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La tecnología somos todos

Cine La tecnología somos todos

Los avances tecnológicos han facilitado y a su vez limitado ciertos aspectos de la vida; hacen más sencillo el contacto entre las personas y por otro lado empobrece el lenguaje de la aldea global (término de Marshall McLuhan) al ir construyendo términos y palabras utilizadas en todo el mundo. 

 

La tecnología también ha limitado la capacidad de asombro, puede mantener vivos a los muertos (hologramas), capturar momentos para la eternidad y hace creer que la ventana al mundo es la pantalla de cualquier dispositivo mostrando que el país de las maravillas no se encuentra detrás del espejo sino atráves de algún gadget. En el imaginario sobre la tecnología se encuentra inmersa la idea: Juego de realidades, donde la palabra en crisis resulta efímera gracias a la familiaridad y contínuo contacto con los avances tecnológicos y científicos.

 

 

Arte y ciencia tienen objetivos diferentes, sin embargo, en el quehacer artístico se unen y son préstamo para entenderse en este escenario: el arte pretende confundir, irritar y cuestionar sobre el futuro, a diferencia de la ciencia cuya función es esclarecer las interrogantes de la existencia. Estos términos son la base de la obra del artista mexicano Rafael Lozano-Hemmer, quien asume a la tecnología como nuestra segunda piel pues vivimos inmersos en una cultura tecnológica.

 

 

Las intervenciones artísticas de Rafael Lozano-Hemmer se valen de herramientas digitales que intervienen grandes espacios abiertos en distintas ciudades del mundo, dejando claro que el arte se encuentra en cualquier lugar y que "cuando asumimos que la tecnología somos nosotros ya no es algo innovador, sino algo inevitable".

 

 

No cree que sus obras sean algo nuevo, pues vincula su trabajo con los precedentes artísticos y pensamientos teóricos-sociológicos, eso es lo que enriquece y hace trascender su trabajo que consta de piezas que ocupan el espacio de una forma diferente e irrepetible, pues las personas que participan en cada una resultan ser las partes principales ya que el entorno multimedia invade el espacio y la instalación trae de nuevo el cuerpo al lugar "real", logrando así unión entre lo que se cree y lo intangible.

 

 

Rafael Lozano-Hemmer nos muestra que la tecnología es, al igual que el arte, un espacio que no está en ninguna parte y que sin embargo es un "algo" en el que todos queremos estar. Un juego de realidades, proyecciones y verdad.

 


Referencias: