Moondog: el músico ciego de las calles de Nueva York

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por septiembre 7, 2015
Moondog: el músico ciego de las calles de nueva york
Moondog: el músico ciego de las calles de Nueva York

Uno de los hombres más importantes en la música de la segunda mitad del siglo XX fue un músico vagabundo conocido como Moondog, del que pocos supieron de su existencia. Vivía en las calles, era ciego, medía casi dos metros y se vestía como vikingo: con un casco de cuero con cuernos, una capa y una barba blanca, así vagaba todos los días por la sexta y 53 avenida de Nueva York, tocando sus composiciones con instrumentos hechos por él.

Su nombre real era Louis Thomas Hardin, nació en Kansas en 1916, hijo de un pastor y una organista de iglesia. Su infancia estuvo llena de libros y de instrumentos musicales que sus padres le facilitaron al ver su temprana aptitud por la música. Pero cuando tenía 16 años, le explotó una cápsula de dinamita en la cara que lo dejó permanentemente ciego.

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En los años posteriores a su accidente, Hardin tuvo que aprender braille y lidiar con el divorcio de sus padres. Durante este tiempo, su hermana Ruth se dedicó a leerle todo tipo de textos filosóficos, científicos y mitológicos, sobre todo de la mitología nórdica, con la que estaba fascinado. Los años pasaron y Hardin, divorciado de una mujer mayor y sin amigos, acabó empacando sus instrumentos y se mudó a Nueva York en busca de una carrera como compositor.

Ya en Nueva York, sin dinero ni conocidos, se plantó afuera del Carnegie Hall para conversar con los compositores y músicos que entraban y salían. Después de un par de semanas conoció al director musical y encargado de dirigir la Filarmónica de Nueva York, Artur Rodzinski, quien después de escucharlo tocar le ofreció un trato: si Hardin podía producir una buena composición, Rodzinski le permitiría montarla en la Filarmónica, pero tenía que producirla él mismo.

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Sin presupuesto para pagar un asistente que tradujera su música en braille, regresó a las calles a tocar; es entonces cuando comenzó a transformarse en un vikingo barbado y genio musical.

En 1947 se apodó a sí mismo “Moondog”, en homenaje a una mascota de la infancia que “le aullaba a la luna”. Moondog se inspiraba en las historias mitológicas y en los sonidos que lo rodeaban: sirenas de niebla, automóviles, voces, ecos y logró grabar su primer álbum: Moondog Symphony.

Uno de los músicos que quedó impresionado con Moondog fue Philip Glass, quien lo invitó a vivir en su casa durante un año, en el que compusieron música todas las noches acompañados de Steve Reic.

Moondog comenzó a ganar fama en las calles de Nueva York debido a su excentricismo y su peculiar música, incluso le ofrecieron la oportunidad de grabar algunos sencillos y produjo un álbum compuesto de ocho canciones llamado Moondog en las calles de Nueva York, que le valió una reseña en el New York Times.

Con la llegada de los beatniks y los hippies en los sesentas, la apreciación por su música “anticonformista” y “extraña” creció notablemente. Leyendas del jazz como Charlie Parker y Charles Mingus lo consideraron un genio innovador, Janis Joplin grabó un cover de su canción All Is Loneliness y le presentó a toda una nueva generación de hipsters neoyorkinos, compartió escenario con Ravi Shankar, Salvador Dalí, William Burroughs y Allen Ginsberg. En 1969, CBS Records le prestó toda una orquesta con la que grabó Moondog, una compilación de sus composiciones y, dos años después: Moondog 2.

A pesar de todo esto, el anacrónico vikingo permaneció fiel a las calles . No le gustaba la fama ni el reconocimiento, y sólo se dedicaba a mejorar sus instrumentos y sus poemas. Cuando le preguntaron si le avergonzaba pedir limosna, la respuesta de Moondog fue: “No es degradante. Homero mendigaba y Jesús también mendigaba. Fueron sólo los calvinistas quienes ordenaron que ningún hombre que no trabaje puede comer”.

Después se fue a vivir a Alemania, porque una estación de radio de ese país le ofreció ir a a tocar una serie de conciertos patrocinados, los neoyorkinos pensaron que había muerto.

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Allí conoció a una mujer de 24 años llamada Iona Sommer quien se lo llevó a vivir a su casa. Sommer había escuchado su música y no podía creer que un hombre tan talentoso viviera en la intemperie, se volvió su publicista, productora, agente y transcriptora. Moondog sacó varios álbumes con su ayuda.

“Estoy viviendo en el paraíso del compositor”, comentó Moondog a un reportero. “Estoy rodeado de músicos, tengo mis comidas a tiempo, no tengo frío y, lo mejor, estoy libre para mi música”. Con esta libertad produjo muchísima música, y dio giras alrededor del Reino Unido, Austria y Francia. Incluso dirigió su música frente a la Corte Real. Sólo en una ocasión regresó a Nueva York, y fue para dirigir la Orquesta Filarmónica de Brooklyn.

Pero nunca regresó a su hogar en las calles de la sexta avenida; el 8 de septiembre de 1999, a los 83 años, Moondog murió en Münster, Alemania.

Actualmente, Moondog sigue inspirando a algunos músicos y siempre será recordado por regresar la fe en la música de las calles.

Fuente
Faena Aleph

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