
No muchos tienen el valor de admitir que se han portado mal, que han sido unos tontos y mucho menos intentar cambiar, no resarcir el daño porque eso es imposible, pero mejorar como persona a partir de la anagnórisis es más difícil de lo que parece.
Jackie Chan afirma que llegó a ese punto cuando estuvo a punto de causar un daño terrible en su familia y ha escrito su biografía, Never Grow Up, como una de las posibles vías de expiación. Quiso exponerse a sí mismo como un ser detestable que sin embargo había logrado encontrar el camino del cambio… Aunque decir eso no está en su juicio sino de la crítica pública, quien aún tiene frescos otros hechos de los que el actor no quiso hablar en sus memorias.

La ridiculez de los nuevos ricos
Jackie Chan confesó ser de una seno familiar paupérrimo, además era un niño problema que fue expulsado muchas veces, y como consecuencia fue internado en un colegio especial en el que aprendió a actuar y a cantar, pero de educación básica nada, incluso dice que sus tarjetas de crédito no están firmadas porque no sabe cómo hacerlo.
Por lo tanto, cuando empezó a forjarse un nombre como actor de doblaje y sus bolsillos empezaron a llenarse de billetes se acostumbró a llevar un montón de dinero en efectivo y a rodearse de personas para que fueran testigos de su solvencia económica. Cuando conoció a su actual esposa, uno de estos supuestos amigos lo convenció de que era una cazafortunas, y dado que tuvieron que casarse porque ella se embarazó, sus horribles sospechas aumentaron, así que su conducta con ella era despreciable, la maltrataba, la limitaba económicamente, la humillaba y bebía sin parar. Las infidelidades, por supuesto, eran de todo tipo, montones de prostitutas y otras mujeres que sufrían el mismo trato. Y mientras se alcoholizaba y se drogaba todos los días, chivaba autos costosos y llenaba de regalos a sus amigos, las mujeres que se relacionaban con él eran tratadas como basura, sobre todo su esposa.

Violencia y maltrato infantil
En esos días en los que pensaba que su esposa era su peor enemiga, discutió fuertemente, tanto que su primogénito de apenas meses pagó las consecuencias, Jackie Chan lo tomó del pequeño brazo y lo lanzó, literalmente, al otro lado de la habitación.
Todo lo que aparentaba ante las cámaras y los personajes que interpretaba, los cuales siempre eran carismáticos y defensores de la justicia, era sólo eso, un personaje en la ficción, su verdadera vida estaba plagada de vicios, dinero y un desprecio injustificado hacia quienes, se supone, eran el pilar de toda su carrera. No obstante, fue en ese momento cuando se dio cuanta de que estaba siendo un verdadero imbécil y que los inocentes, como su esposa y su pequeño hijo estaban pagando las consecuencias de su incapacidad de manejar la fama y la fortuna. Así que se decidió a cambiar, ya que fue un verdadero milagro que el bebé Jaycee cayera en un sofá y resultara ileso.

Lo que permanece oculto
A pesar de que usó su biografía como confesionario, hay dos puntos que no tocó en lo absoluto. Uno fueron los cargos que su hijo enfrentó por posesión y consumo de drogas, asunto en el que Jackie Chan no quiso verse involucrado, simplemente se desentendió, como si se tratara de un desconocido sin importar que la condena podía ser a muerte.
El otro asunto es la homosexualidad de su hija menor, Etta Ng. La noticia de que su hija era lesbiana no le vino nada bien ni al al actor ni a su madre —una de las tantas aventuras de Jackie Chan con una Miss— , quienes en una cerrazón absurda la echaron de casa. Etta confesó en un video que hizo para YouTube junto a su pareja que vivía junto a su pareja debajo de un puente, que su padre nunca se había acercado a ella en toda su vida y que la habían juzgado duramente. También habló de lo duro que fue tener a Jackie Chan como padre, un monstruo en comparación con su imagen siempre sonriente y amable.
El hecho de que Jackie Chan haya querido liberar su conciencia confesando todo en un libro no incluye el mal trabajo que ha hecho como figura paterna, muestra de ello es que ni siquiera tocó el tema de sus hijos, por lo tanto, se puede concluir que su camino a la redención no ha empezado.
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