8 estereotipos que nos enseñó El Chavo que muestran la ignorancia de un pueblo educado por Televisa

Miércoles, 20 de junio de 2018 15:22

|Alonso Martínez
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«México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida». -Emilio Azcárraga, antiguo presidente de Televisa.



Cuando se le pregunta sobre México a un sudamericano, ya no sólo dicen "sombreros" o "tacos", ni "chile". Ahora también dicen "Chespirito" o "El Chavo", con una sonrisa en sus rostros, porque saben que ese es uno de los íconos más importantes que ha exportado nuestra nación hacia el mundo.


Así como los sombreros, los tacos y el chile, El Chavo se ha convertido en una representación más del mexicano promedio, lo cual resulta lamentable, ya que todos los estereotipos negativos que tenemos sobre nuestro pueblo, se fortalecen a ojos de los extranjeros.


Algunos defenderán El Chavo del 8, afirmando que es una simple comedia, pero es difícil catalogarla sólo como eso cuando el director de Televisa –la televisora que la produjo– dijo alguna vez que fabricaban televisión para jodidos. «México es un país de una clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil», declaró Emilio "El Tigre" Azcárraga hace más de 25 años.



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Claro, era entretenimiento, pero dentro de sus personajes y chistes, ayudaba a reforzar el poder de la clase alta y de decirle a la gente pobre (o de clase baja) que tenían que ser felices dentro de su pobreza y mediocridad, y que prácticamente jamás podrían saltar hacia otro estatus social. La ideología que presentaba Roberto Gómez Bolaños en sus personajes, ayudaba a fortalecer estereotipos, a decirle a la gente de bajos recursos que podían ser felices dentro de su ignorancia y que –sin importar su eterna inercia– el mundo les favorecería al final: una ilusión que actualmente caracteriza al mexicano promedio, quien se rehusa a aceptar su nivel socioeconómico y está convencido de que, de una forma u otra, avanzará, aún si no hace nada para lograrlo.


Dentro de los siguientes puntos profundizaremos más en esa ideología que vendió Chespirito y en cómo logró someter a toda una clase social haciéndolos reír, excusando sus comportamientos y protegiéndose en su privilegio.


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La alegría de la vecindad


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¿Si no tuvieras nada qué comer y vivieras en un barril sin techo, sin comida y sin bañarte, aún sonreirías? Algunos podrían decir que los mexicanos reímos de todo y buscamos la luz en toda situación oscura, pero esa es solo otra forma de decir que siempre nos conformamos en nuestra mediocridad.


El problema con los personajes del Chavo es que, a pesar de que todos están sufriendo diferentes crisis, encuentran una luz que los hace distraerse de la realidad (tal como la televisión hace olvidar a la gente pobre de su situación). De igual forma, a todos los caracteriza una eterna inercia. Es decir, nadie hace nada para escapar de la pobreza en la que viven y Bolaños los muestra como seres felices, conformes con su mediocre forma de vida, que esperan que –de forma divina o milagrosa– su vida se solucione. De hecho, la única vez que el Chavo se va de la vecindad para encontrar algo mejor, sus amigos lo van a buscar y lo convencen de que afuera lo lastimarán o que le irá mal, cuando en realidad él necesitaría de eso para madurar y hallar otra cosa.


Lo que representa Chespirito en su serie es que los miembros de la clase baja (representados en los habitantes de la vecindad) se mantienen en el mismo círculo y nunca hablan con nadie externo, se encierran en su realidad, acostumbrándose a su entorno. Evitan la posibilidad de hallar una mejor vida, o una distinta, y se mantienen unidos.



Los niños ignorantes



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Los episodios en los que los "niños" se encontraban en el salón de clases mostraban una versión de la realidad que se volvió algo común en los salones de clases de todo México. Los niños eran ignorantes, sin importar cuánto se esforzara el Profesor Jirafales, y en todo momento creaban caos dentro del salón de clases, con fines humorísticos.


Mientras que en Estados Unidos, Mr. Rogers le enseñaba a los niños sobre respeto, aprendizaje, amor y comprensión, en México Chespirito impulsaba a la generación joven a seguir su ejemplo, mostrándoles que era normal que en un salón de clases los niños le faltaran al respeto al profesor, que no aprendieran, e –incluso– que no tuvieran los recursos apropiados (cuando el gobierno los podía facilitar, si lo deseaba).


El problema es que Gómez Bolaños no sabía hacer comedia mezclada con educación como lo hizo en el futuro El Mundo de Beakman o hasta Bizbirije, y en su afán de mantenerse en lo mismo, enseñó que era bueno ser irresponsable, ignorante e irrespetuoso.


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Los niños irreverentes / Bullying


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Como ya mencionamos, los niños no tenían un respeto por los adultos, a excepción de sus padres y –a veces– del profesor. Siempre en sus grupos insultaban o se burlaban de ellos y hacían bullying. Quico se reía de la pobreza del Chavo (lo cual es un claro ejemplo del clasismo que existe en las sociedades pobres –en las que un pobre se ríe de alguien que está más jodido que él–. De igual forma, todos se reían de la obesidad de Ñoño, del desempleo permanente de Don Ramón (como si fuera su culpa no tener los medios para trabajar), de la edad y aspecto de la "bruja" del 71 (apodo que ya es una falta de respeto). La serie lo normalizaba sin aleccionar sobre lo mal que estaba realizar comentarios despectivos de las personas y le enseñó a la juventud a replicarlo.


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Los padres golpeadores


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Don Ramón golpeaba constantemente a la Chilindrina. Aunque nunca fue mostrado de una forma gráfica, el programa lo mostraba como si fuera algo normal, como algo que es común en las personas de clase baja, sugiriendo que los padres no tenían otra forma de aleccionar a sus hijos más que con violencia. En cierta forma, la audiencia se acostumbra a lo que está viendo y lo percibe como un castigo común.


El problema principal de la serie es que todos los personajes regresaban al mismo lugar al finalizar el episodio. En pocas ocasiones se aprenden lecciones. Bolaños pudo haberle dado a la Chilindrina un cambio o darle un arco narrativo a Don Ramón para que aprendiera a expresarse de distintas formas, pero prefirió dejarlo así, como si nada cambiara en la vecindad y en las clases bajas.


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La madre soltera desesperada


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Doña Florinda adopta el estereotipo de la "mujer dejada" que está desesperada por encontrar el amor. La mujer hace todo lo posible para que Jirafales esté con ella, a pesar de que en ningún momento se habla sobre matrimonio. Ese no es el problema, sino cómo está representada la mujer soltera: que se pone nerviosa y que llega a extremos absurdos para impresionar a un hombre, a pesar de que éste ya le haya correspondido.


Bolaños la muestra como si estuviese buscando un nuevo padre, y un ejemplo para Quico, cuando la realidad de las madres solteras es distinta y puede variar dependiendo el tipo de persona que sea cada quien. El creador tomó una de esas versiones y la convirtió en el centro de burla, como el resto de sus personajes.


De igual forma, Florinda sueña con salir de la vecindad y dejar atrás a toda la "chusma", sin embargo, carece de los medios para lograrlo, y no lo sabe. Sólo espera que Jirafales la "salve" de su situación y pueda tener una mejor vida.


Esto se replica en el resto de los personajes, quienes se conforman en su pobreza, esperando que algo bueno suceda de manera milagrosa y divina, para que -sin mover un dedo– puedan escapar del entorno en el que viven.


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La "quedada"


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Doña Cleotilde (la "bruja" del 71) también es otro estereotipo del cual hace burla Bolaños. Una mujer de edad avanzada, que se aferra a mantenerse joven y que intenta por todos los medios conquistar a un hombre, aunque éste no la desee. Bolaños supone que todas las mujeres quieren y buscan desesperadamente a una pareja, y usa toda su perspectiva masculina para darle características al personaje, impulsando a la audiencia a burlarse de ella y a suponer que las mujeres son así, sin profundizar más en su vida, o en el pasado que pudo haber tenido.


Este es un pensamiento machista. Tanto Doña Florinda como Cleotilde son estereotipos sexistas que muestran a la mujer como un ser necesitado, cuyo deseo se limita a tener a un hombre. Lo único que contraste es la rebeldía de la Chilindrina, pero ella entra en otro estereotipo, el cual ya mencionamos.


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El consentido y la fresa de vecindad


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Quico y la Popis son posiblemente el peor estereotipo que aparece en la serie, ya que toma demasiado de la realidad. Ambos son pobres, pero creen que son más o que valen más que el resto de las personas. Él presume sobre sus juguetes, ella sobre su "estatus", impulsados por Florinda, quien está desesperada por dejar atrás la vecindad y tener una vida mejor. Sin embargo, ellos no están conscientes de que son lo mismo que las personas que desprecian.


Es un reflejo que podríamos ver actualmente con la gente de clase media que cree que tiene riqueza, y que es mejor que las de clase baja, cuando en realidad solo tienen mejores oportunidades.


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Se podría argumentar que Bolaños creó el Chavo para mostrar la realidad de millones de mexicanos y hacer que se sintieran identificados, pero en realidad mostró una versión superficial, nacida desde su perspectiva privilegiada. Su programa sirvió para mantener a la clase baja en un espíritu mediocre, y hacer que siguieran creyendo en milagros o en que algo ajeno a ellos los ayudaría a salir de su pobreza, a pesar de que esta les diera una felicidad clara. Es un tema complicado analizar este programa y el efecto que tuvo en la mente de los mexicanos y los sudamericanos, sin embargo, notar estos estereotipos es el primer paso para dejar de adorar a ese hombre que no salvó la comedia, la destruyó, y aún seguimos pagando el precio por ello.





Alonso Martínez

Alonso Martínez


Editor de Cine
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