Hans Zimmer: El alma sonora de Hollywood

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Hans Zimmer: El alma sonora de Hollywood

La experiencia que rodea el cine es sensorial, llena de emociones transmitidas por la trama, personajes, y sobre todo sonidos. ¿Imaginas el descubrimiento de El Santo Grial en El Código Da Vinci o incluso la muerte de Mufasa en El Rey León sin más que percibir que la imagen proyectada ante nosotros?

Hans Zimmer, compositor y productor alemán nacido en 1957, es reconocido como uno de los talentos musicales más innovadores e influyentes de la industria Hollywoodense, valiéndole varios Premios Grammy y un Premio Óscar.

Cultura Colectiva te presenta algunas obras del compositor, que sin duda, de no haberse incluido en los filmes, no tendrían el mismo impacto en tu memoria.

“The Lion King: To Die For”. Hans Zimmer, The Lion King


Hans Zimmer buscaba viajar a Sudáfrica para grabar sonidos reales e incluirlos en la banda sonora de The Lion King, sin embargo estaba amenazado de muerte y vetado por varios departamentos de policía debido a su participación en The Power of One (1992) considerada como inapropiada. Uno de sus colaboradores fue el encomendado para transportar los sonidos de la naturaleza a la pantalla.

“The Lion King: Circle of Life”. Hans Zimmer, The Lion King, 1994.


“To Die For” y “Circle of Life” son parte de la banda sonora The Lion King, que le valió ser ganador de un Premio Óscar por Mejor Banda Sonora (The Lion King, 1994), un Globo de Oro y dos Premios Grammy (1995). Con esta obra Zimmer debutaba en el género infantil, marcando una etapa inolvidable en la vida de los actuales veinteañeros.

“The Prince of Egypt: The Burning Bush”. Hans Zimmer, The Prince of Egypt, 1998.


El alemán es considerado padre de la integración formada por arreglos orquestales tradicionales y la moderna música electrónica. Combina y transforma para crear sonidos atmosféricos que envuelven y transportan.

“The Prince of Egypt; All I Ever Wanted”. Hans Zimmer, The Prince of Egypt, 1998.


Para esta banda sonora se contó con la participación de la cantante israelí Ofra Haza y es tal su belleza, que al ser presentada a los directores por Zimmer se decidió que uno de los personajes luciera idéntica a ella.

“Gladiator: Now We Are Free”. Hans Zimmer. Gladiator, 2000.
https://www.youtube.com/watch?v=72uwmHsFSAg

Rodeado de una madre amante de la música y un padre ingeniero, Zimmer creció en compañía de instrumentos que encontraba a su alcance, incluso un piano propiedad de su madre al que hacía modificaciones constantemente. Mezclaba. Innovaba.

“Pirates of the Caribbean”. Hans Zimmer. Pirates of the Caribbean, 2003.



El compositor comenzó su carrera tocando teclados para la banda Krakatoa en los años setenta. Como dato curioso, antes de su popularidad en Hollywood, fue invitado por el famoso grupo español Mecano para su presentación en vivo y grabación de teclados en Mecano: En Concierto (1985).

“The Da Vinci Code: Chevaliers de Sangreal”. Hans Zimmer. The Da Vinci Code, 2006.



En inglés “Knights of the Holy Grail” es el perfecto ejemplo de las obras de Hans Zimmer. La melodía lleva un mensaje, el coro empieza a elevarse, las cuerdas se sincronizan con la excitación procedente del descubrimiento. Tenemos la sensación de estar en el mismo Louvre. Deseamos saber. Descubrir.

“Kung Fu Panda: Oogway Ascends”. Hans Zimmer. Kung Fu Panda, 2008.



A pesar de considerar sus conocimientos en música oriental como limitados, Zimmer ha trabajado para proyectos como The Last Samurai (2003). En Kung Fu Panda fue el encargado de marcar la partida del maestro “Oogway”, sabio que desvanece su representación material en flores y la compañía del dulce sonido oriental proveniente del Ehru con orquesta.

“503”. Hans Zimmer, Angels & Demons, 2009.



Para la grabación de “503”, Hans Zimmer contó con la colaboración del violinista estadounidense Joshua Bell, ganador de un Premio Grammy. Bell logra captar un sonido melancólico, azulado y hasta liberador mientras interpreta con su violín Stradivarius conocido como Gibson ex Huberman, construido en 1713 y valuado en aproximadamente 4 millones de dólares.
Involucra el uso de sintetizadores e instrumentos clásicos orquestales. Un arreglo que aporta a la historia, no disminuye y nos lleva al ambiente en que se desarrolla la trama.

“Time”. Hans Zimmer. Inception, 2010.



¿Quién no recuerda la sensación del despertar donde todo se confunde entre realidad y sueño? El ensamble musical nos transporta a dicho escenario. En sus propias palabras:“…something iconic, lasts less than a second and shakes seats in the theater”.Eso es lo que nos transmite Zimmer con su arte. Conmueve. Transporta. Cautiva. Enfatiza. Glorifica.

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