Mente y enfermedad, el cine de David Fincher
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Mente y enfermedad, el cine de David Fincher

Avatar of Daniel Morales Olea

Por: Daniel Morales Olea

5 de julio, 2015

Cine Mente y enfermedad, el cine de David Fincher
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Por: Daniel Morales Olea

5 de julio, 2015

“Creo que la gente es pervertida, ese es el fundamento de mi carrera”.

-David Fincher


Cuando la vocación se tiene en la sangre es imposible huir de ella. David Fincher es el mejor ejemplo, pues desde la infancia  supo que se dedicaría al cine el resto de su vida. Así como su padre le dijo algún día: “Aprende tu trabajo y nunca dejarás de ser un genio”, el director solo ha crecido en talento y genialidad desde que comenzó su carrera. David Fincher

La cara de un verdadero artista, un director de cine, quien, a pesar de trabajar por encargo, hace de cada obra un trabajo personal. Disecciona el guion y lo convierte en algo propio; decide qué sirve y qué se desecha, qué será arriesgado y qué impactará. Su capacidad de asombrar poco tiene que ver con la repulsión visual que causa. Más bien, la impresión radica en el psique humano, lo más grotesco que podemos observar en sus filmes.


Aunque él haga uso de sangre y elementos visuales agresivos, al final, es la mente de los personajes lo que nos hace encontrarnos con ese espejo en donde una persona puede ver cuál es el límite de su naturaleza: el preciso momento en que encontramos el elemento clave de sus películas.

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Con una estética oscura, el trabajo del director se muestra siempre frío y calculador. Los movimientos de cámara estáticos generan una impresión de personaje omnipresente, lo que genera en el espectador una sensación de confianza en las imágenes que ven. Y yuxtapuesto con este formato sombrío nos  encontramos con personajes y narradores desconfiables. Esto convierte al público en un tercer elemento: lo hace participar en la trama. Las películas de Fincher obligan a buscar un culpable, un responsable de lo que sucede, a pesar de que algunas veces no sabemos lo que sucede.
2 Su filosofía se centra en el trabajo duro, quienes trabajan con él saben que las tomas pueden repetirse 15 o 25 veces hasta que quede convencido de que la escena es perfecta. Él dice que cuando llegas a tu casa y lanzas tu saco a una silla, después de 15 veces lo harás naturalmente; y los actores que son profesionales, deben ser naturales ante la situación, y Fincher no tiene miedo de exigirlo.

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El trabajo de Fincher muestra cómo un director rompe paradigmas de manera sutil, puede encontrar su voz y perfeccionar su trabajo. En los últimos años se ha dedicado a generar películas, y al mismo tiempo incursionó en las series de televisión, pues cree que los personajes no tienen tanto tiempo para desarrollarse en una cinta de dos horas y media como lo tienen a lo largo de varias temporadas en una serie. Y es gracias a las nuevas series y los nuevos formatos televisivos que él  dirige la producción estadounidense de la serie House of cards, donde Frank Underwood, cuya inspiración viene de la obra de Shakespeare "Ricardo III", y que es protagonizado por Kevin Spacey, ha sido considerado por la crítica como uno de los personajes más complejos de  la televisión.


Con tan solo 52 años, David Fincher tiene ya un puesto entre los directores más importantes de los últimos años. Su trabajo es materia de estudio entre cinéfilos, y sus cintas siempre generan controversia debido a diversos factores: desde las actuaciones excelentes, hasta el trabajo formal del director o los temas que se tocan en la cinta. La intensidad generada en las historias que traduce del guión a la cámara, explotan el factor humano, esencial en su obra.  Al hablar de personas, Fincher sabe transformar momentos de la vida que, visualmente parecen ser simples, en algo dramático y complejo.


Referencias: