
Este artículo fue originalmente publicado por Saulo AB el 21 de febrero del 2019.
El machismo es un esquema de prácticas que sustentan un nivel político y social para ciertos sectores. Y aunque muchos lo tomen como argumento, el machismo no es ni remotamente la contraparte del feminismo. Con este contexto, partamos hacia un nuevo punto pocas veces discutido: nuestro papel replanteándonos la masculinidad. Hoy muchos hombres somos más conscientes de que esto es real y tratamos de llevar nuestra masculinidad de un modo menos tóxico. Pero vemos que por más que apoyemos a las mujeres y que tratemos de hablar con otros hombres al respecto, la cosa entre nuestros amigos y conocidos no pinta muy distinta. Para aprender cómo apoyar el feminismo si soy hombre, necesitamos entender nuestro papel y la complicidad que sin querer tenemos con el machismo.

Ya no basta con ser “buenos hombres” ni decir “yo no hago esas cosas”, porque si seguimos solapando a nuestros amigos criminales y misóginos, entonces estamos fomentando el mismo daño que ellos. Porque sólo ser un “buen hombre” es igual a ser más de lo mismo y no asumir nuestro rol en el sistema con un mínimo de conciencia al respecto de la violencia machista. Ha llegado la hora de llevar nuestro papel hasta las últimas consecuencias y denunciar. Es muy cómodo ser el ratón de biblioteca o el chico sensible que dice “estoy con el feminismo, apoyo la causa de las compañeras”, pero no hacer nada en contra de esos conocidos o amigos que sabemos que son violadores en potencia, maltratadores y manipuladores psicológicos. Todos hemos dejado pasar las actitudes machistas en alguna ocasión.
En lo particular, tuve un amigo que trató de maltratar a una expareja. Sí, él estaba muy borracho y mi expareja estaba borracha y dormida en un coche. Cuando otra persona se dio cuenta de que estaba manoseando a mi ex, lo regañamos, discutimos y ya. En ese momento lo dejamos pasar, también lo hicimos después. Tanto mi expareja como yo creímos que no era necesario hacer más por alguien que siempre se ponía nefasto cuando bebía. Lo dejamos pasar hasta que nos enteramos que este sujeto también lo había intentado otras veces, con otras amigas y compañeras. Su actitud lo llevó muy lejos cuando tuvo, incluso, problemas legales por mandar fotos de su miembro a varias chicas de su escuela. Con el tiempo comencé a preguntarme por qué nunca lo denuncié con sus parejas, a las cuales engañó y maltrató. También comencé a cuestionarme por qué nunca dije nada al respecto de sus actitudes misóginas, como burlarse de las mujeres, mostrar las “nudes” que le enviaban otras chicas o tratar de sobajar a aquellas mujeres con las que estaba en las borracheras.

El no denunciar estas actitudes nos hace igual que ellos, porque nos hace cómplices. Sí, así tal cual. Decir “yo no violo”, “yo no maltrato” o “yo no mato”, pero no denunciar a los hombres que lo hacen, aún sean nuestros mejores amigos, es formar parte de lo mismo; es no asumir nuestro papel como hombres deconstruidos o conscientes del problema. El sólo ser “un buen hombre” nos hace igual que todos esos que sí maltratan. Quizá no en el mismo grado, pero nos pone dentro de su mismo nivel el permitir que esto ocurra y seguirlo fomentando. “Tanto peca el que mata a la vaca como el que le jala la pata”, dice el dicho. Tal vez deberíamos aplicarlo para nuestras relaciones amistosas con otros hombres. Quienes hemos comenzado a hacerlo nos hemos dado cuenta de que en realidad no es tan difícil.
Si quieres aprender más sobre cómo apoyar el feminismo si soy hombre, te recomendamos conocer a autoras como Simone de Beauvoir, que han logrado poner en palabras uno de los debates más complejos de nuestra historia. Si te interesa conocer más sobre la lucha feminista, estos son los tres libros imperdibles para conocer los principios fundamentales del feminismo.
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