Como cada semana, en Cultura Colectiva les traemos una selección de álbumes cuidadosamente escogidos para enriquecer sus bibliotecas musicales. Sin importar género o año, estos materiales resultan esenciales en la colección de cualquier melómano, y suponen una experiencia artística bastante interesante y que vale mucho la pena. Como ya saben aquellos que han visto nuestras otras recomendaciones, éstas no tienen un hilo conductor, sólo el hecho de ser música increíble. Para esta semana la selección está conformada por dos álbumes de los 70 y tres de los 90, todos de diferentes géneros. Empecemos esta recomendación con:
Blue – Joni Mitchell (1971)

El “breakup album” por excelencia junto con Blood on the Tracks de Bob Dylan. Mitchell escribió su obra maestra después de haber sufrido una ruptura amorosa que la dejó devastada, plasmando su experiencia y el dolor que sentía de manera muy honesta.
Space Ritual – Hawkwind (1973)

Para entender de manera perfecta el trabajo de Hawkwind, hay que escuchar sus presentaciones en vivo. Space Ritual es un resumen perfecto del trabajo de la banda como pioneros del space rock, con improvisaciones y texturas que bien podrían haber sido tocadas por alienígenas.
Illmatic – Nas (1994)

El álbum encargado de revitalizar la escena del Hip-Hop de la costa este fue el debut de Nas. En una época en la que el Gangsta Rap de California lo era todo en una escena creciente, Illmatic cementó a Nueva York como el lugar al que había que voltear para ver qué pasaría en el Hip-Hop, tal como había sido en sus inicios.
Moon Safari – Air (1998)

Un año después de que Daft Punk pusiera los ojos del mundo en la electrónica francesa, Air lanzó su álbum primogénito. A diferencia del Homework de Daft Punk, Moon Safari no era un álbum de electrónica para bailar. Era un álbum para echarse en la cama a mirar el techo, pasar un día lluvioso dentro de casa, besar a tu pareja o dormir. Todo con ese toque francés perfumado y con bigote.
Music Has the Right to Children – Boards of Canada (1998)

Uno de los álbumes más influyentes del IDM junto con el trabajo noventero de Aphex Twin. Basado en la predominancia de la textura, como lo es el máximo dogma del ambient, Boards of Canada se valieron de grabaciones de sonidos realizadas fuera del estudio y mucha manipulación digital para crear un ambiente que, aunque suena muy familiar, tiene un no sé qué que no sé cómo hace de Music Has the Right to Children un álbum tan especial.
