La nueva versión live action de Cómo entrenar a tu dragón llegó a los cines con una sorpresa que no todos esperaban: un Berk mucho más diverso. Lejos de repetir el molde nórdico-blanco de la película animada de 2010, el remake dirigido por Dean DeBlois propone una comunidad más plural, donde conviven personas de distintas etnias, acentos y culturas. Y aunque algunos fans reaccionaron con incomodidad ante estos cambios, la película no solo los justifica con coherencia narrativa, sino que los convierte en parte esencial de su universo.
¿Por qué Berk es más diverso en el live action de ‘Cómo entrenar a tu dragón‘?
Dean DeBlois, el mismo que dirigió la trilogía animada original, regresa para dar vida a esta nueva versión producida por Universal y Marc Platt. Con Mason Thames como Hipo, Nico Parker como Astrid y Gerard Butler repitiendo su papel como Estoico el Vasto, la historia vuelve a enfocarse en la relación entre un joven vikingo y su dragón, Chimuelo. Pero el contexto ha cambiado: Berk ya no es un pueblo blanco perdido en el norte, sino un crisol cultural que refleja los desplazamientos y alianzas provocadas por la amenaza de los dragones.

Berk ya no es un solo pueblo: es un refugio global
La película establece desde las primeras escenas que Berk no es una aldea homogénea, sino un refugio que ha reunido a los mejores guerreros del mundo, provenientes del Lejano Oriente, la Ruta de la Seda o la costa africana. Estoico lo dice con claridad en una asamblea: los dragones son una amenaza global, y eso ha obligado a pueblos muy distintos a convivir bajo una identidad común.
Este contexto no solo justifica visualmente la diversidad del elenco —como la elección de Nico Parker, actriz birracial, para interpretar a Astrid—, sino que le da al mundo de Berk una profundidad mitológica que la versión animada nunca exploró.
La representación no estorba: construye
Los detalles de producción lo confirman. Las vestimentas, las armas, los tapices y hasta los peinados tienen influencias culturales de distintos rincones del mundo. Astrid, por ejemplo, combina trenzas nórdicas con textiles que evocan culturas afroasiáticas. Y no es solo por estética: todo responde a la idea de que los habitantes de Berk son supervivientes de distintos pueblos que se vieron forzados a abandonar sus tierras y reinventarse juntos.

¿Los vikingos eran todos blancos?
No exactamente. Aunque Hollywood los ha retratado como una etnia nórdica homogénea, el término “vikingo” se refiere más a una ocupación o estilo de vida que a una identidad racial. Como han documentado historiadores de Oxford y otras instituciones, los pueblos vikingos asimilaban otras culturas a través del comercio, las guerras y los desplazamientos. Así que, incluso desde una perspectiva histórica, la idea de un Berk multicultural no es tan descabellada como algunos quieren hacerla parecer.
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Lo diferente siempre ha estado en el corazón de esta historia
Más allá de los datos, la lógica emocional de la película también apoya esta visión. Hipo siempre ha sido el raro del pueblo. Chimuelo, el dragón más temido, resulta ser el más noble. Cómo entrenar a tu dragón siempre ha tratado de eso: de cómo lo que parece extraño o diferente puede ser precisamente lo que salva a todos. La diversidad étnica refuerza ese mensaje. No lo contradice. No lo reemplaza. Lo amplifica.

Una polémica que la película resuelve mejor que Twitter
Aunque en redes sociales hubo quejas por “inclusión forzada”, la película no pierde tiempo explicándose. Solo lo muestra. Lo establece desde el principio, lo integra en la narrativa de manera orgánica y sigue adelante con la historia que importa: la de un niño que no encaja, un dragón incomprendido y un mundo que necesita cambiar para sobrevivir.
Y ese cambio ya no se siente como una concesión para calmar a nadie. Se siente como una expansión natural del universo. Más rica. Más coherente. Más viva.
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