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La historia de la mujer como diosa, demonio y bruja en la búsqueda por la igualdad

Cine La historia de la mujer como diosa, demonio y bruja en la búsqueda por la igualdad

 

"Los hombres tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos.

 Las mujeres tienen miedo de que los hombres las asesinen".

-Margaret Atwood-





A lo largo de la Historia, la mujer ha sido representada bajo diferentes conceptos, pues lleva consigo una lucha constante por el reconocimiento de todas sus cualidades y, más aún, por una igualdad de géneros. Sin embargo, mayormente se le ha subestimado como “el sexo débil”, “el vaso más frágil”, “el ama de casa”, “la culpable del pecado original”, “la diosa, la demonia… la bruja”

Y esto ha sido, incluso, objeto de estudio de la antropología, la psicología y de más ciencias, que han analizado episodios en la historia y en las diferentes culturas en las que la mujer ha sido estigmatizada, mal enjuiciada o temida y adorada.


Lilith John Collier pelirroja

En Diosa, demonia, obra maestra, Octavio Paz describe como la estatua de la Coatlicue influía en el pensamiento de los indígenas y de los conquistadores en este entonces:

"… los doctores universitarios decidieron que se volviese a enterrar (la estatua) en el mismo sitio en el que había sido encontrada. La imagen azteca no sólo podía avivar entre los indios la memoria de sus antiguas creencias, sino que su presencia en los claustros era una afrenta a la idea misma de la belleza." (Paz, 2001)

Entonces, la estatua de una -mujer-, era vista desde dos perspectivas contrapuestas: la madre Tierra, madre de los dioses, venerada por los indígenas como diosa de la fertilidad, pensamiento en el cual, lo grotesco de la misma, cada elemento, representaba parte de esa divinidad que se le atribuía, por ejemplo, su falda de serpientes, representaba el dominio sobre la Tierra; sus pechos caídos y grandes proporciones físicas, la fertilidad; y el collar de manos y corazones, su poder sobre la vida y la muerte como ciclo esencial de cualquier ser viviente. Por otro lado, representaba un culto obsoleto para los nuevos conquistadores y más allá, una aberración a los cánones de belleza instituidos en la antigua Europa. Esa Europa en la que la perfecta Venus de piel tersa, cabellos rubios y caderas grandes y definidas, era el máximo ideal de belleza femenina, o esa influencia egipcia en la que Cleopatra con su piel canela, largos cabellos negros y ataviada en joyas de cabeza a pies, era la representación de la mujer ideal, dominante del varón por sus encantos seductores.


belleza idealizada


Con base en lo anterior, podemos darnos cuenta que uno de los grandes estigmas de la mujer han sido los cánones de belleza que se les han impuesto. Ella es la parte de la pareja agradable a la vista, puesto que el hombre, un verdadero hombre debe ser “feo, fornido y formal”, así que a la mujer le corresponde acicalarse para contrastar, pero a la vez, complementar la pareja ideal. Que si altas, chaparritas, rubias, morenas, pelirrojas… 90-60-90, pechos y nalgas firmes, maquillaje discreto, maquillaje que cubra imperfecciones, que oculte deseos, que guarde apariencias; latinas, rusas, flacas, súper flacas, 0% grasa corporal… ¿por qué?, ¿para qué?, ¿realmente eso es una mujer, sólo un bello cuerpo?

Yo, y creo que varias de mis congéneres no piensan de esa manera. Y por eso, se crearon movimientos como el feminismo que, no, no pretende erradicar al hombre de la humanidad, eso es ilógico, estúpido. El verdadero feminismo, el ideal del feminismo, pretende una igualdad de género, reconociendo las aptitudes tanto de hombres como mujeres, reconocer que no podemos desempeñarnos de la misma manera porque cada uno tiene características que le definen, y está bien, sino no habría dos sexos diferentes, sí, somos diferentes, pero ninguno es más que el otro, al contrario, podemos contribuirnos y edificarnos desde esas diferencias.

Carol Pateman declaró hace tiempo: El feminismo tiene que ver con un nuevo replanteamiento de las relaciones de poder, también con la libertad de la mujer para decidir, pensar, actuar... y, por supuesto, con el reconocimiento del patriarcado como sistema social y cultural dominante, "la forma de derecho político que los varones ejercen en virtud de ser varones".


fotografias feminidad en soledad espejo

Ningún extremo es bueno, se dice por ahí, y lo creo pero, así como surgieron movimientos que pretendían desestimar a la mujer, surgieron otros un tanto radicales que pretendían demostrar lo contrario (y de los que algunos se jactan para llamarnos “feminazis”) y esta premisa podemos analizarla en la película Las brujas de Zugarramurdi (2013), basada en un mito local en el que treinta y nueve mujeres fueron acusadas en esta localidad por practicar brujería y satanismo en 1610.



Comenzando con un título de créditos iniciales en que el director hace referencia a las “brujas” o mujeres que han sido clasificadas como tal a lo largo de la historia, entre ellas podemos encontrar a: la Venus de Willendorf, las brujas de Salem, Ana y María Bolena, Eva, Madame Blavatsky, Madre Shipton, Margaret Jones, Dorothy Clutterbuck, Juana de Navarra, inclusive, Gala, Marlene Dietrich, Greta Garbo, Simon de Beauvoir, Margaret Tatcher, Frida Kahlo, entre otras, que han sufrido prejuicios derivados de su actuar.

Tras la parte novelesca de la película, se hace una clara referencia al deseo de estás brujas por instaurar un matriarcado en el que su máxima deidad no es el diablo, como comúnmente se cree, sino una -diosa de las brujas-, una mujer grotesca y gigantesca, un poco parecida a la Coatlicue, pero sobre todo a la Venus de Willendorf. Esta diosa se traga a Sergio (hijo del protagonista), a quien se ve pasar dentro de ella, saliendo vivo para alegría de las brujas, quienes consideran que él las guiará hacia la victoria contra la civilización y el patriarcado.


LAS BRUJAS DE ZUGARRAMURDI

Se establece una clara oposición entre la nobleza liderada por las brujas, malvadas y calculadoras y el despiste e incredulidad del hombre, y el poder que ellas pretenden establecer. Por ejemplo, el que su sirviente sea un hombre retardado y grotesco que les tiene mucha fidelidad y lealtad; que su hijo, Luismi, quede reducido a un preso en los huesos y con la piel carcomida; que a los que vayan a quemar en la hoguera en su rito a la gran diosa bruja sean hombres; y, que a la criatura que sacrifiquen sea un niño varón pues, será el que, dominando por las mujeres, derroque el poder del mismo hombre.

No obstante, otra de las características, casi por antonomasia de las mujeres es su lado emocional, y Eva, la bruja más joven se enamora de José (el protagonista), humano, presa de las otras brujas y es quién ayuda a derrocar a su propia madre, la bruja líder, a la diosa de las brujas y a instaurar una especie de paz entre las brujas y el resto de la humanidad. En conclusión, la relevancia de esta película, radica en analizar el extremo de la organización social que pretenden las brujas para dominar el mundo y derrocar al patriarcado.


Mujer_Nacho López

En una perspectiva más general y realista,  el radicalismo nunca es la alternativa de solución más adecuada en ningún caso, y como ya lo mencioné, no se trata de establecer un sistema de jerarquías de género, tampoco en satanizar al feminismo o al machismo, se trata de generar igualdad de derechos, oportunidades y valías.

Tanto hombres como mujeres podemos ser dioses y demonios, obras maestras o modelos de destrucción, en que más allá de la estética o de un cuerpo que determina un género, somos seres humanos cohabitando y, por lo tanto, así como compartimos un espacio geográfico, debemos compartir las mismas expectativas de vida y desarrollo personal.


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Si te interesa adentrarte un poco más en el mundo de la mujer y el feminismo no dejes de leer Herejía y feminismo: del Medievo a nuestros días

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Paz, O. (2001). El arte de México: Materia y sentido. En G. Gutemberg, Los privilegios de la vista. Arte de México (págs. 62-65). Barcelona: Galaxia Gutemberg.


 

 


Referencias: