Normalmente, cuando me conecto a Netflix, me salto todas las películas bajo el título “comedias románticas” y me voy directo a documentales e “historias inspiradas en libros o personas”. Pero como el fin pasado sentí que si veía el documental de Senna una vez más, tal vez perdería las ganas de llorar cuando muere, decidí ver las recomendaciones de Netflix basadas en las últimas películas vistas.
Llegué así a uno de esos títulos que normalmente no consideraría aunque saliera Leonardo DiCaprio en la película, pero como estoy en una época en mi vida en que quiero probar todas esas cosas de las que siempre he renegado, me metí a leer la reseña.

La película se llama Golpe de amor, y está protagonizada por Morgan Freeman, Greg Kinnear, Selma Blair y Rhada Mitchell. Sonaba a que podía estar buena. Debo confesar que a mí me encantan las historias de amor, pero de amor inusual. Amor no correspondido, amor enfermizo, amores eternos sin títulos, amores imposibles, amores platónicos. Esta película narra precisamente todas esas formas inusuales de amor en el mundo. De padres a hijos, de parejas que parecen perfectas a los ojos de terceros pero, que si te fijas bien, la falla en su relación se vuelve tan evidente que es como las postales de tercera dimensión: una vez que la notas, resulta tan evidente que parece que grita.
También hay, claro, esas historias de desamor, y de pensar que nunca vas a encontrar a la persona correcta porque, ¿cómo es posible que si amas tanto a la otra persona, no te corresponda? Y cuando te das cuenta que lo que amas es al amor y no a la otra persona, entonces te llega lo que necesitas de la forma más inesperada.
Todo eso es esta película. No les puedo contar las historias en concreto porque Netflix se enoja, pero sí les recomiendo que, si son como yo y nos les importa que les rompan el corazón 700 veces, siguen creyendo que el mundo está lleno de amor y esperan el momento en que el Universo les diga “ahora estás en el lugar correcto, en el momento correcto”, vean esta película, porque no tiene final feliz o triste. Termina como se terminan todas las cosas bonitas en la vida, con un letrero evidente que dice “Fin”.
