Como desde un sueño…
Un tipo con cabello azul comenzó a cantar en la televisión. Apenas tenía 9 años cuando ‘Clint Eastwood’ llegó en 2001 a MTV. Siendo un niño pequeño, fanático de los dibujos animados de Cartoon Network y Nickelodeon, inmediatamente caí encantado con la historia de zombies que el video musical presentaba. Pero más allá de eso, mi oído quedó atrapado por la mezcla de melodía y hip hop, un género que sólo Eminem había logrado popularizar en nuestro país. A pesar de no entender ni una palabra seguía con atención lo que sucedía en pantalla y cómo evolucionaba la canción, hasta que la grabé permanentemente en mi memoria.
Gorillaz cambió mi vida, o al menos la forma en que percibía la música. Actualmente recuerdo con fervor ese primer álbum que cambió mi perspectiva sobre cómo crear sonidos y que mostró que una banda ficticia podía ser mucho más grande que una real… Siempre y cuando fuera auténtica a cada momento.
Sin embargo, hoy veo con tristeza a esos cuatro personajes. Aunque su nuevo disco es un excelente trabajo musical que explora el panorama y la diversidad de sonidos que existen en la actualidad, me hizo darme cuenta que la magia que vi en ellos cuando era sólo un niño desapareció. A pesar de que amo sus canciones ya no soy el mismo fan de hace algunos años.
En la colina de la melancolía
Seguí la historia del molino en ‘Feel Good Inc.’, la tragedia de Noodle en ‘El Mañana’, la persecución de las sombras con Bruce Willis para atrapar a Murdoc en ‘Stylo’. Postales que en mi cabeza casi me provocan el llanto al ver el video de ‘On Melancholy Hill’, porque era el clímax de una historia que me había acompañado desde niño. Incluso después del álbum, “The Fall”, me consideraba un fanático; me aferré a que sólo era una época distinta de experimentación. Conocía todos los tracks, había leído la mayoría de los textos sobre la banda y todos los elementos parecían tener sentido. Con “Humanz” sentí alegría; finalmente los tenía de vuelta, pero no había historia, ni sentimiento…
Mientras que en el pasado todos los elementos encajaban como si fueran parte de una obra magna, “Humanz” parecía más un proyecto que usó Damon Albarn para colaborar con todas las personas que admiraba del mundo de la música. Su enfoque ya no estaba en hacer que los personajes parecieran reales y que fueran los verdaderos intérpretes de la música, sino en crear excelente música acompañada de imágenes aleatorias con elementos visualmente sorprendentes. Por ejemplo, “19-2000” y “DARE” eran fantásticas experiencias porque Noodle cantaba, sin que nosotros supiéramos de quién era la voz real, en este nuevo trabajo las voces son tan variadas que sólo parece un disco de éxitos con los mejores artistas independientes de alrededor del globo.
Con esto en mente, descubrí que lo que amaba de la banda era su pasado, no su presente.
Perdón por lo que me he convertido / ¿Quién sabe la verdad?
“Perdón por lo que me he convertido”, dice la canción ‘Amarillo’ de su cuarto álbum, “The Fall”. Cuando Damon Albarn comenzó a apoderarse del escenario en vez de presentar a los personajes, fue el inicio de la caída. Súbitamente él era la estrella de nuevo, como en sus épocas de Blur. Murdoc y compañía pasaron a segundo plano y se convirtieron en estampas promocionales para vender un producto: el nuevo disco del héroe del britpop con sus 20 amigos. “Humanz” apenas y cuenta con una canción exclusivamente de los Gorillaz, que en realidad también podría ser del disco solista de su creador.
Claro, Gorillaz es la música y es lo único importante, podría alguien decir con absoluta justificación. Damon ha hecho un excelente trabajo en rescatar lo mejor de la música contemporánea, pero está tan enfocado en hacer buenos sonidos que se ha olvidado de la verdadera experiencia que era ver a la banda.
El video de ‘Saturn Barz’ es prueba de que Gorillaz seguirá un patrón permanente de locura sin enfocarse en crear una emoción en específica, sino en hacer la misma crítica social que ha hecho desde el inicio de su carrera. Es repetitivo y aburrido. El cuarteto no sólo es una banda, son personajes con historias que nunca llegaremos a escuchar.
Gorillaz era fascinante porque sus personajes evolucionaban, cambiaban, actuaban y nos hacían pensar que de sus mentes enfermas salía la música, pero “Humanz” se deshizo de eso. Con Damon como protagonista, ya no tenemos a los mismos rockstars que tocaban en medio de ataques de zombie, sino a unas caricaturas que ayudan a vender discos. Su cambio se detuvo y la magia en la que creí cuando era niño… finalmente de desvaneció.
