La expansión del universo de John Wick con Ballerina no solo trajo consigo una nueva protagonista y un enfoque distinto del combate. También reveló un elemento que, aunque sutil, ha capturado la atención de los más atentos: el vestuario de Ana de Armas no solo viste al personaje, lo define, lo acompaña en su transformación y esconde más conexiones con la saga de lo que parece a simple vista.
El vestuario de Ana de Armar en Ballerina tomó inspiración en las Supermodelos de los 90
Uno de los detalles más comentados por los fans es la inspiración visual que sostiene al personaje de Eve Macarro. Su imagen poderosa, minimalista y elegante recuerda a las supermodelos de los años 90, y eso no es casualidad. La diseñadora de vestuario, Tina Kalivas, se basó en figuras icónicas de esa década para construir una identidad visual que proyectara control, confianza y sensualidad, sin caer en lo obvio.

Eve no es una asesina convencional. Su ropa —trajes entallados, bodys monocromáticos y abrigos perfectamente cortados— comunica disciplina, precisión y una especie de glamour contenido que remite al mundo del ballet, pero también al de las mujeres que no necesitan gritar para imponer respeto. El resultado es una protagonista que se mueve entre la delicadeza y la letalidad sin perder presencia ni estilo.
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A diferencia del look ultramasculino de John Wick, el vestuario de Eve está pensado para acompañar su cuerpo en movimiento sin limitarlo ni sobreexponerlo. Todo tiene una razón de ser: las telas permiten flexibilidad para escenas de acción, los cortes facilitan los desplazamientos, y algunos elementos incluso están integrados como armas dentro de la narrativa.
Más allá de lo estético, estas decisiones revelan una evolución dentro de la franquicia. El combate cuerpo a cuerpo de Eve no se basa en el clásico “gun-fu”, sino en una estrategia más impredecible, con objetos cotidianos convertidos en herramientas letales. El vestuario deja de ser un simple decorado y se convierte en parte del arsenal, ampliando las posibilidades narrativas sin perder coherencia visual.
Pequeños detalles que conectan con su historia
Entre los aspectos más sutiles pero significativos está la paleta de colores elegida para Eve. Kalivas confesó que el abrigo principal del personaje fue teñido para hacer juego con los ojos de Ana de Armas, un guiño casi imperceptible que refuerza la conexión emocional del público con su rostro y su mirada, elementos clave en un personaje que transmite tanto sin necesidad de muchas palabras.
Además, el vestuario evoluciona junto con ella. Al inicio, Eve aparece con prendas más suaves, inspiradas en su pasado como bailarina. Pero conforme avanza en su misión de venganza, los looks se endurecen: los colores se oscurecen, las texturas se vuelven más rígidas, y la silueta pierde suavidad. La ropa, como su historia, se va transformando en armadura.

Una expansión coherente del universo Wick
Aunque Ballerina tiene su propio tono, no rompe con la estética general de la franquicia. El vestuario respeta el código visual del universo John Wick: sobrio, elegante, funcional. Pero también introduce nuevos matices que ayudan a diferenciar a Eve como protagonista y le dan una identidad propia sin necesidad de replicar a su predecesor.
A través de una construcción cuidada, con referencias al ballet, la moda noventera y el cine de acción, Ballerina amplía el universo sin traicionar sus raíces. Y lo hace desde lo visual, mostrando que el vestuario —cuando está bien pensado— puede ser tan potente como cualquier diálogo o secuencia de combate.
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