A través de la iniciativa Museos Uno en Uno, un escenario en el que cualquiera pueda hacer una visita privada a un museo se está convirtiendo en realidad, en especial durante el contexto del covid-19 que ha obligado al mundo a repensar cómo nos relacionamos con los espacios exteriores y, por supuesto, cómo nos comportamos en sitios como museos en los que la aglomeración de gente ya no se permite.
Si bien a partir del 11 de agosto los museos en la Ciudad de México pueden volver a abrir sus puertas, lo cierto es que ya nada será igual ni tan emocionante como la oportunidad de experimentar el arte en un espacio libre de decenas de desconocidos.
¿Qué museos pueden visitarse de esta forma?
A través de los espacios del Museo Frida Kahlo y el Museo Diego Rivera-Anahuacalli, se busca llevar a cabo la primera experiencia, que sirva como ejemplo del poder de esta iniciativa. Donde la experiencia misma será el portavoz del mensaje que se busca transmitir: “La cultura como actividad esencial”.
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¿Cómo puedes hacer una visita “privada” a estos museos?
Este sistema funciona bajo una modalidad de citas en línea, es decir, es necesario reservar un espacio a través de un correo. Cada visita tendrá una duración aproximada de 45 minutos.
Para agendar tu visita, contacta al área de relaciones públicas de los Museos al correo: relacionespublicas@museofridakahlo.org.mx, estarán disponibles a partir del día 27 de julio hasta agotar existencias. Los costos serán de $250 y $80 pesos, en La Casa Azul y en la Anahuacalli, respectivamente. Las visitas se encontrarán sujetas al estado del semáforo impuesto por el gobierno de la Ciudad de México y serán asignadas de acuerdo a las recomendaciones oficiales.
La iniciativa Museos Uno en Uno sin duda es un esfuerzo de diversos agentes culturales, así como otros líderes de la industria del entretenimiento como Discovery Inc., el festival de cina documental DOCS MX, Grupo Habita y LENOM posh, algunos que seguramente reconocerás por otras iniciativas en museos como la oportunidad de pasar la noche en el Museo Tamayo, por ejemplo.
En este sentido, más allá de tener la oportunidad de experimentar un museo con poca gente en sus pasillos, también es una forma de permitir el acceso al arte sin poner en riesgo a sus visitantes, ni los trabajadores de estos espacios. Del mismo modo, se crea un momento íntimo entre quien lo visita y el arte.
Con información de Grupo Habita.
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