La cinta María Antonieta (E.U.A, 2006), de Sofia Coppola, hizo mella más que otra cosa por las opiniones enfrentadas que provocó tanto en críticos como en espectadores. Mientras que sus detractores la señalan como un filme malogrado y banal, sus partidarios la encuentran como una propuesta cinematográfica notable.
De entrada se sabe que se asiste a la interpretación personal de Coppola sobre este personaje, pero ésta, María Antonieta, no resulta tan lejana a la real.

María Antonieta no cuenta con una gran trama, ni está llena de ricos diálogos, no es ésta su intención. Y ciertamente es una película que resulta superficial, pero en un sentido particular, porque ese sí es su interés. Pero esta superficialidad tiene una razón de ser, que es incluso uno de los puntos que da valor argumental a la cinta, ya que la real María Antonieta no fue una mujer con una profunda inclinación socio-política, ni tampoco lo era gran parte de la sociedad burguesa de entonces.
En todo caso, si bien habrá quien difiera de esta opinión, no cabe duda de que genial o no, María Antonieta puede ser un perfecto prólogo para iniciar el famoso debate sobre qué hace al arte “artístico”, y es que la cinta está hecha bajo una mirada que expresa de forma clara una postura al respecto: la contemplativa.
Al referirse a “la postura contemplativa” se hace sobre la definición del famoso texto de Walter Benjamin: La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica [1], en el que uno de sus argumentos centrales es señalar una dicotomía al respecto de la forma en la que se percibe el arte: la táctil o de uso y la óptica o contemplativa. Él lo explica de manera más concreta a partir de la reflexión sobre la forma en que se tienen experiencias con la arquitectura, pero el uso de su clasificación puede aplicarse a otras disciplinas, como la pintura o en este caso el cine.

En este sentido, la percepción táctil o de uso vuelve cotidiana la recepción de la obra, eliminando la tensión que se genera en la contemplativa, donde el fin es recogerse en ella; entrar en ese estado de admiración absorta que el arte genera en su encuentro con el espectador.
Cabe señalar que en este texto no se señala que una tenga más valor que la otra, sino sólo se utiliza la distinción de Benjamin sobre estas dos formas de tener experiencias con el arte o significarlo, dado que la recepción contemplativa es muy útil para hablar de la cinta.
El primer punto es la narrativa. Hay una razón por la cual los diálogos son mínimos y por la que no se abunda en una trama densa, y esta es la intención de contar la historia desde el intimísimo del personaje de María Antonieta, y de paso, hacer con ello un reflejo de la vida de la aristocracia francesa del siglo XVIII. Y es que como tal, la entonces reina de Francia no era activa políticamente o verdaderamente consciente de la situación social de su país. En este sentido el retrato de Coppola no dista de la situación real, sino por el contrario, es bastante preciso.
En segundo lugar, cuando María Antonieta se casó con el joven Dolphine Luis XVI, sólo era una adolescente. La intención de utilizar como parte del soundtrack música de The cure, The strokes, Bow wow wow, Radio dept, Air y otras bandas contemporáneas -además de hacer un experimento narrativo- es señalar justo que aquella vida en los albores de la etapa moderna de la historia, podría no ser muy diferente a la de un adolescente actual. Y en este sentido, la conexión imagen/audio intenta vincular ese mundo: el mundo subjetivo que podría tener cualquier joven de hoy con “vans” azul pastel (el famoso fotograma), con el de las zapatillas satinadas en la corte de los Dolphine.

Por otro lado, la cinta plantea una crítica que gira en torno a esta misma situación. De todos los personajes, el que menos líneas tiene es el propio Luis XVI, pero tiene uno de los argumentos más contundentes cuando a la muerte de su padre, Luis XV, el estado monarca lo proclama Rey y él responde con la siguiente frase: “Ayúdanos, Dios a llevar de forma sabia el país, puesto que somos muy jóvenes para reinar”.
Hasta aquí se señalan los puntos argumentales que dan contexto a la forma de plantear la historia, pero vamos ahora a lo más destacable de la cinta de Coppola, que parece, al final, es la intención principal de la película, y en general, de la filmografía de esta directora: tocar al espectador desde las emociones, pero desde un estado particular de las mismas; el mencionado antes “estado contemplativo” o el estado mismo de la reflexión estética.

Sofia Coppola más que tramas fílmicas traza mapas visuales para tocar a sus espectadores desde un lugar que escapa al lenguaje, e intenta situarlos en él, en la medida en que lo que “comunica” es, en sí, una forma de sentir más que un argumento lógico concreto.
Ver María Antonieta es visualizar tres cosas sucediendo de forma simultánea: por un lado un retrato de la vida burguesa del XVIII, por otro, una propuesta visual impecable al respecto de dicho estilo de vida, y por último la posibilidad de percibir las sensaciones de los personajes.
La cinta invita a observar en movimiento los retratos del siglo XVIII que cuelgan en los museos: las escenas en los jardines, los recorridos por el río, los picnis, los banquetes, etc. Pareciera que Sofía Coppola se valió de obras pictóricas y no de documentos para generar esta cinta, y es ésta seguramente una de las intenciones de la película: llevar al espectador a esos precisos momentos donde se retrataba la historia. Ella rastrea las situaciones en que se gestaban y las recrea, haciendo que el espectador caiga en cuenta de ello, de su tiempo, de su espacio, y de cómo lo que para unos son fragmentos icónicos en salas de museo, en ese momento eran la vida cotidiana en la corte.

Es curioso que cuando finaliza la cinta se tiene una sensación similar que con otra de las películas famosas de esta directora: Lost in translation: algo que efectivamente pasó, pero no en un nivel reflexivo racional; el juego intelectual es otro. Se produce un estado de sorpresa que sacude a los sentidos por la experiencia estética que ofrece la cinta.
Llega entonces María Antonieta a escapar un poco de las estructuras del lenguaje lógico, y deja que el espectador sea tocado de forma libre. No es sólo señalar que hay algo que es indecible, sino generar situaciones que hagan sentir el indecible mismo, o al menos, lo intentan.
Al final, ese poder contemplativo de la obra de arte es el que puede señalarse próximo a la intención del “toque” Sofia Coppola: la capacidad de lograr una poética visual, y de ser casi siempre un cine de la insinuación, donde es todo lo no-dicho lo que hace sólido al argumento fílmico.
https://www.youtube.com/watch?v=BuByY-DnGYo
