Una de las características que nos hacen diferente a cualquier otra especie es la capacidad de decidir si queremos ayudar al quien está próximo a nosotros o no. No importa si la acción es grande o minúscula, siempre podemos hacer cualquier cambio en la vida de otras personas. Sonreír a alguien puede significar mejorar el terrible día que esté viviendo. Acciones ya mucho más grandes como la donación de órganos puede afectar no sólo la vida del que recibe sino de todo a su rededor. La donación de órganos te permite ayudar a alguien más y darle la oportunidad de seguir con cualquier proceso.

Al no donar órganos le estamos robando a alguien la oportunidad de ser padres, amantes, hermanos o hijos. Les robamos la oportunidad de conocer de la aventura que iban a iniciar o estaban a punto de terminar.
La gente que espera algún órgano sabe que cada segundo puede ser un instante robado de su vida o un segundo acercándose a la realidad de poder recibir ayuda. Lo maravilloso de la vida es que no sabemos cuando todo inicia, e ignoramos que la vida, en cualquier momento, se puede terminar.

Se dice que cuando morimos todos perdemos exactamente 21 gramos del peso de nuestro cuerpo. La teoría nació cuando el Doctor Duncan McDougall, en Massachusets, hizo un experimento al poner a 6 personas con enfermedades terminales sobre una balanza y a la hora de morir checar si existía algún cambio en el peso. Las seis personas perdieron en promedio 21 gramos, justo al momento de morir. Hizo el mismo experimento con perros y resultó que el peso permanecía igual. El alma que únicamente los hombres tenemos, según el doctor, se lleva 21 gramos… el peso de un colibrí, el peso de una barra de un chocolate.

21 gramos, la película del mexicano Alejandro Gonzales Iñárritu, se basa en la teoría del doctor McDougall y presenta tres historias simultáneas, todas centradas en un terrible accidente. Se filmó sin orden cronológico, logrando que algunas veces el espectador sepa más que los personajes, y a veces viceversa. Iñárritu intenta guardar y revelar información inesperadamente, logrando así que la historia te envuelva y absorba.

El profesor universitario: Paul Rivers (Sean Penn) y su esposa, Mary (Charlotte Gainsbourg), ven cómo su relación se balancea entre la vida y la muerte. Él está mortalmente enfermo y espera un transplante de corazón, mientras que ella quiere concebir un hijo suyo por medio de la inseminación artificial. Olvidando su turbulento pasado, Christina Peck (Naomi Watts) tiene una vida familiar llena de esperanza y alegría: tiene a su hermana Claudia (Clea Du Vall), a su marido Michael (Danny Huston) y a sus dos hijas. De nivel social mucho más modesta, el ex-convicto y ahora firme creyente Jack Jordan (Benicio del Toro) y su mujer Marianne (Melissa Leo) luchan por sacar adelante a sus dos hijos.
Un trágico accidente hace que las vidas de estas tres parejas entren en una misma órbita y obliga a Paul a afrontar su mortalidad, pone a prueba la fe de Jack y hace que Cristina se mueva para arreglar su presente y quizá su futuro.

“Saber quién me salvó, quién me dio la oportunidad de ser hoy yo de nuevo. Gracias al donador tengo un nueva identidad”(21 gramos, Arriaga).
