(Re)Apropiarnos de lo público y reclamar otros espacios para el cine. Bajo esas dos premisas se cimenta un evento como el Festival del Puerto que, en su cuarta edición, apostó no sólo por la playa o la desfronterización del filme, sino que buscó los mejores canales para hablar de ese cine “otro” que hoy vivimos en México. Aquél que no se limita a ser visto y que, más bien, persigue la reflexión crítica, la localidad alternativa, los diálogos fértiles y las mejores vías de divulgación contemporánea.
Con el mar de fondo, Festival del Puerto es ejemplo de la analogía formalizada. En un horizonte donde los arribas se pierden con los abajos, donde se encuentran puntos para el embarque y la estiba, el desarrollo de esta fiesta –del 7 al 9 de diciembre de 2018 en Puerto Escondido, Oaxaca– privilegió en su agenda una oferta de clases, talleres y mesas de conferencia para el análisis del cine contemporáneo. Es así que, nada fortuito, el eje temático de esta edición fue el Horizonte vertical; una figura que representa las amplitudes y proyecciones de un tiempo que se conoce con lo infinito, y que nos habla entonces de las diversas realidades o niveles que puede adquirir aquello que vemos a la distancia. Que se solía admirar a lo lejos o desde un sólo ángulo, pero que es capaz de erigirse y generar tantas aproximaciones como sea posible.

En esa misma línea móvil, destacaron durante el encuentro las participaciones de Iria Gómez Concheiro y Nicolás Celis. La primera, directora con una profunda trayectoria en guion y promoción cultural, compartió sus experiencias con el público asistente para estudiar las posibilidades que hoy tenemos para solucionar temas de producción, transparencias laborales y difusión de obra. En conclusión, un llamado a la creatividad, frente a la constante idea de que sólo el dinero da respuesta a las necesidades de una filmación.
El segundo, Nicolás Celis –productor de Roma y responsable de la formalización para películas de Amat Escalante yTatiana Huezo, entre otros directores–, expuso su experiencia en la industria mexicana del cine, y habló de los retos que significó hacer junto con Alfonso Cuarón una película de época. Cinta de la cual no se conoció el guion, mas que gradualmente durante el rodaje, y que experimentando con la diversificación de un modelo de negocios, fue pensada para exponerse principalmente en una plataforma asequible por todos. Esto abre, entonces, la posibilidad de que todos estudiemos los distintos canales de distribución y cuestionemos cómo y para qué estamos trabajando en nuestras ideas.

Asimismo, y en el marco de un seminario dispuesto para la construcción de un faro de ideas útil para estudiantes e interesados en el cine, la selección de largometrajes, mediometrajes y cortos que curó el Festival del Puerto, logró exponer tres miradas que hoy sobrepasan a la realidad que vivimos, si quizás no en el mundo entero, sí en el México actual: la bestialidad o primitividad en las formas de vida, los tenores de la alteridad en lo común y la ejercitación de la memoria o la autorreferencia.
Roma (Cuarón), Nuestro Tiempo (Reygadas) y M (Villaseñor) fueron los pilares de esta exploración en torno al constante vínculo que tenemos con la violencia (extrema, simbólica o sistematizada) y los encauces que alcanza la construcción de memorias pasadas, presentes o futuras. Destacan también El Pulso de la Tierra (Álvarez Rebeil) –que ganó como mejor corto del festival– y La Camarista (Avilés), que lograron extender estas mismas narrativas hacia otras gráficas, ritmos y gramáticas.
El cine junto al mar y en discusión, son en efecto el puerto que pretende extender los límites tanto del espacio donde se observa –porque las salas de cine no son ni deberían ser nuestras únicas salidas–, como de las reflexiones que merece la industria en nuestro país. Menos univocista y cada vez más propositiva, menos plana y más sugerente.

Todos sabemos que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Así que, en una cuarta edición del Festival del Puerto, que se nota madura y ávida de ímpetu, que se siente auténtica y sin los vicios de un evento que privilegia las siluetas del mercado sobre los contenidos, esperamos que la fiesta se mantenga así; genuina y coherente con el circuito que da hálito a la cinematografía. Que no se quede en buenos propósitos que devinieron en fallas de acción. Y a todos nos toca contribuir a ello. Ya sea para esta plataforma o en un marco más amplio. Debemos verlo, analizarlo y disfrutarlo, pero sobre todo deconstruirlo, criticarlo, discutirlo y, si es necesario, volverlo a empezar.
