10 películas que nos enseñaron a amar antes de morir
Cine

10 películas que nos enseñaron a amar antes de morir

Avatar of Eduardo Limón

Por: Eduardo Limón

28 de febrero, 2016

Cine 10 películas que nos enseñaron a amar antes de morir
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Por: Eduardo Limón

28 de febrero, 2016


Cerrar podrá mis ojos la postrera 
Sombra que me llevare el blanco día, 
Y podrá desatar esta alma mía 
Hora, a su afán ansioso lisonjera; 

Mas no de esotra parte en la ribera 
Dejará la memoria, en donde ardía: 
Nadar sabe mi llama el agua fría, 
Y perder el respeto a ley severa. 

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 
Venas, que humor a tanto fuego han dado, 
Médulas, que han gloriosamente ardido, 

Su cuerpo dejará, no su cuidado; 
Serán ceniza, mas tendrá sentido; 
Polvo serán, mas polvo enamorado.

– Francisco de Quevedo


Hay ocasiones en que el amor adquiere de manera más eficiente su caracterización de inmortal o trascendente cuando una gran tragedia embarga a esa relación que vivía tan apasionadamente su entrega. Por alguna razón también, el enterarnos que algo así tuvo lugar en la vida de alguien más es una circunstancia que nos llama la atención y causa intriga de tal manera, que comenzamos a plantearnos qué consecuencias habría si nos llegase a suceder lo mismo.

Caso ejemplar es el ver una película en que, tras una intensa narración de adoración y afecto entre dos personajes, al guionista y a todo el equipo creativo se les hizo buena idea matar a uno de los protagonistas (o ambos), dejándonos con un nudo en la garganta que apenas y en una semana seríamos capaces de disolver. Ejemplos hay muchos, y con temor a seguir llorando frente a historias lamentables o a quedar con esa inexplicable sensación de vacío después de compartir el dolor, aunque sea con alguien ficticio, se encuentran en el siguiente listado esos títulos que nos recuerdan por qué queremos estar siempre al lado de quien amamos.


ADVERTENCIA: Los siguientes comentarios pueden ser considerados un spoiler, así que si no has visto las películas mencionadas, tal vez quieras ver antes el trailer.


"Up" (2009), Pete Docter y Bob Peterson

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Puede sonar extraño que incluyamos en esta lista a una película de dibujos animados, pero seguramente más de uno soltamos la lágrima con esa introducción de amor siempre duradero y soñamos con ver la vida de un hombre honrando hasta el último momento la vida de su difunta esposa. Así que no hay pretexto. Este es un ejemplo fuera de serie y digno de mencionarse.




"Bajo la misma estrella" (2014), Josh Boone

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Basada en un libro del escritor John Green, esta historia va dirigida a esos que tenemos que cargar con una caja de pañuelos al ver un drama romántico. Sobre todo, si los protagonistas padecen una enfermedad que constantemente amenaza con arrebatarles la vida. Desde este punto muchos debimos detenernos y no seguir viéndola.




"Ghost" (1990), Jerry Zucker

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Pero por supuesto que íbamos a mencionar al clásico del cine que protagonizaron Demi Moore y Patrick Swayze aportando a la historia una de las escenas más famosas de la pantalla grande. ‘Unchained melody’ nunca volvió a ser la misma canción después de este encuentro paranormal entre dos viejos amantes.




"Marley y yo" (2008), David Frankel

marley y yo - películas para amar

Porque el amor no sólo existe en esa faceta de dos personas que mueren el uno por el otro, sino en cualquier ser que pertenezca a nuestra familia. Tal es el caso de este filme que muchos no podemos superar al haber sentido que prácticamente crecíamos junto al encantador perro y desfallecíamos a su lado en los momentos más difíciles.




"Siempre a tu lado" (2009), Lassee Halström

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Siguiendo más o menos la misma fórmula que en la película anterior, esta historia retrata la unión afectiva y casi espiritual de un can y su dueño. Basándose en hechos reales se plantea en este filme la persistencia y el duelo de un animal de compañía ante la pérdida de su amo, dejándonos al resto del público con los ojos rotos y el corazón destrozado.




"Titanic" (1997), James Cameron

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Quizá sea el título más pop de todos los aquí mencionados, pero a mitad de los años 90 esta película hizo estallar en llanto a millones de personas alrededor del mundo demostrándonos que el amor es tan duradero como se quiera sin importar los desastres que acontezcan. Ver a Jack hundiéndose en el mar es una imagen que la gente guardará por siempre, por lo menos a la que le tocó esa época de lágrimas.




"Romeo + Juliet" (1996), Baz Luhrman

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La versión que Baz Luhrman se encargó de darnos también en la década de los 90 fue una extraña mezcla de poesía con elementos de una cultura emergente y un tanto burda que se dirigía al cambio de siglo. La historia todos la conocemos, pero vale la pena dedicarle unos minutos a esta adaptación contemporánea de los eternos y mortificados amantes.




"Posdata: Te amo" (2007), Richard LaGravenese

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Aunque es un filme completamente dirigido a mujeres y muestra a un idílico hombre con el rostro de Gerard Butler, eso no impidió (al contrario) que todo el público que cayera en las garras de este melodrama sintiera al corazón acongojarse un poco y querer salir corriendo a abrazar al ser amado jurando que nunca se iban a dejar.




"Un ángel enamorado" (1997), Brad Silberling

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Sí, con esa cara estoica, Nicholas Cage fue capaz de transmitirnos todo el dolor de perder a alguien después de intentos sobrehumanos por estar a su lado, pero mucho se lo debe también a la actuación de la entonces joven y bella Meg Ryan, quien nos recordaba el lado humano y sensible al que todos aspiramos encontrar para formar una familia.




"El curioso caso de Benjamin Button" (2008), David Fincher

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Retomando la narración que en el siglo pasado nos regaló Scott Fitzgerald, este filme protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchett nos muestra como hasta en los sucesos extraordinarios y mágicos de la vida, el mayor siempre será el amor. Sentimiento que trasciende absolutamente cualquier cosa, incluso la desaparición corpórea de quien nos roba el aliento.




Es algo así como una fascinación por estelarizar una tragedia en la que alguien pueda sufrir por nosotros o, al contrario, padecer la pérdida del otro. ¿Por qué?, simplemente porque el ubicarnos en un escenario de esa naturaleza nos hace recobrar ciertos sentimientos empolvados que no está mal una que otra vez saber que ahí están. De acuerdo a la opinión de la psicología, esto es una suerte de sentimiento espejo: generas una empatía con el sufriente porque reconoces en él tu misma vulnerabilidad.

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Referencias: