Siempre polémico y obsceno, el reggaetón se convirtió en el hit que todos quieren bailar en una fiesta. No importa si te gusta tal o cual cosa, si tu estilo dice que eres hipster, mirrey o metalero, cuando los ritmos tribales se apoderan de tu cuerpo lo único que quieres es moverte y compartir el frenesí con otra persona. Sumarte al famoso perreo que está conquistando a todo el mundo por ser desinhibido y exacerbar los más profundos instintos sexuales.

¿Será que el género llegó para unir a los diferentes grupos que se negaban a compartir la pista de baile?

Históricamente siempre ha existido una división entre los integrantes de un grupo. Llámense emos, rockers, ravers o rapers; todos se movían dentro de su círculo de amigos, gustos y formas de pensar. La música es el ingrediente más importante, aquel que los une y los separa de los demás. Después viene los elementos estéticos de las prendas y conjuntos para que al final del camino se levante un paraíso a puerta cerrada.
Para sorpresa de todos, la llave que abrió el candado llegó desde uno de los lugares más marginales de la cultura, desde un área que es despreciada por las personas “refinadas” y de las altas esferas. El reggaetón nació en lo más bajo de la sociedad, ahí donde las monas abundan al igual que las “ñeradas” y los robos. Ese es el negro estereotipo del reggaetonero, aunque, como en todo los grupos, hay excepciones particulares y exageraciones de quienes no se identifican con él. Lo importante aquí es la música que se nutre de sonidos afro-caribeños y del hip hop para brindar un beat sugerente al que pocos se resisten.
¿Cómo ascendió este género hasta un entorno donde abundan las cervezas artesanales, los viajes en Uber y las selfies con un iPhone 7?
Cuando empezó a popularizarse lo hipster, sus actores se encargaron de construir un mundo de apariencias con atuendos cuidados, “conversaciones intelectuales” y música independiente, por lo general en inglés. Lo más caribeño que tenían los hipsters era su gusto por los mojitos. En cambio las personas que componen los estratos más bajos de la sociedad, ¿qué tienen que cuidar y a quién deben impresionar? Todos son iguales.
Fue entonces cuando formaron una subcultura de acuerdo a sus gustos e inquietudes. Le dieron un protagonismo a las sensaciones en lugar de las apariencias y se entregaron al placer. En cierta forma son más libres que muchos grupos pues se dijeron a sí mismos: «Si lo que quiero es excitarme al bailar, lo haré sin vergüenza o prejuicios». El reggaetón es la reivindicación paupérrima de los antiguos bacanales.
Al final nadie se resiste a los placeres carnales y aunque por fuera los los hipsters digan que el reggaetón es una basura, por dentro deseaban experimentar aquella libertad libidinosa. Por eso cuando el alcohol los desenmascaraba no faltaba la persona que decía: «Ponte la de ‘Gasolina’», dando inicio al perreo. Cuando se dieron cuenta que sí, quizá la música iba en contra a su estilo fancy, pero había la oportunidad de estrujar sus cuerpos sin sentir culpa, empezaron a gritar «¡Viva el reggaetón!».
Este fenómeno no sólo se limita exclusivamente a los hipsters ya que se repitió en distintos grupos sociales. Eso sí, el verdadero reggaetón conservó su estilo de barrio, lo que mantenía alejado a ciertas personas. La solución fue transformarlo en un discurso mucho más digerible, dejando a un lado las oraciones en extremo vulgares, pero manteniendo su ritmo característico. Así fue como surgió el reggaetón pop, aquel que tanto hipsters como mirreyes y otros grupos pudieron bailar sin culpa.
Lo más curioso es que por este género, que al inicio fue odiado por muchos, las personas comenzaron a unirse en la pista de baile, porque cuando se trata de perrear no importa qué ropa uses, sino cómo mueves la cadera.
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Gracias al reggaetón sé que por más lujoso que se vistan los hipsters, siempre habrá algo de barrio en sus corazones. ¿O ustedes qué piensan?
