No es nada raro encontrar talentos multidisciplinarios entre los artistas. De hecho es quizá de lo más común que creativos sean más que competentes en más de un arte, como ser pintores y escritores, actores y cantantes, bailarines y modelos, etc. Todo se resume a la integridad creativa, la sensibilidad desarrollada por la imagen y el arte. El polémico escritor francés Michel Houellebecq, autor de Sumisión, por sólo dar un ejemplo, también ha sacado discos de música experimental. Pero bastante cerca del mundo de las letras hay alguien que —nuevamente— no podía quedar fuera, pues siempre sorprende por sus proyectos peculiares, que parecieran conjugar varias dimensiones o trastocar la realidad. Se trata de David Lynch, mente maestra del surrealismo, luminaria del cine de culto y realizador de por lo menos 5 películas con las que soñarás despierto.

Pocos sospecharon que la perturbadora imaginación de Lynch estuviera detrás de un comercial para TV sobre tests de embarazo, pero es preciso entender al personaje para caer en cuenta de sus capacidades creativas. Después de todo, sus filmes no son el único paradigma de su figura y de su habilidad para expresar lo que le obsesiona, puesto que además de diseñar una colección de ropa deportiva para damas, Lynch también sabe de cocina.
En la primera parte del video que se comparte a continuación pueden apreciarse elementos de un típico micro de cocina. El material, que en realidad es un extra del DVD de Inland Empire (Lynch, 2006), no está disponible en la web con una buena calidad, pero la versión con la que se cuenta sirve para tales efectos. En el audiovisual, el director se da a la tarea de preparar su receta de quinoa, un cereal o grano supernutritivo, con mucha proteína, originario de los Andes y uno de esos alimentos que mejoran tu apariencia física. En la primera parte explica, no sin antes señalar que le gusta cenar quinoa, qué elementos usar, cuánta agua agregar y hasta cuál fuego es el ideal. Hasta ahí no hay nada fuera de lo normal, pero con Lynch no puede uno descuidarse. En la segunda parte las cosas comienzan a tornarse verdaderamente lynchianas. Lynch cuenta una anécdota de un viaje que realizó cuando era joven, aunque en realidad nunca queda muy claro de qué va la historia, pues pareciera que encendieron la cámara después de que él ya llevaba un rato hablando. Lynch, mientras bebe una copa de vino, fuma un cigarrillo, mezcla sus imágenes en un discurso que se aleja de lo alimenticio, de la cocina, del contexto inusual que lo congrega ante la cámara. Habla de un viaje en tren a Venecia, de su amigo Jack, agua azucarada, botellas de colores, papel moneda dorado, verde, azul, rojo, violeta, la primera vez que una chica yugoslava tomó Coca-Cola y otro montón de cosas, un verdadero torbellino de imágenes y detalles que hacen la historia realmente entretenida. Luego de contar la pequeña y confusa anécdota, pareciera recordar que estaba cocinando y se dedica a terminar su receta de quinoa, a la que le agrega vegetales y condimentos.
No podía faltar el toque de surrealismo. El video, filmado en blanco y negro oscuro, ecos de El hombre elefante y Eraserhead, hace que la ambientación y el escenario cobre otro significado. La música siniestra que suena de fondo mientras describe los colores que visualiza en su mente y en su recuerdo es otro detalle fascinante. Lo que parece ser un extracto de la realidad, una pizca de conocimiento saludable cortesía de Mr. Lynch, se transforma en otra extensión de su imaginario, de su propio mundo. Obviamente no es su obra maestra, pero es otra oportunidad para disfrutar del perturbador genio de este director.
Fuente
Open Culture
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No todo el cine tiene que ver con los más galardonados y las impecables obras de algunos directores llamados por el destino a integrar la grandeza de la posteridad. Lo extraño no sólo tiene un público subrepticio y fiel, sino que también tiene su mérito por la originalidad y por su calidad. Si te gustan ese tipo de cosas, seguramente disfrutarás de estas películas raras sobre vampiros.
