Despedirse siempre será complicado, ya sea de alguna persona como de los libros, películas y series que nos han hecho suspirar. Así fue recibido el final de Orphan Black. Al público fiel que ha seguido esta historia a lo largo de cinco temporadas ha pasado un momento difícil cuando el pasado 12 de agosto se estrenó el último de los diez episodios finales. Y es que cómo despedirse de la sestra, de Cosima y de los gravísimos problemas mentales de Alison. Neolucion y sus terribles planes genéticos nos han mantenido en vilo desde el debut de la serie en 2013. Sumado a la excelente historia y la brillante actuación de la protagonista, la sagacidad inaudita de Sara Manning nos ha resultado satisfactoria sin entender bien por qué.

Si lo analizamos fríamente, la serie nunca pudo haberse considerado una obra maestra. Era simple —aunque la trama se complejizó cuando comenzaron a salir nombres, organizaciones y planes secretos por todos lados—; era básica para el género de Ciencia Ficción; ni siquiera estaba cargada de efectos especiales que dejaran sin aliento. Pero nos atrapó a todos.
Hay quienes creen que lo más impresionante de Orphan, desde el inicio, fue la grandiosa actuación de Tatiana Maslany: su capacidad de dotar de personalidades distintas a todas las clones, de hacerlas reales, de permitirnos ver cómo evolucionaba cada una de las tramas. Maslany fue capaz de hacernos sucumbir antes los encantos de cada una y que olvidáramos que se trataba de la misma persona con diferente peluca.

Nos cuesta mucho encontrarle una nota desafinada a la serie, aunque durante la cuarta temporada una sombra comenzó a pasearse sobre algunos momentos de la trama: o se terminaba pronto o se terminaría arruinando todo. Por suerte, los creadores tuvieron la misma idea y decidieron cortar por lo sano. La quinta sería la última, nos anunciaron atinadamente. Ahora venía el problema: ¿qué hacer con tantos personajes entrañables?, ¿qué hacer con tantos buenos momentos? ¿Y qué pasaría con las LEDA y Castor? ¿Orphan terminaría en esa fastidiosa categoría del fan service —la desgastada estrategia narrativa que utilizan algunos escritores para complacer a los fans sin pensar realmente en la narración?
Afortunadamente, Orphan Black no se fue por el camino fácil. Durante la última temporada sólo se cerraron los círculos, uno a uno. Aparecieron los rostros de los villanos, que en las temporadas anteriores sólo podíamos intuir como sombras. Se unieron, se separaron, terminaron de madurar. Nada de complacer a los fans, nada de giros dantescos, nada de truquitos bajo la manga. Una historia lineal, llana y hermosa; con errores, por supuesto, con momentos que no terminaron de cuajar, pero sin perder la elegancia.

En particular podemos mencionar el caso del personajes conocido como la señora “S”. La señora “S” murió como luchadora, murió y se llevó a su asesino con ella. A la señora “S” la odiamos, la amamos y terminamos casi idolatrándola. La señora “S” era el arquetipo del héroe moralmente superior que sabía siempre, sin titubear, qué tenía que hacer. El héroe que se convierte en mártir. Su funeral fue uno de los mejores momentos de esta última temporada, lo suficientemente emotivo como para no dejarnos indiferentes, pero sin caer en la cursilería telenovelesca.
Así llegamos al episodio final, a las escenas finales. Orphan Black se despidió sin mucha pompa. Con un final cerrado, de cuento de hadas, en el que todas las clones por fin pueden reunirse en el patio de la casa de Alison y charlar después de que Neolucion ha sido expuesto al mundo. Un final en el que Helena puede criar a sus bebés sin otros peligros más que los propios de la maternidad. Cosima ha desarrollado la cura y viaja por el mundo para salvar a sus hermanas clones —al lado de su atractiva novia, Dolphine. Rachel Duncan ha expiado sus pecados con sus hermanas. Sarah sigue siendo esa renegada asocial que daría la vida por su familia —clara herencia de la señora “S”— y Kira por fin puede consolidarse en una familia relativamente normal.
En un momento en el que las series suelen tener giros, finales inesperados o dejar un pequeño guiño que nos haga soñar con una continuación en el futuro, Orphan Black nos ha recordado el legítimo derecho que tienen todas las historias de terminar bien; no felices, no idealizados, no en eterna armonía. Sólo de terminar bien: simple y bello.
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Esta serie plantea una postura claramente feminista y utiliza los recursos de la Ciencia Ficción para agudizar el impacto de las verdades que nos rodean. Si te interesa ver más producciones que hablan sobre feminismo, te recomendamos estos documentales . Además aquí tenemos una lista de documentales para entender el Feminismo que puedes ver en Netflix.
