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Lincoln, la batalla por la libertad

Cine Lincoln, la batalla por la libertad

En recientes entrevistas, Steven Spielberg comentaba: "Quería mostrar que Abraham Lincoln era un hombre, no un monumento". Exactamente eso hizo.

Spielberg, un director con una brillante carrera, pone sobre Lincoln una mirada microscópica en la que toma como punto de partida un hecho histórico para ir desdoblando a su personaje principal en varias capas: Presidente, esposo, padre.
 


La construcción cinematográfica, de gran manufactura, da cuenta de todo un discurso que parte desde lo visual, dejando ciertos paralelismos con uno de los directores que influyeron en la visión que Spielberg tiene sobre el cine: John Ford, quien también hizo una película basada en Lincoln, “El joven Lincoln” (1939) con una memorable actuación de Henry Fonda del joven presidente.
 


Una película que, en términos de realización cinematográfica, podría considerarse como excelente, en la que también destaca el trabajo realizado por Janusz Kaminski, responsable de la fotografía y que ha ocupado dicho puesto en la mayoría de las producciones de Spielberg.
 

Sin pretender ser una biopic del decimosexto Presidente de los Estados Unidos, Lincoln centra su trama en una de las épocas más duras que sufrió su gobierno: justo al final de la Guerra Civil que azotó a los Estados Unidos en 1861.
 


La película hace pocas alusiones a la guerra. Aun cuando inicia con una batalla, el conflicto armado no será el eje temático de la película, pues Steven Spielberg pone su atención en la campaña emprendida por Lincoln para aprobar la Decimotercera Enmienda a la Constitución de los EE.UU. con la que se logró abolir la esclavitud en todo el territorio estadounidense.
 

Abraham Lincoln, un personaje histórico admirado por Spielberg, es recreado de una manera muy humana: un hombre sencillo con grandes ideas. De apariencia distraída pero con un excelso manejo de la retórica y un fuerte sentido de lo humano. Si bien, el filme expone de forma sutil los arreglos políticos que se consiguieron “por abajo del agua”, no rehúye a plantear las contradicciones del mundo de la política, en palabras de Thaddeus Stevens, un radical republicano interpretado por Tommy Lee Jones: “El mayor logro del siglo XIX, aprobado por la corrupción, gracias al hombre más puro de Estados Unidos”.
 


El relato, riguroso y denso en su mayor parte, da una muestra espléndida de narrativa cinematográfica, todas las cosas avanzan a su tiempo.
 
Otro rasgo restacable de la película es la excelente interpretación lograda por Daniel Day-Lewis, quien se preparó durante un año para poder interpretar a Lincoln, quien se convirtió en su obsesión, ya que consultó a historiadores y familiares del ex presidente norteamericano para poder hacer un papel a la talla del personaje que representaba.
 

El guión, elaborado por Tony Kushner, es un trabajo excepcional, en él cada diálogo entra de manera natural. Incluso las intervenciones de Lincoln en las que habla a modo de parábolas y que tienen una fuerte carga retórica, van dándole peso al personaje conforme va avanzando la película.

Si bien, la película no despierta fuertes emociones, sí logra mantener la atención por sus interesantes planteamientos. Desafortunadamente, sobre el final, cuando ya quedó claro que Lincoln fue un gran hombre y con la película prácticamente terminada, lanzan un último discurso; la vieja fórmula norteamericana para remover el sentimiento patriótico.



Referencias: