Sólo necesitas 3 películas para conocer la evolución del cine

Sólo necesitas 3 películas para conocer la evolución del cine

Por: Alejandro Arroyo Cano -




Parece imposible que tres películas expliquen la evolución del cine, pero es real. Antes de comenzar a disección del corpus cinematográfico hay que enunciar los límites de dicha osadía, para que el recorrido se haga posible. Primero: no se trata de el cine en general sino del cine hollywoodense. Segundo: nos centraremos en la figura del héroe y sus allegados para realizar el análisis. Tercero y último: tendremos de respaldo la teoría de Jesús González Requena, investigador que integra los conocimientos de Freud , Propp y Tomachevski para explicar lo que a continuación conocerán.

El primer paso es conocer y entender el eje de la donación y el eje de la carencia aplicadas al discurso cinematográfico o relato. El primero se refiere a las tareas que se le encomiendan al personaje principal o héroe, las cuales están regidas por el bien (mandato humano o ley humana) o el mal (mandato inhumano o ley inhumana). Un ejemplo sencillo de la estructura se observa en la cinta "El laberinto del Fauno" (Guillermo del Toro, 2006), en donde un ser místico pone a prueba (destina tareas) a Ofelia. El Fauno, debido a su condición, es considerado como el destinador.

evolución del cine

El segundo eje (el de la carencia) hace referencia al objeto y objetos que están ausentes en el protagonista y que desea. Gran parte de las cintas románticas se desarrollan bajo esta estructura. El personaje principal carece de un amor y cuando encuentra a una persona atractiva la convierte en su objeto de deseo. A partir de este momento, el otro individuo se convierte en su motivación y actuará para obtenerlo.

"Los directores vacían el ordenamiento simbólico deconstruyéndolos sistemáticamente mediante la inversión negra, propiamente siniestra, de la figura del destinador".


Haciendo la distinción entre el eje de carencia y donación, así como el héroe y el destinador, Jesús González Requena analiza el cine de Hollywood para decir que existen tres momentos fundamentales: el cine clásico, el cine manierista y el cine postclásico. Para ejemplificar cada momento debemos abundar en las películas "La diligencia" (John Ford, 1939), "Vértigo" (Alfred Hitchcock, 1958) y "Seven" (David Fincher, 1995).



La disección cinematográfica inicia con "La diligencia", uno de los westerns más aplaudidos de la época. La trama es sencilla: una carroza sale del pueblo de Arizona a Lordsburg, Nuevo México. Cada uno de los pasajeros tiene un motivo para viajar, el cual es tan grande que debilita el miedo a morir en manos de indios salvajes, cazadores de americanos. Poco después de iniciar la travesía se encuentran con Ringo Kid, un 'bandido' que se acaba de escapar de la cárcel para cobrar venganza por el homicidio de su familia en Lordsburg.

A pesar que Ringo es un bandido, encarna la figura del héroe porque sus motivaciones están regidas por el bien (mandato humano). Es un hombre valiente, fuerte y audaz. Se enfrenta a los indios de una manera digna y los vence. Nunca tiene miedo y, por consiguiente, cumple su misión. Dicho de otro modo, la cinta de John Ford es un relato clásico de la industria cinematográfico.

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Después toca el turno de Hitchcock con su vértigo, una completa disolución del orden simbólico que hasta el momento se venía trabajando. El relato padece de una alteración al presentar a un héroe y destinador confusos o dudosos. Scottie Ferguson (protagonista) es un detective que le tiene miedo a las alturas. Su debilidad hizo que perdiera un primer enfrentamiento contra el mal y ahora se esconde tras las faldas de su amiga Midge. A punto de retirarse de sus labores policiacas (la ley), recibe la llamada de su amigo Gavin Ester, quien le tiene un trabajo.

Gavin es el destinador, el agente que le encomienda la tarea de Scottie, pero su labor no es provocar miedo héroe al bien, sino a una trampa. El engaño oculto es la característica principal del cine manierista, la segunda etapa del cine hollywoodense que analiza Requena. Los ejes de carencia y donación se envuelven en una sombra siniestra que "separa la representación de la narración y esa distancia es la huella de la desconfianza con respecto al sistema de valores que impregnan los relatos clásicos".

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Ahora el héroe no es valiente, fuerte o audaz, sino una persona llena de dudas. El destinador, en lugar de guiar al protagonista a la luz, lo conduce a una oscuridad siniestra, una ambigüedad escalofriante. ¿Será que el bien se ha disuelto en la sociedad y el hombre tenga la necesidad de representarlo en el cine?

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La última etapa, en la cual estamos sumergidos, es la del cine postclásico. "Son relatos potentes como los clásicos, pero vacíos de todo ordenamiento simbólico; convertidos en máquinas espectaculares destinadas a conducir la pulsión visual de sus espectadores hasta su paroxismo. Los directores vacían el ordenamiento simbólico deconstruyéndolos sistemáticamente mediante la inversión negra, propiamente siniestra, de la figura del destinador. Los intensos dispositivos del suspenso ya no alcanzan su manifestación emocional cuando son encarnados en el acto del héroe sino que conducen al espectador a experimentar el desmoronamiento del sentido", explica Felicísimo Valbuena de la Fuente.

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En la cinta "Seven", David Fincher invierte la estructura al presentar una ciudad devorada por la maldad, donde el villano se alza por encima de la ley. "El espectador ya no encuentra convincente la figura del héroe, la rechaza como ingenua y maníquea; sin embargo, cree sin reparo alguno en el mal puro y letal que el psicópata encarna". Este fenómeno se puede observar en otras cintas como "Terciopelo azul" (1986), "El silencio de los inocentes" (1991) o "El club de la pelea" (1999).

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Jesús González Requena propone una emergencia de lo siniestro. Lo que debía que permanecer oculto, cito a Schiller, sale a la luz. Si en el cine clásico los valores de la justicia, el honor y el respeto representan el orden habitual de lo real, a partir del manierismo hay una descomposición para llegar a una alteración total en periodo postclásico. Gustavo García, crítico de cine, dice que "el cine es el reflejo de toda sociedad", entonces, la nuestra está siendo controlada por la maldad.
Ésa es la importancia teórica de Requena y, sin lugar a duda, su nueva interpretación del cine hollywoodense, la máquina que diluyó la mente del hombre y lo volvió un ser depresivo.








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