Terminamos desgastados, enfermos, pálidos y hechos jirones de lo que fuimos cuando vivimos enamorados. Duele levantarse, comer, caminar y hasta respirar, pero aun así
“La mayor condena del hombre es su existencia”. Así lo dijo Jean-Paul Sartre, resumiendo palabras, cuando comenzó a edificar los pilares de la corriente filosófica
Ella tenía 6 años, su nombre era Helena, una pequeña nena de labios color cereza y ojos miel; desde que tenía tres años su madre la llevaba donde una enredadera de flores preciosas se envolvía a un puente parisino para mirar cada atardecer de los 365 días del año. Tenían una cámara análoga que cargaban siempre y con la que registraba cada uno de los atardeceres. Un día mientras despertaba Helena después de una siesta, corrió precipitada a la