A lo largo del tiempo, la industria cinematográfica hollywoodense nos ha ofrecido un sinfín de historias increíbles. Una amplia diversidad de chick-flicks con los cuales los espectadores han logrado sentirse identificados en más de una ocasión. En ellos hemos visto cómo se representa el papel estereotipado de las mujeres, aquella que es femenina, fiel, amorosa, ama de casa, débil, etc.; la típica historia de la mujer a la que le rompen el corazón y un buen hombre, su “príncipe azul”, logra amarla y protegerla por siempre; la que con su belleza obtiene todo lo que se propone; la ama de casa que debe cuidar a sus hijos; la niña débil a la que todos molestan.
En cuanto al rol de los hombres, los podemos ver como el patán, el borracho, el que trata mal a todos los que lo rodean, quien mantiene la casa o resulta ser siempre el héroe de la historia. En fin, existe una larga lista de títulos de los cuales podríamos hacer un análisis de los roles de género que se muestran en el cine y son un reflejo de la sociedad en la que vivimos.

Una película que logró cambiar el tipo de historia que contaba, que rompe algunos clichés y nos muestra otra perspectiva, se trata de la trilogía de Los juegos del hambre. Esto debido a que Hollywood ha logrado a nivel mundial un alcance de entre el 40 % y 90 %; un ejemplo es en México, aproximadamente el 80 % de la oferta de cartelera está controlada por filmes realizados en esta industria.
“Los juegos del hambre es una trilogía que, como mencioné al principio, cambió en muchos sentidos la industria en Hollywood. Empezando por los números que recaudó: ‘Las películas acumularon más de dos mil 300 millones de dólares, lanzaron carreras e iniciaron tendencias'”. (Lisa Respers, 2015).
Y sobre todo, por la temática: se trata de una distopía en la que el poder está centralizado en el Capitolio, ahí se encuentra el poder económico y político a cargo del presidente Snow. El resto de la población se halla en un país llamado Panem, el cual está distribuido en 12 distritos. Cada año, para “mantener el orden”, se llevaban a cabo “Los juegos del hambre”, un evento que era muy mediatizado y festejado por los habitantes del capitolio; sin embargo, para los habitantes de Panem, resultaba una tortura. Se trataba de elegir a un hombre y una mujer mayores de 16 años para pelear a muerte en un campo de batalla. Pero la historia cambia cuando Katniss Everdeen aparece. Ella se ofrece como voluntaria en el momento en que escogen a su hermana pequeña, Prim, para pelear. Así que logra transformar la historia de Panem al rebelarse contra el sistema, salvarse y rescatar a su compañero de distrito. A partir de este evento, inicia una revolución y se vuelve la imagen de la misma.

Katniss Everdeen se nos muestra como un personaje fuera de lo común, un personaje excluido. “Judith Butler ha querido poner en relieve el carácter cultural, constituido o artificial, podríamos decir, de las normas a través de las cuales al mismo tiempo se constituye a los sujetos centrales y se excluye a los otros”. (Pablo Iglesias, 2014); es justo esto lo que la convierte en la protagonista de la historia.
Aunque no está sola, la acompañan una serie de personajes —sus mentores, diseñadores y su compañero de pelea—, con los cuales, a pesar de ser diferentes, se logra sentir identificada cuando ellos también son excluidos de sociedad en la que viven; “(…) la solidaridad entre los sujetos excluidos es una clave de interpretación fundamental, no sólo para entender cómo se relacionan los personajes, sino porque es verosímil que los sujetos más débiles consigan permanecer en la partida y tener el papel de auténticos protagonistas”.
“Los sujetos excluidos, además de evidenciar las reglas del mundo, son también los personajes, que (…) pueden querer rebelarse contra [éstas]” (Pablo Iglesias, 2014). Como ocurre a partir de la segunda entrega de la trilogía, cuando da inicio la revolución.

Katniss, además de ser la cara de la revolución, es un papel contrario al que se suele representar a las mujeres en Hollywood, posee atributos que sólo se asocian a los hombres: fortaleza, valentía y carácter; mantiene un discurso de no querer tener hijos ni casarse, y es quien lleva el dinero a su casa. Todo lo contrario a su compañero de distrito: Peeta Mellark, quien es un chico dulce, vulnerable, sueña con una familia y su arma es su carisma. Los roles de ambos personajes son distintos a los que la sociedad ha impuesto de cómo debería ser una mujer y un hombre.
Una historia que aparentemente empodera a su protagonista. Incluso el mismo reparto lo menciona, como la actriz Natalie Dormer: “Una franquicia puede tener mensajes importantes y esperanza para inspirar a una generación, y aun así hacer mucho dinero y atraer multitudes”. O tal como afirma Lisa Respers: “Lo importante es la calidad del contenido. Podemos ser más sofisticados y más respetuosos de nuestras audiencias cuando hacemos grandes éxitos de taquilla”.
Al final de la trilogía, en Sinsajo, podemos ver que la rebelión termina de forma inesperada, con muchas muertes y con cierto trauma en los protagonistas; sin embargo, ambos se salvan, surge el amor entre Katniss y Peeta por lo que terminan casados, con dos hijos y ella como ama de casa.
Entonces, ¿de verdad existe tal empoderamiento de la protagonista o se vuelve a caer en el cliché de que, al final, la única opción para una mujer es casarse y tener hijos aun cuando sus aspiraciones eran distintas?

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