¿Por qué comemos pan de muerto?
Comida

¿Por qué comemos pan de muerto?

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Por: Alex Campos

15 de octubre, 2015

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Por: Alex Campos

15 de octubre, 2015


El sol comenzaba a ocultarse mientras el ruido de los tambores resonaba en las escalinatas de las grandes pirámides. Los rayos anaranjados se reflejaban en los grandes lagos, y un inquietante viento provenía de las grandes montañas. La gente esperaba, sólo eso. Custodiada por los mejores guerreros, una bella doncella aceptaba con orgullo su destino, recorriendo el camino de sangre que provenía desde la cima del templo y que había dejado una fétida huella en la piedra.

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El hombre vestido con la piel de otra víctima le recibió con un cuchillo de obsidiana en la mano, indicándole el ritual a seguir. La mujer de color cobrizo hizo una pequeña reverencia a los monolitos del templo, saludó a los cuatro puntos cardinales y se acostó en la piedra. Los tambores dejaron de sonar y sólo se escuchaba un tenue sonido, cúmulo de las miles de respiraciones en la gran plaza. El sol desaparecía, y la hora gris comenzaba. Con la incertidumbre de si el sol saldría de nuevo al siguiente día y con la llegada del frío nocturno, la obsidiana se abrió camino entre la tersa piel de la mujer. 

Sin detenerse, el cuchillo desgarró los tejidos hasta llegar al corazón que palpitaba entre las membranas que aún resistían y la sangre que comenzaba a brotar. El sacerdote arrancó con un fuerte movimiento el corazón, y mientras éste aún palpitaba en su mano, lo mordió con los pocos dientes que tenía. La doncella se despidió del mundo terrenal con la imagen del fétido hombre derramando su sangre por la comisura de los labios. El sol habría de salir nuevamente.

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Los españoles apelaron a sus santos y su Dios ante la barbarie y el horror que las costumbres prehispánicas representaban para su idiosincracia. Los sacrificios humanos, relatados para su Majestad el Rey de España, sirvieron como argumento para la "necesidad de evangelización" de los indígenas. A pesar de la destrucción de los templos y la prohibición de todos los ritos religiosos, los españoles encontrar en el sincretismo la herramienta perfecta para lograr que las población nativas adoptaran un nuevo estilo de vida.

Se sabe, por ejemplo, que la Virgen de Guadalupe y su aparición a un indígena, representó uno de los principales discursos de la Iglesia Católica para convertir a la población, pues la imagen es producto de un cuidadoso estudio por mezclar simbología cristiana con la prehispánica. De tal suerte que existen elementos que permiten relacionar a la figura femenina de la Virgen con deidades prehispánicas con un discurso similar. El sincretismo, padre del mestizaje cultural llegó incluso a los alimentos, incluido el pan de muerto.

pan de muerto

Ese delicioso alimento que disfrutamos en la temporada cercana al Día de Muerto, e incluso antes, es resultado de la idea española por convertir los salvajes rituales prehispánicos en tradiciones menos "bárbaras". De este modo, el sacrificio humano se adaptó a un pan, en el que un bollo de mantequilla representara el cuerpo, mientras que cuatro huesitos representarían las extremidades del difunto y una bola grande al centro, conocida como "chichita", sería la cabeza. Además, los cuatro huesos harían alusión a los puntos cardinales, representados por cuatro divinidades prehispánicas. Originalmente, se sabe que el pan era de color rojo para representar la sangre ofrecida a los dioses, y la oportunidad de poderlo comer, intentaría igualar la experiencia de morder un corazón humano.

José Luis Curiel Monteagudo, en su libro Azucaradas, Afanes, Dulces y Panes (1999), detalla que "comer muertos es para el mexicano un verdadero placer; se considera la antropofagia de pan y azúcar. El fenómeno del pan de muerto se asimila con respeto e ironía al desafío a la muerte, se burlan de ella comiéndola". Aquella tradición colonial que permitió la incorporación indígena a la vida cristiana, perdura hasta nuestros días, respetando casi de manera íntegra la receta original. Sin embargo, como suele ser costumbre ante la multiculturalidad de nuestro país, el pan de muerto se ha adaptado a ingredientes, sabores y colores distintos. 

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Fuente:
La influencia de la muerte en la obra de Luis Buñuel. España y México, dos perspectivas afines ante la muerte. Miguel Ángel Moreno Tavera. 


Referencias: