Las razones por las que decidimos ver una película son distintas para todos. Existen personas que la eligen de acuerdo a la sinopsis que leyeron, el tráiler, los actores, o si eres un espectador más experimentado quizá lo hagas por el director, el país de origen, los productores, etc. Si alguien nos hace alguna pregunta sobre cine, lo primero que se nos vendrá a la mente, posiblemente, es alguna película de Hollywood, la potencia en la industria cinematográfica. Las casas productoras cuentan con equipos de profesionales que desde hace años tienen una fórmula secreta para asegurar que una película resulte exitosa en taquilla; sin embargo, ¿qué otras opciones nos ofrece el séptimo arte?, ¿qué otros países poseen propuestas interesantes?
El cine tiene la capacidad de hacernos soñar, de crear un estrecho lazo con lo que vemos y nuestra realidad, además de abrirnos las puertas de culturas que no conocíamos; el ejemplo perfecto es el de los países escandinavos: Suecia, Dinamarca, Finlandia y Noruega tienen una cultura fílmica fuera de lo tradicional. Desde 1907, la época del cine mudo, estos territorios contaban con una presencia importante en la industria tanto de manera individual como en colaboración, hasta que Hollywood acaparó toda la atención.

Uno de sus principales precursores fue Carl Th. Dreyer, un danés que se especializó en cargar de emociones sus cintas, así como de cuidar impecablemente la imagen, respetar ángulos y composiciones. Dreyer le dio mucho peso al discurso que llevaba en sus películas, retrataba historias crudas de forma tan perfecta que el resultado era poético. Por ejemplo, en “Master of the house” (1925) realizó un análisis de la vida doméstica de las familias danesas y le añadió toques de humor con la intención de cuestionar la lucha entre la vida espiritual y la carnal.

Otro de los directores importantes que se influenció de Dreyer fue Ingmar Bergman, un sueco que optó por crear piezas que reflejaran los problemas existenciales de la sociedad; utilizó el cine como medio para expresar las inseguridades y dudas del ser, pues enfrentaba a sus personajes con distintas esferas de comunicación. Algunas de estas características se pueden apreciar en trabajos como “The seventh seal” (1957) y “Persona” (1966).

https://www.youtube.com/watch?v=HOsJBylEhmo
Los directores antes mencionados, al igual que Victor Sjöström de Suecia, Aki Kaurismäki de Finlandia y Benjamin Christensen de Dinamarca, fueron pilares para la construcción del cine escandinavo actual, pues sirvieron de guía a las generaciones posteriores. El resultado de esto fue el movimiento Dogme 95, creado por Thomas Vinterberg y Lars Von Trier.

Dogme 95 tuvo como objetivo “purificar” el cine de mediados de los 90 al no abusar de la tecnología, de los efectos especiales y la edición o manipulación de las grabaciones, entre muchas otras técnicas. A pesar de que no logró su objetivo, sí ayudó a que cada director, perteneciente a la nueva generación de cineastas escandinavos, definiera bien su estilo y el tipo de películas que pretendía realizar.

Por un lado se encuentra Lars Von Trier, un director que se dedica a retratar los instintos primitivos de los humanos. Tiende a desmenuzar las situaciones conflictivas que presenta en sus películas, por muy elaboradas que parezcan, hasta llegar a la esencia original de las acciones de los personajes. Se asegura de que cada elemento del cine embone a la perfección: la paleta de colores, los sonidos sutiles y los encuadres, para que el espectador salte de una historia a otra con la ayuda del narrador y los personajes. Sus cintas han resultado controversiales tanto para la crítica como para la audiencia y esto lo ha convertido en un referente a nivel internacional. Entre sus filmes más populares está la trilogía de la depresión, compuesta por “Antichrist” (2009), “Melancholia” (2010) y “Nymphomaniac”, volúmenes I y II (2013).

Por otro lado, Thomas Vinterberg es un director a quien le gusta crear circunstancias hostiles y oscuras para capturar la reacción que los espectadores puedan tener ante ellas. No teme jugar con el cinismo y el humor negro, es un experto en consolar al público con cada uno de sus finales. “Celebration” (1998) y “The Hunt” (2012) son sus trabajos más aplaudidos y premiados en distintos festivales a nivel internacional.

Así como estos directores existen más ejemplos de personas que del otro lado del mundo se abren camino fuera del glamoroso Hollywood, y que desde hace años sorprende los amantes del Séptimo Arte a través de cintas independientes. Pero, ¿por qué deberíamos darle una oportunidad al cine escandinavo? La respuesta es muy simple: por su autenticidad. Su propuesta es que el público se sumerja en las emociones y se identifique de manera más humana con las historias que aparecen en pantalla.
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