10 clásicos que debes ver para entender el cine de terror contemporáneo
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10 clásicos que debes ver para entender el cine de terror contemporáneo

Avatar of Carla S

Por: Carla S

13 de febrero, 2017

Cine 10 clásicos que debes ver para entender el cine de terror contemporáneo
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Por: Carla S

13 de febrero, 2017



Hay algo profundamente instintivo que sólo el cine de terror despierta en las personas. Un filme, al ser como la proyección de un sueño, o una pesadilla, hace que el espectador atraviese estados de la mente muchas veces incomprensibles. Es ahí, en lo incomprensible, donde reside el verdadero terror.

¿Cómo podría darnos miedo cuando ya lo hemos visto todo? Esta cuestión es una de las principales preguntas que se hacen los directores en esta sociedad hiperrealista y cauterizada después de tantos siglos de barbarie y de avances tecnológicos.


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Para entender el cine de terror contemporáneo es imprescindible repasar la tradición de este género, porque el horror es uno de los aspectos menos valorados pero a la vez uno de los más complejos del cine actual. Puede que se trate de una cuestión de gustos. Al fin y al cabo cada quien busca las emociones que quiere en el cine. Algunos realizadores han dictado la pauta a lo largo de los años y han sabido dejar una huella imborrable en el inconsciente colectivo, incluso para quienes no siguen cintas de este tipo. El legado de este imaginario construye nuevas narrativas y nuevas pesadillas, que no dejan de afectar a los individuos, generación tras generación. A continuación una lista de películas de terror que debes ver para abarcar esa complejidad.


Nosferatu (F.W Murnau, 1922)

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En 1922 Friedrich Wilhelm Murnau ya estaba dando lecciones de cómo se hace cine con esta película, que cuenta la historia de un joven matrimonio que es engañado por el Conde Orlock.





Podría hablarse de qué trata la película, de su luz, de su estructura o de su narración. Pero ¿existe algo más icónico que la figura del Conde Orlock subiendo las escaleras o apareciendo en el marco de la puerta perfectamente delimitado? Sin duda, este filme es maravilloso por todos los aspectos que la componen, pero lo que marca que una película de terror haga historia es su villano y éste se ha impuesto a la historia y al paso del tiempo. Su imagen acecha y atemoriza a todos. Una joya de la era muda del cine que preserva la mística oscura y perturbadora de una excelente película de terror. He ahí su mérito, además de sentar un precedente para las producciones del futuro.


Psycho (Alfred Hitchcock, 1960)

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Este gigante de la historia del cine es ni más ni menos que el antecedente puro del slasher (subgénero de terror que define el tipo de historia típica de psicópata que asesina adolescentes, mujeres o lo que se le ponga por delante). La edad de oro de este género comenzó en los años 80 y fue protagonizada por genios como Carpenter, Cunningham o Wes Craven; pero es más que evidente que su cine bebe de la tradición impuesta con un puñetazo en la mesa por Alfred Hitchcock.





Lo mejor de Psycho es que genera intriga a partir de una historia que gira sobre sí misma. Es la madre de todas esas películas (y series) que se basan en el cuestionamiento continuo de "¿quién lo hizo?". Y no sólo eso, sino que la innovación que supuso en su momento marcó un antes y un después ante la forma de narrar no sólo las películas de terror, sino muchas otras que se generaron después. Psycho es para el cine lo que el Renacimiento para el arte. Un gigante incuestionable.


The Shining (Stanley Kubrick, 1980)

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The Shining es una las películas de terror preferidas entre los fanáticos del género, y una referencia ineludible de la cinematografía mundial. El terror psicológico llevado a extremos insospechados durante una época en la que triunfaba la sangre, las vísceras y los excesos. Mientras los directores del slasher se centraban en la noble causa de asesinar adolescentes que pierden la virginidad, un genio llamado Stanley Kubrick adaptó a su visión una historia de Stephen King, ambientada en el Hotel Overlook durante la temporada de invierno, en la que un escritor alcohólico pierde el norte e intenta asesinar a su familia.





La historia se desenvuelve de forma escalonada, dividida por días, como un telón que va bajando a medida que avanza el filme, para crear situaciones que son más tenebrosas e inquietantes que las anteriores. Las actuaciones brillantes de Jack Nicholson y Shelley Duvall, así como el ya conocido dominio de la simetría en las escenas de Kubrick, crean una de las películas más perturbadoras y de mayor valor artístico de la historia del cine, y más aún del cine de terror.


Bram Stoker's Dracula (Francis Ford Coppola, 1992)


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Con una ambientación y una estética neogótica, esta adaptación de Francis Ford Coppola del famoso relato de Bram Stoker, Drácula, se compone a medio camino entre el amor y el terror, los dos sentimientos propios de los espíritus torturados.

Hay que destacar que la figura del vampiro siempre estuvo impregnada de sensualidad y erotismo por su manera de atacar (cuerpo a cuerpo, boca y cuello), que más que un ataque puede parecer un acto sexual. Coppola va un paso más allá e introduce escenas directamente eróticas entre los personajes, que se confunden con lo terrorífico.





Más allá de lo brillante del guión, que reproduce bastante fielmente la obra original de Stoker, Coppola le da mucha importancia a la historia y la ambientación e incluso introduce guiños al cine primitivo y a la novela gótica inglesa, influencia de la que bebió Guillermo del Toro en sus obras, pero en especial en Crimson Peak.


The Exorcist (William Friedkin, 1973)


Soundtracks de películas de terror - El exorcista


Esta película cumple dos funciones básicas en relación con el terror contemporáneo. Por una parte es demiurgo (padre y madre a la vez)  y por otra es el culmen del cine como evasión y entretenimiento.

Dio origen a lo que luego se convertiría en un subgénero propio, el cine sobre exorcismos. La invasión del cuerpo y del alma, para convertirlo en el refugio del mal. Esta película es tan importante que trasciende todas las épocas. William Friedkin, la obsesiva mente maestra detrás de esta joya, no se corta un pelo a la hora de desdulcificar a la pura y bella Regan (Linda Blair) para convertirla en objeto de perversión, locura y posesión.





Es salvaje, casi gore, y por lo tanto es el entretenimiento puro, a medio camino entre la risa y el pavor, ante la posibilidad de que te pase a ti lo que le pasa a esa pobre niña, símbolo de la inocencia.


A Nightmare on Elm Street (Wes Craven, 1984)


Pesadilla en Elm Street


Por fecha, esta película debería estar en la primera parte de la lista. Pero, no es tanto los años en la que fue creada, sino lo que significó para años posteriores. El genio del mal, de los gritos y los llantos, Wes Craven, creó a uno de los villanos más complejos, perturbadores y estéticamente abrumadores del terror contemporáneo. Hablamos del señor Freddy Krueger, el primer asesino del que ni te planteas escapar porque básicamente no puedes. El surrealismo de este personaje es tal que utiliza los sueños para matar a sus víctimas, adolescentes en su mayoría. Un slasher único en plena época dorada del slasher.





Freddy Krueger representa al terror más puro. El de la mente, el terror interior, el de tu subconsciente, lo que lo sitúa en una categoría de villanos diferente, así como la película prefigura un mundo de posibilidades para las cintas que seguirían su rastro.


The Blair Witch Project (Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, 1999)


bruja de blair final


Esta película arrastra un séquito de fanáticos y otro de detractores, que defienden lo poco brillante que puede ser. Pero como estamos hablando de nuevos lenguajes y nuevos conceptos que se introdujeron en la forma de narrar cine de terror, pues habría que meter a la madre del metraje encontrado. El found footage fue uno de los métodos narrativos que se colaron en el nuevo milenio porque ofrecía la posibilidad de contar una historia basada en la confusión con un método de muy bajo presupuesto para dar una sensación más intensa de realidad, que para el terror significó un recurso más que interesante. El hecho de que tenga aspecto de película casera hace que el espectador se plantee desde un primer momento si lo que ve es verdad o una trágica mentira. Duda de la posibilidad de que tras las imágenes se encuentre la realidad y de que esté viendo a alguien que hoy está muerto. Eso en sí ya es un concepto oscuro, novedoso y, por supuesto, terrorífico.





La nueva estética efectista basada en golpes de realidad y que además giraba en torno al morbo de la posibilidad de una historia real hizo que la película literalmente arrasara y se convirtiera en una cinta de culto. Desprovista de todo alarde cinematográfico, sentó las bases de lo que luego sería el terror internauta y de Youtube.


Scream (Wes Craven y Kevin Williamson, 1996)


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A muchísima gente esta película no le parece de terror y sobre todo dicen cosas como "a mí más que miedo me hizo gracia". Scream es una especie de reinvención del género slasher cuando éste ya moría entre sollozos y críticas a las sagas interminables y cada vez más absurdas. Esta película significó un soplo de aire fresco para el género y se proclamó como símbolo del asesino enmascarado y un homenaje a ese imaginario. La historia, cargada de autoreferencias, críticas, sátiras y burlas, inventó un nuevo estilo de contar cuentos de terror de adolescentes que mueren acuchillados en una fiesta.





Esto fue gracias al guión de Kevin Williamson, el único que fue capaz de ver una luz en el callejón sin salida del terror slasher. Es casi una obra de metacine en la que todo el universo que gira en torno a la ciudad de Woodsboro parece retroalimentarse icónicamente a la par que de manera ilógica. Una saga que se parodia a sí misma, lo que incorpora un elemento más contemporáneo a la filmografía de terror. Los personajes ni sienten ni padecen, son los únicos capaces de gastar bromas pesadas y macabras sobre el asesinato de sus compañeros de instituto y vivir tan tranquilos como si nada estuviera sucediendo.


Funny Games (Michael Haneke, 1997)


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En el cielo hay un lugar reservado para este creador austríaco. Ya no sólo por escribir y dirigir Funny Games, sino por todo lo que hace. Su estilo es impenetrable, contemporáneo, oscuro y sorprendente. El lenguaje narrativo de esta película representa casi a la perfección lo que nos hace sentir confusos a los ciudadanos del siglo XXI. ¿Qué estamos viendo? ¿Eso que escucho es mi risa ante una situación terrible? En esta película, que no pretende en ningún momento fingir que es real, vemos cómo los asesinos  no llegan a dar nunca una explicación. Vemos cómo el mundo que observamos es un pequeño fragmento del poder del autor sobre los personajes. Si yo digo que mueres, mueres, y no va a vencer nunca el bien. Aquí no hay heroísmos. Lo que vemos es un universo en el que Haneke rompe la distancia con el público, la desploma desde el primer momento y, a partir de ahí, empieza el juego, que llega incluso a manipular la realidad temporal, llega a girar la historia y la convierte en una obra teatral plagada de locuras.





Jugamos con los límites de la realidad, y el director se molesta en explicarlo en la reflexión final sobre esta cuestión. Hablamos de una reflexión filosófica de la verdad, de la existencia de dos mundos. “La ficción es realidad, porque también se ve”.


The Witch (Robert Eggers, 2015)


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Este es el resultado, a lo que hemos llegado. El lenguaje del terror es uno de los que más ha evolucionado, por el mero hecho de que es un género muy antiguo y con mucha historia.





En The Witch este lenguaje es tenebroso (la historia se basa en relatos folclóricos de la primera época de la colonización), cargado de metáforas en el que para causar pavor no es necesaria la sangre sino el poder y fuerza narrativa a través de la imagen y el significado visual que penetre en el espectador y lo desoriente para que se pregunte ¿qué está pasando? ¿Esto podría ocurrirme a mí?

***

El cine de terror es parte de las obsesiones humanas. Puedes conocer más al respecto y explorar tu lado oscuro aquí.


Referencias: