Ya no te escribo esto con lágrimas en los ojos, el dolor en el pecho se ha ido y el brillo de mi rostro volvió a aparecer. Te fuiste, me engañaste en un momento que jamás lo creí posible. Me agarraste desprevenida, me agarraste ‘mal parada’, me agarraste débil, sensible y pequeña. El humo tras tu partida dolió. Los restos de un amor de mentiras. Pero he sanado y vuelto a sonreír. Esto que te escribo hoy es para ti, el despecho de mi vida.

Nadie creería que con esos ojos tan bellos y caminar danzante pudieras hacer tanto daño. Sabes perfecto cómo actuar. Te sabes atractivo, para mis ojos y el de muchas lo eras. Te aprovechas. Tú no te dedicas a un trabajo de oficina, tú de dedicas a romper corazones. Así, cruel y despiadadamente. Porque no, no fui la primera ni seré la última. Porque no puedes parar, el saber que alguien tiene el corazón partido por ti, te da vida, alimenta tu ego y esa experiencia y galanura crece buscando nuevas víctimas.
Yo no lo sabía y fui una de ellas.
Es que ¿cómo no caer? con tus buenos días llenos de café calientito y tus abrazos acogedores que parece te hacen olvidar todos los tragos amargos de la vida. Es sencillo caer a tus pies. Yo lo hice de una forma brutal. Caí sin freno. Cuando esos labios decían mi nombre algo dentro de mí se estremecía. Tus caricias por mi cuello se sentían con un camino al cielo y tus besos… pufft… qué decir de tus besos. Una combinación de intensidad con dulzura que no podría explicar. Quería vivir pegada a esos labios donde se sentían tan cómodos los míos.
Y entonces creí amar. ¿Esto es el amor? una obsesión por verte, saber de tu vida, me incluyas en tus planes y compartas conmigo tus aficiones. Quería apoyarte en todo lo que emprendieras pero a decir verdad, dabas una imagen de superioridad como que no te hacía falta nada. ¿Cómo podía corresponder todo lo que tú me hacías sentir?
Vivía flotando, jamás había entendido el significado de enamoramiento. Me parecías la persona más bella del planeta, no estoy exagerando. Mis ojos no podían voltear a ninguna otra dirección, siempre era hacia ti y nada más hacia ti.
Estaba hasta el cielo, me sentía en las nubes y de cierta forma mi corazón estaba muy lejos de mi cuerpo. Y entonces me aventaste de nuevo a la tierra, fuerte y sin protección. De pronto tu rostro dulce se convirtió en un monstruo que desconocía, tus manos con puño cerrado ya no tomaban la mía, tus pasos cada vez se alejaban más de mí y hasta tu tono de voz fue mucho más crudo y potente.
Te fuiste. Me tiraste. Me abandonaste sin piedad. Yo vivía en un sueño, en una especie de viaje astral, como si tuviera todo el tiempo los ojos cerrados hasta que tú pusiste todas las manos sobre ellos para abrirlos y hacerme entender que no, no eras el hombre que yo creía.
Me dejaste partida en mil pedazos.

El dolor en el pecho es indescriptible, jamás había sentido un quiebre de tal magnitud. Pedía piedad y tu regreso pero mientras más lo deseaba, tú más te alejabas encontrando nuevas víctimas. El dolor de cabeza todos los días y un calambrito en el corazón no me dejaban seguir. Me faltaba el aire, no quería comer y el pelo se me caía a mechones. Te extrañaba, o eso creía. Te quería a mi lado. No podía creer que ya no estuvieras en mi vida.
Con las pocas fuerzas que me quedaron comencé a avanzar. ‘Él ya no está’, me repetía constantemente, como intentando agarrar un poquito más de energía para dar pasos firmes. Al contrario. Había días que me adelantaba bastante pero muchos otros donde iba hacia atrás. Fue difícil, necesité ayuda porque no podía yo sola. Mi cuerpo no tenía la capacidad necesaria para olvidar todo y tomar fuerza de nuevo. Necesité manos, necesité oídos, necesité abrazos y uno que otro regaño.
Me cambiaron la vida, o mejor dicho, arreglaron lo que tú destruiste.
Esta carta es para ti, despecho de mi vida, porque me quiero despedir de este capítulo. No te quiero decir ‘adiós’ a ti, lo hice hace mucho tiempo. Quiero decirle ‘adiós’ a mi yo del pasado, a mi yo lastimada, a mi yo débil. Quiero cerrar ese libro que me dejó por los suelos luego de vivir en el cielo. Es momento de dejar atrás todo lo que tenga que ver con esos años y arrancarme del corazón, mente, cuerpo y piel todo lo que me recuerde a ti. Esto es un punto final, un cierre con el candado más fuerte, porque jamás volveré a permitir que alguien como tú, despecho de mi vida, me vuelva a partir en dos.

