Nueva York solía ser uno de los puntos de encuentro favoritos de Luis Buñuel y Jean-Claude Carrière. Ahí se juntaban a planear ideas y escribir los guiones de las aclamadas cintas del cineasta español, mismas que comenzaban con una simple frase en na servilleta y terminaban siendo un tecleo incesante en alguna máquina de escribir.
Pero no todo era trabajo y surrealismo. Una tarde, luego de platicar del devenir de la vida, Carrière retó a Buñuel a encontrar sinónimos de la palabra “pene”. El realizador, encontró decenas de ellos, las palabras salían de la boca del genio como si estuviera contando un relato que pondría en su próximo filme. Encontraba uno tras otro mientras que el guionista no se quedaba atrás. Ambos dijeron tantos equivalentes que, a final se sorprendieron de haber dicho tantos sobrenombres. Algunos fueron inventados en el momento, pero a decir verdad, encajaban muy bien.
Buñuel era un gran conocedor del cuerpo masculino, puesto que disfrutaba de la anatomía que éste tenía; sin embargo, el cuerpo femenino fue aún más inspirador para él, tan es así que era un fiel amante de sus curvas y atributos. Por ello, nunca perdió la oportunidad de evidenciar la belleza de la mujer en sus filmes, creando un nuevo prototipo: una femme fatale promiscua, sexual y hasta morbosa, pero nunca vulgar, sino todo lo contrario, elegante, erótica y con rostros angelicales.

Luis Buñuel siempre aseguró que entendía únicamente el deseo masculino. Esto denotaba su claro e incipiente machismo, el cual pocas veces ocultó. Sin darse cuenta, o haciéndonos creer eso, siempre usaba a las mujeres como objeto, pero no dejó de lado el deseo y la pasión que ellas también sentían. Incluso hizo de la liberación femenina una guerra victoriosa gracias a la manera en que retrataba a sus musas. Las hizo libres y les dio la oportunidad de conocer el sexo de manera mucho más profunda, en donde ellas disfrutaban tanto como el hombre.
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El deseo de un hombre
Las mujeres en la filmografía de Buñuel son una proyección de la fantasía masculina. Los protagonistas las “inventan” y ellas mágicamente cumplen cada deseo. Por ejemplo, en Ensayo de un crimen, Lavinia era la viva imagen que Archibaldo creó en su mente; con la que se obsesionó y reprodujo en un maniquí. También está la historia de Viridiana, que gira en torno a la inocencia perdida de la monja, propiciada, principalmente por el deseo de su tío.
Todo giraba en torno al antojo e imaginación de los hombres. Es por ello que las señoritas dejaban de serlo para convertirse en un objeto de culto sexual que, sabiéndose bellas y provocativas, iban por el mundo mostrando poco, pero insinuando todo a la vez. Estaban conscientes de ser la tentación de cada caballero protagonista de la filmografía del español. En Los olvidados, sólo una mujer hermosa es capaz de suavizar el comportamiento de “El Jaibo”, mientras que en Nazarín, son dos mujeres quienes están al pendiente de falso mesías. El leitmotiv de los personajes masculinos son un par de piernas estilizadas, fetiche que el español reflejaría en sus películas tanto como le fue posible.

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La Femme Fatale
Ejemplos de mujeres fatales sobran. El cine clásico las pintó como mujeres asesinas, capaces de cometer crímenes imperdonables sin despintarse el labial. Ellas suelen ser bellas, letales y muy sexuales. De tacones, con los labios perfectamente bien definidos y el corazón duro. Estas mujeres iban por la vida demostrando su valentía detrás de un arma o siendo mentes maestras del crimen.
Para Buñuel, sus mujeres fatales diferían un poco en cuanto al concepto. Ellas eran fuertes, capaces de asesinar a un hombre ardiente en pasión y sumamente sensuales, pero siempre sumisas, bajo la sombra de los caballeros. No obstante, los papeles se invertían rápidamente convirtiendo a los sujetos en títeres. De cierto modo la violencia de las mujeres del aragonés se veía reflejada en el sexo; mientras unas se resistían, otras necesitaban de un hombre para poder vivir. De cualquier forma, sin ellas, los protagonistas no tendrían historia.

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Mujeres = el monstruo
Como en cada película existente en el mundo, el cine buñuelista tiene un villano. En este caso, generalmente es el deseo y la humanidad de cualquier ser. Luis Buñuel, en su constante búsqueda de ruptura de expectativas y en el afán de sorprender, hace de la perversión y el deseo un arma monstruosa que recae en los papeles femeninos, es decir, si ellas no se “portaran mal”, no habría un giro y el filme se quedaría plano. En cambio, en cada una de sus cintas, las protagonistas suelen vivir en esa línea entre inocencia y aventura a diferentes niveles.
De esa forma, según su nivel de provocación es el castigo que el cineasta, finalmente machista, les imponía. Viridiana, una sutil y dulce monja abandona todo al final de su historia; pero Catherine, en Abismos de pasión es castigada con la muerte. Afortunadamente, para ellas, antes de su sentencia final, ellas fueron las causantes de la desdicha masculina. Es por eso que terminan siendo el monstruo al que hay que vencer, el que termina en el infierno o en la soledad.

Para Buñuel, ellas son la maldad pura, la triste perdición de los caballeros y las villanas en sus historias. Aunque quizá es precisamente ese rango de maldad, aquello que las deja libres y las vuelve seres independientes, en medida de lo posible. Gracias a ello, el cine de Buñuel se caracteriza por haber sido censurado. Cómo no lo sería si exhibía a una Belle tan promiscua como inmoral en Belle de jour, todas las señoritas indecentes y absurdas en El ángel exterminador o aquella primera escena en Un Chien Andalou en donde una mujer es tocada sin ningún pudor.
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De este modo, en toda la filmografía de Buñuel existe una frustración en cuanto al deseo, pero también es una forma de deleitar a los caballeros. El cineasta presenta mujeres libres que se dejan llevar por sus pasiones, manejando a los hombres a su antojo mediante el sexo; aunque siempre las quiso mostrar bajo una luz distinta a la de otros realizadores.

Para Buñuel, el motor del mundo es el deseo, mientras que las mujeres son el combustible. A pesar de representar el camino a la fatalidad, son personajes con distintas motivaciones, que se contradicen, que aprenden y que maduran. Ellas son el deseo que corrompe a los hombres, pero también representan la libertad. Al final, Buñuel mostró la dualidad del sexo femenino y terminó por humanizarlas en una época en la que parecían seres imaginarios en la pantalla. Esa es la complejidad de la figura femenina en su cine: pueden ser promiscuas y sucias, pero siempre elegantes.

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