien comisionó a Klimt la pintura de su amada. No obstante, algunos creen que ella y el pintor tuvieron un amorío, sin embargo, no hay evidencia de ello.

Sue Tilley, pintada por Lucian Freud
Sue posó por meses para el nieto de Freud a cambio de un pago de 33 libras al día. Ella apareció en cuatro de las obras de Freud y de hecho uno de sus retratos (Benefits Supervisor Resting, 1994) se convirtió en el 2008 en la pintura más cara vendida por un artista vivo al subastarse en 33.5 millones de dólares.

Suzanne Valadon, pintada por Renoir, Toulouse-Lautrec, Degas, Modigliani, entre otros
También pintora, Suzanne antes de darle inicio a su carrera artística laboró como acróbata, sin embargo, muy pronto lo abandonó para enfocarse en la pintura. Se dice que su belleza atrajo a varios artistas no sólo para pintarla, sino también como pareja. Por otro lado, aprovechó sus largas sesiones de modelaje con los artistas para aprender de ellos y aprovechar las nuevas técnicas que aprendía en sus propias obras.
Henri de Toulouse-Lautrec, La Buveuse, 1888; Auguste Renoir, La Natte, 1887; Edgar Degas, The Tub, 1886.
Constance Queniaux, pintada por Gustave Courbet
Constance era una bailarina retirada que por siglos su identidad se mantuvo como un misterio y es que la naturaleza transgresora de El origen del mundo de alguna forma lo ameritaba en siglo XVII a tal grado que incluso en la actualidad en algunos sitios sigue siendo censurada.

Olga Jojlova, pintada por Picasso
Es de conocimiento público que Picasso no tenía ningún reparo en retratar a sus amantes, por lo que es completamente normal encontrar a sus esposas en su arte. Olga fue bailarina de ballet y fue la esposa del pintor por 37 años, incluso después de su separación. Cuenta la historia que Picasso nunca formalizó su separación pues tendría que entregarle la mitad de sus bienes, incluyendo sus pinturas.
Picasso, Retrato de Olga, 1923.
Jacqueline Roque, pintada por Picasso
Roque fue la segunda esposa de Picasso, cuyo matrimonio tuvo una duración de 11 años y de todas sus amantes y modelos, los retratos de Jacqueline son los más numerosos. Ambos se conocieron en un taller de cerámica y tardó hasta 6 meses en conquistarla y que accediera a salir con él.
Picasso, Jacqueline with flowers, 1954.
Lydia Délectorskaya, pintada por Henri Matisse
Lydia no sólo fue modelo de Matisse, también fue su asistente en el taller, además de que fue contratada para acompañar y cuidar de la esposa del pintor. Será hasta su labor con su esposa que Matisse realizó el primer bosquejo de Lydia. Con el paso del tiempo, Lydia le ayudaría en la elaboración de sus obras y así lo retrataría Matisse en fotografías. Ella fue una fuente importante para conocer más sobre Matisse después de su muerte e incluso bajo el pedido de los familiares del pintor, completó algunas de las obras que quedaron inconclusas.
Matisse, Young Woman in a Blue Blouse, 1839.
En portada: Picasso retratando el perfil de Sylvette David. Foto: The National
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