Ser feliz es un lujo en la actualidad. Existen pocas personas que en verdad esbozan una sonrisa que represente fielmente lo que sienten en el interior. En México, el 57 % de los hombres es feliz. Este sentimiento engloba su vida en general: su estatus sentimental, el trabajo que tienen, sus relaciones de amistad y familia, el lugar en donde habitan y los hobbies que tienen. Todo ello, los hace felices. En cambio, las mujeres no están completamente satisfechas con la vida que llevan, demostrando que requieren un esfuerzo más grande en algún rubro, ya sea con la pareja, en el campo laboral o incluso en su interior.
Probablemente, las mujeres son más consientes de su realidad, o mejor dicho, de la realidad en la que el mundo vive sumido; mientras que los hombres, evadiendo un poco los problemas comunes, toman lo que tienen al alcance para poder disfrutar la vida. La pregunta es, ¿resulta mejor tomar lo que tenemos a la mano y disfrutarlo a como dé lugar o ser realistas y entender que la felicidad completa no existe? Una respuesta que se antoja complicada aseverar, pero que, el director norteamericano, Jim Jarmusch intentó encontrar en su más reciente filme; Paterson. Película que nos hace pensar en la felicidad, el nihilismo cotidiano y el sentido de pertenencia.

Paterson, personaje interpretado por Adam Driver, un tranquilo conductor de autobuses, toma unos minutos por la mañana para escribir un poco. En su libreta anota de manera poética todo lo que ve a su alrededor. Así, una caja de cerillos, un par de amigos que pasean por su casa, su esposa Laura, su perro, el bar de la esquina y el almuerzo son su fuente de inspiración. Entre versos libres y una mirada perdida en cada objeto que tiene al alcance, el poeta frustrado convierte cada día en un pequeño poema que se va viendo reflejado en las escenas.
La estructura narrativa se convierte en un suave y delicado poema que a ratos avanza lento, pero que demuestra la pasividad con la que el personaje vive. Siete estrofas cuentan la semana del conductor en las que la rutina es su principal compañera. Dentro de cada movimiento no halla nada nuevo, sino un mecanismo. Se despierta a cierta hora, besa a su mujer, espera en el autobús, escucha un par de pláticas, camina por el mismo lugar, arregla el buzón y pasea a su perro, no hay más. Pero por algún motivo, él está tranquilo con la manera en que se desenvuelve, su zona de confort no le molesta en lo más mínimo; sin embargo, de pronto entiende que dicha zona no es tan reconfortante, y no es completamente feliz estando ahí.

Su verdadera vocación no se encuentra detrás de un enorme volante, sino entre palabras, plumas y hojas en blanco esperando ser llenadas por versos que cuenten historias de amor, peripecias de un hombre común y la complejidad de ser uno mismo. En cambio, la rutina se vuelve la principal amiga (y enemiga) del protagonista, quien en el afán de encontrarle sentido a la vida, deja de lado su poesía para continuar con el día a día, mismo que parece ser perfecto ante los ojos de su esposa.
Ella sabe que Paterson tiene talento para escribir, es su principal admiradora y le aplaude cada palabra que éste plasma religiosamente por las mañanas; no obstante, la mujer vive su propia realidad, la cual se vislumbra en blanco y negro. Se encuentra en un limbo de sentimientos de los que sólo puede escapar intentando desarrollar algún talento, algo que la haga sentir más cerca a sus esposo y que le de importancia. Entonces, halla en ella misma una chispa musical sin desarrollar. A diferencia de Paterson, Laura (Golshifteh Farahani) se esfuerza en encontrar aquello que la haga especial y lo hace con tal entusiasmo que aunque no sea la mejor en la música, pareciera que logra su objetivo: ser feliz.
La trama gira entorno a un hombre que intenta tomar lo que tiene y convertirlo en su felicidad; sin embargo, sólo consigue aferrarse a algo que no le llena completamente. No son actividades que le hagan un ser feliz; pero tiene algo que los demás no: una vida segura, sin nada que le afecte o le descompense su realidad. Ese es el problema con Paterson, no es capaz de soltarse y dejarse llevar, no se enoja, no llora, no se regocija, simplemente existe.

Paterson es la película más cálida y fácil de ver de Jim Jarmusch. Deja de lado a los protagonistas intensos y con vidas aceleradas como en Sólo los Amantes Sobreviven, por ejemplo. Pero es también su cinta más compleja y directa, al reflejar la vida de muchas personas alrededor del mundo. Habitamos en una realidad a la que nos hemos acostumbrado, con la que tenemos una conexión directa, pero no genuina y que por miedo a perder o salir lastimados, preferimos acostumbrarnos. Ella nos absorbe, nos hace creer que estamos en una zona de confort de la que, si salimos podríamos terminar golpeados y mal heridos. Nos da miedo luchar por los sueños y arriesgarnos, haciendo que esa monotonía se convierta en una verdadera razón para vivir. Pero al final, está en uno mismo enfrentar la pasividad, para convertirla en una visión crítica y en movilidad de nuestras propias vidas que, inminentemente, han caído en la rutina.
