El disco que sólo disfrutarás si tienes menos de 30 años

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El disco que sólo disfrutarás si tienes menos de 30 años
El disco que sólo disfrutarás si tienes menos de 30 años

Quiero caer para siempre si no estás a mi lado.

“Blue Train Lines”, Mount Kimbie

I

«¡Esto no es música». Los puristas del rock se desconcertaron al mirar a Sex Pistols escupiendo, gritándole a la Reina y gruñendo con furia detrás del micrófono. «¡Esto no es música!» Los padres de esos conservadores callaban a Elvis Presley, indignados por su fachada sexual, lista para depravar al mundo. «¡Esto no es música!» Otra generación de detractores odió al hip-hop; señalaron carencia de creatividad a los MCs por usar loops de música pop para crear ritmos y usar poesía enojada para llamar la atención. «¡Esto no es música!» Miles de “rockeros” gritan al escuchar un poco de música electrónica (la cual son incapaces de identificar por subgéneros) rechazando la idea de que, si no se tiene una banda ni “instrumentos reales” no se puede crear un disco que llene el alma y nos haga perdernos en la fantasía que crea la música para nosotros.

Gran parte de las generaciones mayores tiene cierta tendencia a alejarse de cualquier tipo de música electrónica. Fanáticos de Pink Floyd, Queen, o hasta bandas nuevas como los Arctic Monkeys o The Strokes, se rehúsan a pensar que ese tipo de sonidos tengan un poco del alma de aquellas bandas que aman con pasión. No pueden imaginar un auditorio sin personas cantando un coro a todo volumen o moviendo la cabeza como un ser poseído, dejándose llevar por el hechizo de una “estrella de rock”. Para ellos, una época ha terminado. Creen que nada superará a Freddie Mercury, Jim Morrison, Janis Joplin o a Kurt Cobain; sin embargo, se olvidan de que no es necesario que alguien lo haga. Su lugar nunca será remplazado, pero es momento de darle paso a otro sonido; algo que nos vuele las mentes de una forma diferente…

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Desde el nacimiento del hip-hop y el new wave, los cuales integraron los primeros sonidos electrónicos, ha existido cierta pasión por la experimentación. A diferencia de crear música con instrumentos, las personas lo grababan, jugaban con su estructura y lo convertían en otro elemento; el centro de producción y el estudio se transformaron en las nuevas guitarras. Aunque la música electrónica mainstream se aprovechó de esos elementos para crear melodías absurdas, sin sustancia; otras bandas como New Order, Portishead y Radiohead tomaron prestadas esas bases para crear piezas fuera de lo convencional; temas que, aunque no harían un eco enorme en un estadio, se llevaban una parte de nosotros.

Se necesitaría un enorme libro para cubrir la historia de cómo evolucionaron esos sonidos, y aunque gran parte del público (en su mayoría joven) ha adoptado esa forma “nueva” de escuchar música y de mirar la nueva forma del rock, las antiguas generaciones jamás podrán comprenderla.

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II

Con una alarma súbita abrimos los ojos, aunque en realidad parece que los tenemos cerrados. Somos como individuos que acaban de perder la vista y se están acostumbrando a las nuevas texturas. Existen matices que no habíamos notado. Nos situamos en un nuevo universo. Los primeros minutos de Love What Survives, álbum al que nos referimos, son como entrar y salir de una piscina helada pero confortante. Acelera el paso de la mente en una mezcla entre un loop interminable y el alma perdida del post punk que hace su regreso de la nada. Se alza como una sábana volando en el cielo sólo para ser interrumpida por la voz de King Krule. El cinematográfico inicio del álbum es una pista del caos que está a punto de desatarse. Mount Kimbie, el dúo responsable por la aventura, nos empuja de un avión y muestra que finalmente se ha perfeccionado esa mezcla entre la música electrónica, el hip-hop y el tan defendido “rock”, aunque en realidad esa palabra no significa nada.

A partir de ese momento el álbum se convierte en un viaje a través de la música de los últimos 40 años. Se transporta entre sonidos “falsos” retomando el espíritu escandaloso del pasado, pero llevándolo a un punto melancólico que nos hace sentir protegidos. Dominic Maker y Kai Campos, los responsables, hacen que cada uno de los sonidos tomen matices; delante de cada toque de su pintura, añaden un poco más. Su evolución de apenas seis años, la cual empezó con experimentos con el dubstep –otro género odiado por los puristas– trascendió lo tradicional (incluso para lo actual) y usando ambient, música concreta, gospel, e IDM, moldearon un trabajo que es suave, rudo, angelical y la prueba de que en la actualidad aún hay música con la que miles pueden perderse.

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James Blake, Andrea Balency y Micachu, grandes aliados del par hacen su aparición en el álbum quitándole el sentido instrumental que tanto asusta a quienes adoran los himnos el rock. Entre esos tracks se encuentran secuencias instrumentales que toman prestadas del trip-hop y las convierten en piezas que suenan a clásicos sonidos de culturas antiguas, un legado que trascendió durante los cambios del siglo XX y aún continúa alimentando las creaciones del presente. Incluso el pop alternativo de Alpine, Alt-J y la sutil influencia del dubstep “alternativo” hacen sus apariciones para que las composiciones parezcan genuinas orquestas contemporáneas que permiten mezclar el gospel con gritos y lamentos dignos de un track de Kendrick Lamar.

“We Got Home Together”, “Marilyn”, “You Look Certain” y “T.A.M.E.D” son las monedas de platino sobre el cofre lleno de monedas de oro. Son ajenas a aquello que Mount Kimbie hubiese podido producir hace seis años y son la primera huella de un camino que no parece tan perdido. Los tracks, a pesar de no ser interpretados por un cuarteto de músicos tradicionales o una enorme orquesta, ofrecen una visión hacia el nuevo mosh-pit o headbanging con un puño al aire durante un rock de estadio: cientos de cabezas en trance dejando que la música entre a sus oídos y los lleve hacia ese mundo privado y comunitario a la vez. El arte regresa a lo básico y se trata de escuchar; permitir que cada nota haga su paso a través del sistema, que nos haga temer, sonreír, sufrir y pensar.

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Cuando decimos que los mayores de 30 años no lo entenderán, probablemente exageramos, sin embargo, gran parte de esas generaciones están acostumbradas a un sonido específico; serían como aquellos seguidores de folk que perdieron la cabeza cuando miraron a Bob Dylan tomar una banda con instrumentos eléctricos mientras «destruía la tradición musical», pero él no había roto nada, sino que la cambió. Quizá también nos excedemos al darle tanto valor a Love What Survives, pero es imposible no apostar por semejante sonido. El dúo está rompiendo géneros y los moldea para su conveniencia. El álbum es un trabajo para escucharse durante años. Nos lleva por distintos momentos. Es el perfecto acompañante cinematográfico para vernos caminar mientras el mundo se transforma junto a nosotros. Posiblemente algunos se tardarán más en aceptar esta idea de una “perfección sonora post rock”.

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III

Siempre que se habla de nueva música en Internet, decenas de comentarios se dedican a afirmar que hoy absolutamente todo es una mierda. Que nada superará las bandas que escucharon durante toda su vida y que no existen nuevas canciones inolvidables. Sin embargo, esas mismas personas se rehúsan a mirar el nuevo panorama; esta historia de la música electrónica vs, “rock” existe desde hace décadas y posiblemente nunca terminará.

Love What Survives es para un oído específico. Aquél que conoce la trascendencia de la música instrumental y la experimentación en un estudio o con diversos elementos electrónicos, el que puede apreciar la música clásica con los ritmos profundos del trip-hop. Los que aman tanto a Joy Division como a Chopin y entienden que los loops no son infantiles, sino ritmos esperando a ser descubiertos. Es el esplendor de la música contemporánea; el próximo enemigo que sobrevivirá siendo de culto, como un ejemplo más para el inminente futuro.

¿Qué te pareció el disco? Si tuviste una conexión con estos sonidos podrás deleitarte con el DJ set que tendrá Mount Kimbie el próximo 15 de febrero en Foro Normandie. Consigue tus entradas en el siguiente enlace.

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