Somos adictos a la nostalgia, necesitamos de ella para seguir avanzando en este mundo que no nos ofrece nada nuevo. Las industrias rescatan el pasado y satisfacen esta necesidad, lo retro está de moda, la tecnología ya no nos llena. Necesitamos volver al pasado a reconstruir algo que tal vez perdimos para siempre, que olvidamos en alguna parte en ese oscuro abismo de la memoria. Avanzamos, pero a ciegas, mirando hacia atrás. La música, el cine y la televisión son como nuestro DeLorean —el carro en “Volver al futuro”— que nos ayuda a viajar en el tiempo cuantas veces sea necesario, pero sólo hacia el pasado, y de esta forma poder olvidar que estamos envejeciendo.

En enero de este año se estrenó “T2: Trainspotting”, la continuación del filme de 1996 dirigido por Danny Boyle. Con ella se obtiene otra dosis perfecta de nostalgia que nuestra vida tanto necesita. Si eres de esa generación llamada millennial, nacida entre inicios de los 80 y mitad de los 90, tal vez te encuentres ahora en medio de tu vida, eligiendo mirar hacia el pasado con temor e incertidumbre del futuro. Como dice una de las líneas más icónicas de la película —rescatada y adaptada de una de las líneas de la cinta original, bendita nostalgia—:
“Elige la vida, elige Facebook, Twitter, Instagram, y espera que a alguien en algún lugar le importe”.

“T2: Trainspotting” definitivamente va a saciar nuestra adicción a la nostalgia. Sus danzas visuales de escenas y encuadres idénticos a su predecesora retoma la esencia del pasado y simultáneamente plantea las problemáticas del presente. Una mezcla bien calculada del recuerdo con el ahora. De cierta manera, se agradece que la industria siga traficando con el negocio del recuerdo y siga cumpliendo nuestros caprichos y fijaciones. Incluso hay un diálogo descarado por parte del personaje Sick Boy que nos da tremenda bofetada, justo en el momento en que nos encontramos inmersos en el éxtasis de este viaje visual rodeados de melancolía:
“¡Es sólo nostalgia! Eres sólo un turista en tu propia juventud.”

La aceptación pública de que nos habíamos convertido en adictos incondicionales de la nostalgia se hizo con la serie original de Netflix, “Stranger Things”, creada por los hermanos Duffer. Esta serie cuenta con una temporada de 8 episodios y fue estrenada en verano de 2016 —y se espera la segunda temporada en octubre de este año—, es una oda a la nostalgia por donde quiera verse; pero que además encaja perfecto con las generaciones que no tienen ninguna referencia visual de la década de los 80, ya que entre la fantasía y la ciencia ficción cualquiera puede involucrarse de inmediato en estos tiempos de vacíos narrativos.

Docenas de los llamados remakes y reboots llenan la cartelera y nuestras pantallas televisivas —o nuestras pantallas de tabletas y computadoras, mejor dicho— con intentos desesperados por recrear los clásicos de nuestra infancia y juventud. Los títulos parecen no tener fin: “El despertar de la fuerza” es una recreación del episodio IV de la saga de Star Wars, “Una nueva esperanza”, estrenado en 1977; “Los Cazafantasmas” también tuvieron su regreso junto con otros clásicos como “Mad Max” el año pasado; “Los expedientes secretos X” fueron rescatados para otra temporada, y se rumora que la siguiente se encuentra en producción; Disney no se ha quedado atrás, pues con recreaciones de sus clásicos como “El libro de la selva”, “Cenicienta” y “La Bella y La Bestia” ponen en evidencia que la falta de propuestas actuales nos hace mirar hacia atrás y asegurarnos de que alguna vez tuvimos esa dicha de la originalidad y la creatividad.
https://www.youtube.com/watch?v=PXPKP6t0oB8
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Las series televisivas y algunos filmes recientes han encontrado su razón de ser en programas o películas ya lanzadas algunos años atrás. Estos filmes son el ejemplo que, sin importar cuántos años pasen, cuando las historias saben contarse cualquier momento es bueno para valerse de su magia.
