Con el reciente fallecimiento de David Lynch, comenzaron a surgir historias sobre su conexión con México, pero ninguna tan surreal como esta: el día que parte del legado visual de Dune terminó en una sexy comedia mexicana.
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En 1984, David Lynch rodó su ambiciosa adaptación de la novela Dune de Frank Herbert en México. Los paisajes desérticos de Chihuahua se convirtieron en el planeta Arrakis, mientras que los majestuosos Estudios Churubusco de la CDMX albergaron los intrincados decorados interiores. Después del rodaje, muchos de estos impresionantes sets y piezas de utilería quedaron almacenados en los estudios, esperando su destino.

Años después, ese destino llegó en forma de una sexy comedia mexicana. En 1991, el comediante y director Alberto “El Caballo” Rojas dirigió Dos nacos en el planeta de las mujeres, una película que sigue a dos hombres que llegan accidentalmente a un mundo habitado solo por mujeres.

Rojas, aprovechando el limitado presupuesto típico del cine mexicano de la época, decidió reutilizar la escenografía de Dune. El resultado: una película cuya trama absurda y cómica contrastaba enormemente con los detalles visuales de ciencia ficción épica que habían sido diseñados para la película de Lynch.

Aunque Dos nacos en el planeta de las mujeres no tiene absolutamente nada que ver con Dune, la estética de los sets prestados le dio un toque inesperado que la convirtió en una curiosidad única. Mientras Lynch buscaba plasmar la lucha por el control del “especie melange”, Dos nacos exploraba… bueno, digamos que otros “conflictos” más terrenales.

Esta anécdota es un ejemplo perfecto del espíritu mexicano: un lugar donde lo surreal y lo cotidiano se encuentran sin previo aviso. La misma utilería que ayudó a construir la visión de Lynch sobre una ópera espacial terminó siendo el telón de fondo para una sexy comedia. Porque en México, incluso el cine es un crisol de contrastes que nadie más podría haber imaginado.
En pocas palabras: Dune nos llevó a las estrellas, pero Dos nacos en el planeta de las mujeres nos recordó que, en México, todo puede pasar.
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