El director de cine que no necesita de muertes violentas y sangrientas para incomodarte al extremo
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El director de cine que no necesita de muertes violentas y sangrientas para incomodarte al extremo

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Por: Alejandro Arroyo Cano

6 de junio, 2016

Cine El director de cine que no necesita de muertes violentas y sangrientas para incomodarte al extremo
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Por: Alejandro Arroyo Cano

6 de junio, 2016



Cada cientos de años nacen mentes que rompen con lo común, lo cotidiano, lo que no tiene sabor ni textura. A pesar que son rechazadas por la sociedad debido a que sus pensamientos tientan contra el orden de la realidad, encuentran una comisura en los dobleces del mundo y logran herir a las grandes estructuras. Este acto salvaje es el que destruye, pero también reinventa. Nadie quiere morir, pero es necesario. Si no fuera así, estaríamos clavados como Cristo mártir, atados al eterno retorno de lo vulgar y lo insolente.

Cuando se habla de muerte no necesariamente se tiene que remitir al ocaso de algún humano. En este sentido, lo que se necesita destruir son sus hábitos y costumbres. Por eso existe una urgencia de matar al pasado y al presente para crear un futuro nuevo. En el cine, ¿qué o quiénes necesitan ser sangrados para que perezcan? En vez de soltar la respuesta de golpe, sería mejor hablar de una mente transgresora que nació en tiempos recientes y se internó en una lucha contra el orden cinematográfico y narrativo. Él es Michael Haneke.

Michael Haneke

Como introducción a la obra de Haneke se puede citar de manera acertada al teórico cinematográfico Rick Altman, quien afirma que los géneros sólo podrían sufrir cambios significativos “si los críticos y el público concibieran su papel como algo activo y comprometido en vez de tomarlo como algo teórico y objetivo”. Si los que van al cine dejaran de ser sólo espectadores que utilizan este arte como entretenimiento; la apreciación, significación y producción gozarían de un verdadero valor estético. Es justo este público el que intenta crear Michael con sus películas.

El verbo "crear" es correcto porque, como se había dicho antes, se necesita destruir los hábitos de los consumidores de cine para levantar de los escombros al nuevo humano cinematográfico. Durante décadas Michael Haneke ha tratado de construir a nuevos espectadores con su cine contracorriente. Como era de esperarse, esta labor tiene una enorme dificultad, pues nadie quiere salirse de su ser distanciado y ajeno a lo que se ve en la pantalla. El resultado es un rechazo de las masas, ya que sus películas resultan extremadamente violentas para el espectador ordinario.

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Sabemos que su cine ha sido considerado dentro del género de autor, que el director es frankfurtiano y que tiene una postura tan crítica contra la cultura de masas estadounidense que incluso se niega a dar entrevistas en inglés. Asimismo, se pueden reconocer en su estilo dos variables muy incómodas para el espectador común y para la industria del entretenimiento, que se articulan para constituir el género hanekiano: la violencia como tema y la apelación como estructura.



"Benny's Video" (1992)




"Código desconocido" (2000)




"Funny Games" (Remake, EE.UU., 2007)

"Existe una urgencia de matar al pasado y el presente para crear un futuro nuevo".



"Caché" (2005)


A pesar que se podría replicar que la violencia es un tema que vende y por tanto ya no perturba, la diferencia reside en que Haneke articula esta semántica en relación directa con el espectador,  creando un género que incomoda porque no produce catarsis, sino que obliga a la reflexión sobre sus consecuencias y responsabiliza al espectador de la existencia de la violencia en la pantalla. La películas de Haneke no son un producto ajeno a quien lo mira, el don que tiene el director consiste en inmiscuir hasta el punto del protagonismo al espectador. Es decir, no es el personaje al otro lado de la pantalla quien violenta a otros, sino es él mismo el que fue transportado hasta allá para infringir algún daño.

Por eso no necesita de fuentes de sangre que salpiquen la pantalla ni de cuerpos mutilados de manera salvaje y diabólica, porque Haneke con sólo una cuchillada al corazón detona todo el dolor y la molestia, porque lo prohibido fue hecho por nosotros mismos, fuimos nosotros quienes clavaron la daga, sintiendo cómo un frágil cuerpo es rebanado. No fue un persona ficticio quien se manchó las manos de sangre, fuimos nosotros. Por eso la gente huye de sus creaciones, porque la violencia, que supera cualquier forma común en el cine, no puede ser ajena o alejada y obliga a la reflexión personal del delito que se acaba de cometer.

Michael Haneke / Funny Games

Si quieres conocer la filmografía completa de Michael Haneke con una acertada explicación, da click aquí.



No se acepta su cine porque nadie quiere aceptar la culpa violenta de ser un humano. Después del estreno de "Funny Games" (1997), Haneke declaró para Awards Line: “Intenté un ataque contra los espectadores que disfrutaban de consumir la violencia, desafortunadamente, la película no alcanzó a ese tipo de audiencia”. Recordemos que dicho filme es el gran manifiesto de su estilo, sin embargo, como el mismo director confiesa, no fue visto por el público al que estaba dirigido porque las condiciones de la industria lo imposibilitaron. Y justo por su fracaso comercial, su película nos presenta el problema de forma muy evidente.

En "Funny Games", Haneke escribe y dirige para un público masivo, pero éste no es el que recibe su mensaje; en primer lugar, porque las distribuidoras no hacen posible su encuentro, y en segundo, porque el espectador promedio no está acostumbrado a sus apelaciones reflexivas y agraviantes, y por lo tanto no las entiende. Del mismo modo llegaron sus otras películas: "Código desconocido", "La pianista" o "Caché", y como una maldición, sufrieron del mismo desprecio del público. Aún así, el director sabe que es necesario hacer un cambio en la orden narrativo, entonces, para poder entrar por un pequeño agujero en la armadura de las masas, cambió su forma de narrar las historias.

Así llegó la película "Amour", que con todo el estilo hanekiano de incomodar y desgarrar el alma, fue aceptada por una gran parte del público común e incluso ganó el Oscar a Mejor película de habla no inglesa. El aplauso de esta película se debió a la apelación indirecta del espectador en relación al problema. Por única ocasión soltó a sus espectadores del yugo de la culpa y los dejó como simples seres que ven una historia alejados del problema. El único punto a su favor es que aunque es una narrativa impersonal, los motivos de la película parten de un tema real y perturbador que se presenta para incentivar la reflexión moral.



Las consecuencias de tales modificaciones quedan en evidencia cuando nuestra responsabilidad ante la violencia parece intrascendente, ya que la película no perturba al espectador en ese sentido. Asimismo, la solución que da al argumento no es angustiante ni produce incertidumbre porque fue expuesta desde el inicio. Esta fue una excepción a su estilo directo, pero quien la ha visto sabrá que la incomodidad surge a todo momento, al grado de querer apagar la pantalla en cualquier instante y ponerle fin a las tensiones que se crean. 


Algunos dudan del equilibrio mental de Haneke, si tú también crees que podría estar demente, conoce a otros directores que hicieron películas donde sus protagonistas están completamente locos. Da click aquí e intenta no perder la razón tú también. Si quieres explotar de emociones, más allá de la complejidad de Michael Haneke, conoce 27 películas para reír, llorar, gritar de miedo y aprender del amor con el siguiente listado. Si ya tuviste suficiente de cine, ¿qué te parece darle un vistazo a los mejores lugares de Latinoamérica que debes conocer antes de emprender tu viaje a Europa? Sólo da click aquí para empezar el viaje.






Referencias: