La película que muestra el futuro decadente de la sociedad incapaz de encontrar el amor
Cine

La película que muestra el futuro decadente de la sociedad incapaz de encontrar el amor

Avatar of Jose Cruz Morales

Por: Jose Cruz Morales

23 de marzo, 2017

Cine La película que muestra el futuro decadente de la sociedad incapaz de encontrar el amor
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Por: Jose Cruz Morales

23 de marzo, 2017



En el ensayo Simulacra and Simulation, Jean Baudrillard sostiene que la ciencia ficción tiene que mantener cierta distancia entre lo real y lo imaginario para que cobre sentido. Determina, además, tres momentos que dicho género debe cumplir: 1. encontrar un discurso utópico, trascendente, simulado; 2. la figura del robot, de la máquina, como símbolo inequívoco del producto material, lo superficial y artificial; en resumen, el capitalismo. Y 3. la ciencia ficción juega con el modelo, el código, la virtualidad sistemática. En la actualidad, esos límites parecen estar desdibujándose.

Spike Jonze, en Her (2013), sabe de estos momentos y los encaja perfectamente: retrata un futuro perfecto donde la luz ambiental siempre es tenue, difuminada, cálida y sin sombras; los personajes visten formales, sin agresividad en comparación con otras películas de ciencia ficción, en las que el futuro es incierto, violento, escaso y sus protagonistas visten con harapos, retazos de ropa y piel de animales. En Her los protagonistas visten ropa cómoda, linda. Se percibe una utopía terrible en los colores pastel que predominan. Incluso en cierto momento se vuelven nauseabundos porque no cumplen con la pasividad que se proponen transmitir. Los protagonistas son seres vacíos, solitarios, tristes, sin expectativas y con los colores de sus atuendos esquivan esa realidad, suponiéndolos alegres y vivaces.


her


Samantha (con la voz atinadísima de Scarlett Johansson) es un software con un ADN basado en los programadores que la diseñaron. Tiene pensamientos conscientes y morales y satisface los deseos de su dueño, Theodore (Joauin Phoenix). Por medio de un auricular y un dispositivo móvil ambos pueden interactuar. Her indaga en la idea de que en la soledad puedes crear y amar, y no necesitas a nadie más que a ti mismo, no es necesario comprometerte, tus miedos se pueden superar teniendo un software que te lea los correos electrónicos, te comente el estatus del clima, te ayude a tomar decisiones, te agende citas e incluso puedas enamorarte, divertirte y platicar de planes futuros. También se plantea la idea de que puedas tener sexo con el sistema operativo. En resumen, ya no necesitas de nadie más. La vida está resuelta, lo real queda difuminado y no existen mundanas preocupaciones. En el fondo reluce el gran tema del género cyberpunk: las respuestas del código informático en diálogo con las personas como imagen fundamental de la humanidad. Asimismo, comparte su rasgo primordial: describe una sociedad con grandes logros científicos y tecnológicos que, en contraposición, tiene un elevado grado de decadencia en el orden social y en las relaciones interpersonales.

Ante esta situación hay que tomar en consideración de igual forma el concepto de "simulación". Como lo plantea Baudrillard, la simulación se entiende como una estrategia de desaparición, como un simulacro del desierto de lo real, el mapa y el territorio nutrido de lo virtual y lo real.





¿En qué parte Samantha es real y dónde siente el amor de Theodore? ¿Cómo se convierte en lago más que un sistema operativo, una máquina?  ¿En que momento deja de ser un espectro en el ciberespacio y empieza a sentir? “Puedo sentir mi piel”, le dice Samantha a Theodore, en una escena en la que indaga en los sentimientos de éste. Incluso "sostienen" encuentros íntimos. Una extraña versión del vínculo sexual, al menos, motivada por las palabras y la imaginación. Otra vez, un plano irreal aunque posible dentro de su lógica abstracta, como una fantasía o una teoría. La mente es un cuerpo que no puede palparse, como Samantha es una voz que existe pero no tiene órganos. “Todo lo demás acaba de desaparecer”, dice Samantha con voz agitada, como si en realidad sintiera un orgasmo.

Fabián Giménez, en su ensayo "Máquinas deseantes en el desierto de lo real. Intertextualidad y cultura cyberpunk", sostiene que los ancianos son los primeros cyborgs, ya que algunos portan marcapasos, caderas con prótesis, clavos incrustados en articulaciones, placas de metal en el cráneo y no se alejan mucho de lo que en la ciencia ficción se describe como cyborg. La figura del cyborg sintetiza en un imaginario las ganas de la humanidad de crear un ser superior, una especie de mito real, en físico.

El deseo lleva al hombre a crear máquinas de placer que lo satisfagan o intenten satisfacerlo. Esto presupone la premisa de encontrar placer sexual en una mujer con prótesis y ante un escenario de muerte como un accidente automovilístico, que es lo plantea la novela Crash, de J. G. Ballard. O en el caso de Her, a crear un software con la suficiente información para que pueda tomar decisiones propias, dar opiniones morales, razonar en un plano abstractamente existencial y "sentir" como un humano.


her y el cyberpunk


¿Cómo no acordarse de la criatura del doctor Frankenstein, que siente la injusticia de haber vuelto a vivir? ¿O de la realidad “virtual” en la que se sitúa gran parte de The Matrix? Incluso vale la pena mencionar al exterminador en la segunda entrega del clásico Terminator (James Cameron, 1991), que cede ante John Connor (Edward Furlong), quien le pide no matar a más gente y éste obedece como si se tratase de un signo empático con la humanidad. Todos estos personajes quieren parecerse al ser humano ¿o el humano, en su propia incomprensión e infinita complejidad, quiere parecerse a ellos? ¿Qué busca volcar la humanidad en sus creaciones, qué reflejo espera encontrar?

***

Esta película, ganadora del Oscar a Mejor Guión Original, parece prefigurar un futuro cada vez más cercano. Una era a la vuelta de la esquina.


Referencias: