Los 80 fueron una época dorada, maravillosa y llena de promesas en forma de despilfarro y estética neón. Cada campo cultural tenía su monarca, pero el más incierto era el tecnológico; ordenadores, bloques de plástico y metal llamados “celulares” que no tenían mayor esperanza de vida y algo extraordinario llamado videojuegos.
Cada exponente gozó de un reinado prolongado hasta que conoció a su archi-enemigo: el progreso. Desde entonces, la tecnología ya no toma diez años en evolucionar en funcionalidad y características; actualmente, bastan dos meses para que un dispositivo pueda ser obsoleto y su nueva competencia tendrá los días contados hasta el desarrollo de algo que la supere; posiblemente, en otros dos meses.

Aún así, existe un movimiento que se opone a esta cultura del despojo y la esclavización a lo que el sistema considera “actual”; la resistance se llama: chiptune.
La chiptune o chipmusic es un género musical en el cual todos los sonidos son creados usando ordenadores viejos o chips de sonido de consolas de videouegos. Al inicio el sonido venía en la forma específica de música de videojuegos de 8-bit (o menor), por ejemplo, las bandas sonoras de Space Invaders, Super Mario Bros.y Mega Man 2.

En la actualidad, el término también sirve para describir pistas que suenan como auténtica música de 8-bit, pero que son creadas con tecnología más avanzada, como software con sonidos pre-instalados.
La chiptune suele estar ligada a una cultura underground de compositores amateurs. Los chips disponen de un pequeño número de canales para trabajar y crean una onda de sonido diferente cada uno.
Un chip de Nintendo Entertainment System (NES) tiene cinco canales: dos ondas de pulso, una triangular, un canal de ruido blanco y un canal DPCM, el cual también es capaz de generar modulación por impulsos codificados (PCM), o, en pocas palabras, transformar una señal analógica en digital; con las Gameboy también es posible realizar esto.
Con el transcurso del tiempo, los músicos han desarrollado técnicas para superar las limitaciones de los chips al generar los distintivos ‘bleeps‘ y ‘bloops‘ del sonido chiptune; sin embargo, más allá de la música está el mensaje antisistema, anticonsumista y anticapitalista de este género, pues al utilizar hardware vintage se desafía la idea de objetos obsoletos de estos equipos.

En el documental de 2013 “Europe in 8bits” es posible ver el auge que esta escena tiene en el viejo continente y el impacto en esta generación; muchos de los exponentes de chiptune suelen conseguir los chips en tiendas de antigüedades o robándolos de chatarrerías.
Hoy el género se ha reinventado, permitiendo que nuevos artistas compongan música en una consola de videojuegos o, incluso, durante presentaciones en vivo. Todo esto con la filosofía chiptune del “hazlo tú mismo”.

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