“No hay método alguno, todo se reduce a sentir en lugar de fingir”.
Al Pacino
Actualmente, al ver una película, queremos sentirnos identificados con el actor, queremos pensar que la historia que está viviendo el personaje es real, aunque sepamos que no es así. Nos gusta sentir que viajamos con él o ella en una nave espacial o que nos estamos enamorando de la persona perfecta, pero para llegar a esto, la interpretación ha sufrido muchos cambios en el cine desde su nacimiento en 1895.

Al comienzo, las actuaciones eran exageradas y dramáticas, pues la referencia de cómo hacerlas venía directamente del teatro, donde la gesticulación facial y corporal, la voz y los elementos físicos eran grandilocuentes y exagerados, ya que el público tendría diferentes perspectivas y posiciones en el espacio dispuesto para el acontecimiento teatral en vivo, y era necesario que todos pudieran admirar el acto. En las películas de los años 20 y comienzos de los 30, se pueden apreciar este tipo de interpretaciones. Fue a partir de la década de los 40 que el cine fue marcando su propio estilo, separándose del teatro.

Constantin Stanislavski, nacido en Moscú en 1863, fue un importante personaje cuyo trabajo tendría gran influencia en el cine de la segunda mitad del siglo XX. Dramaturgo a las órdenes del Teatro de Arte de Moscú, desarrolló una pedagogía de actuación conocido como el Sistema Stanislavski, el cual se trabajó, principalmente, en teatro para después ser tomado, adaptado y desarrollado en pos del cine.
Este sistema consiste en que si un actor interpreta una escena en la que su personaje está pasando por un situación de mucho dolor, era idóneo que el artista recordara un momento de su vida real en el que pudiera haber experimentado una sensación parecida (memoria emotiva), todo con el propósito de hacer más verosímil su papel, pues Stanislavski creía que los actores no tenían que interpretar un personaje, sino que debían inmiscuirse enteramente en él. También era consciente que, de no haber vivido alguna situación que se asemejara a la del personaje, el sí mágico era la mejor opción. Éste consiste en utilizar el supuesto “si yo…”, para ahondar en la ficción, tomando también como referencia, lo más profundo de cada uno. Para llegar a esto había una serie de ejercicios que trabajaba con sus actores. Este método fue tomado y utilizado por diferentes directores para sus montajes, pues habían sido testigos de los logros que había tenido en el trabajo de la compañía de Moscú; tal vez sufrió algunas alteraciones, pero la esencia seguía siendo la misma: recurrir a la memoria personal para encarnar al personaje.

El Sistema Stanislavski llegó a la cima en 1947 con la fundación de Actor’s Studio por parte de Elia Kazan, Cheryl Crawford y Robert Lewis, donde fue americanizado y pasó a ser conocido simplemente como “El Método”, el cual no sólo tomo la memoria emotiva de Stanislavski, sino su método de las acciones físicas, el cual consiste en estimular la imaginación de los actores por medio de ejercicios físicos y acciones con objetos.
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La escuela se dedicó a enseñar estas doctrinas a sus alumnos con un éxito indiscutible, quienes llegarían a ser grandes estrellas: Paul Newman, Montgomery Clift, James Dean, Robert De Niro, Harvey Keitel, Jack Nicholson, entre otros, son algunos de ellos.
El director, productor, actor y profesor de teatro, Lee Strasberg, fue uno de los principales impulsores del método, fue justo bajo su tutela que las grandes estrellas del cine se formaron, siendo también quien renovara y creara una nueva pedagogía, basándose en Stanislavski. Se propuso desarrollar una técnica: la memoria sensorial, en la que los actores recreaban emociones pasadas. Quería demostrar que la inspiración creadora del intérprete no necesitaba un genio innato, sino trabajo, dedicación, disciplina e imaginación.
Hay quienes dicen que a partir de los ejercicios que se trabajaban para llegar a esta memoria sensorial, al ser más profundos, incluso violentaban de manera psicológica a los actores. Una de las anécdotas más conocidas es aquella que involucra a Marilyn Monroe, de quien se cuenta que, después de una clase, entró en depresión y tuvo una crisis nerviosa.

El actor más significativo, en cuanto cambiar la historia de la interpretación, fue Marlon Brando. El sex symbol de los años 50 de ojos marrones y carácter rebelde, nació en Nebraska el 3 de abril de 1924. Fue el hijo menor de un representante de comercio de ascendencia irlandesa y de una actriz de teatro. A comienzos de los años 40, Brando decidió mudarse a la ciudad de Nueva York para estudiar, primero en el New School, y posteriormente en el Actor´s Studio. Él no fue el primer actor novato en estudiar El Método pero, sin duda, fue el primero en sacarle provecho, profundizarlo y hacerlo famoso.

En la película de “On The Waterfront” de 1954 hay una escena en la que el personaje de Brando tiene una conversación con el de Eva Marie Saint en el parque, durante el ensayo de esa toma él se pone a jugar con el guante de la actriz. Porque esa era la forma de sentirse tranquilo y conforme con la intención del personaje en la escena. Tanto le gustó al director, que decidieron incluirlo en la grabación de la película.
La actuación de Marlon Brando se basaba prácticamente en movimientos y actividades en las que se apoyaba para introducirse en su papel, y que tenían como objetivo lograr una actuación llena de naturalidad y credibilidad; utilizaba lo aprendido en todas sus películas y obras de teatro, convirtiéndolo en uno de los actores más reconocidos y con mejores resultados en cuanto a veracidad en sus papeles, teniendo una enorme repercusión en las interpretaciones de todos los actores de la época. Al Pacino, quien fuera su compañero en el Actor´s Studio, así como en “El Padrino”, es otro gran ejemplo de cómo el método, llevado a cabo con inteligencia y con un propósito creativo, puede lograr conectar la ficción con el espectador, haciendo que nos olvidemos que estamos siendo testigos de actuaciones.

Algo cambió para siempre en la historia del cine y en la influencia que puede tener en el mundo, pues a partir del rompimiento con las formas establecidas y los clichés que se utilizaban antes de buscar la veracidad, podemos conectar más e identificarnos para llegar a la catarsis, uno de los objetivos de las artes.
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Para que, después de leer esto, hagas un pequeño análisis sobre el resultado del método te compartimos 5 películas de Al Pacino para apreciar el arte de la actuación y las 10 mejores películas de Marlon Brando.
