Así vive una mexicana trabajando de niñera en el extranjero, según 4 mujeres
Estilo de vida

Así vive una mexicana trabajando de niñera en el extranjero, según 4 mujeres

Avatar of Kate Nateras

Por: Kate Nateras

21 de febrero, 2019

Estilo de vida Así vive una mexicana trabajando de niñera en el extranjero, según 4 mujeres
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Por: Kate Nateras

21 de febrero, 2019

En gran parte del mundo, los mexicanos han sido discriminados por sus raíces, pero esto no fue impedimento para que personas como ellas consiguieran éxito en otro país.


La mayoría de las personas crecen con la idea de que tienen que vivir para estudiar, elegir una carrera, conseguir un título universitario y así, tener un “buen” empleo; algunas veces dejando muchos sueños a un lado para poder tener una vida más o menos bien. Es verdad que esto no sucede en todos los casos, pero la vida te va presentando situaciones que simplemente no puedes dejar ir. 

Muchas personas están invadidas de ganas de viajar, conocer otros países y disfrutar de lugares insólitos, aunque a veces esto requiera de mucho esfuerzo tal y como algunas mujeres mexicanas que decidieron irse a ser niñeras al extranjero. En gran parte del mundo, los mexicanos han sido discriminados por sus raíces, pero esto no fue impedimento para que personas como ellas consiguieran éxito con la vida que tuvieron en otro país y que esto formara parte de lo que son ahora.

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TESTIMONIO 1: 

Mi nombre es María Antonieta de la Rosa Sánchez y hace muchos años tuve la oportunidad de irme a Francia como “fille au pair” (niñera).

Me fui por medio de una agencia que se especializa en contactar jóvenes que quieran formar parte de una familia cuidando a los niños de 6 meses a 15 años, pero con la condición de inscribirse en una escuela, sea cual sea el área de estudios.

Dicha agencia estudia el perfil de los jóvenes para encontrarles una familia afín para una convivencia agradable.

A mí me tocó vivir en París una familia de origen bretón (del oeste de Francia) con dos hijas, una de 1 año y otra de 6. Mi labor era cuidar de las niñas, sobre todo de la mayor, ir a dejarla a la escuela por las mañanas y recogerla por las tardes,  ayudarle en las tareas, llevarla a las clases extra (danza, piano, coro) y por las noches darle de cenar, vigilar su baño, acostarla y contarle un cuento antes de dormir. Esto para mí era muy bueno pues practicaba mi pronunciación sin temor a ser criticada o regañada por cometer errores al hablar en francés.

Aunque el trato con las niñas era muy agradable, el trato con la mamá de ellas no lo era tanto, pues era una señora un poco extraña a la que no le gustaba mucho “jugar a ser ama de casa” según sus propias palabras.

Pero si me preguntaran si repetiría esta experiencia, a ojos cerrados diría que sí. Tuve la oportunidad de conocer París bastante bien, sus museos, sus iglesias, sus cafés, conviví con muchas personas agradables y otras no tanto. Conocí algunas de las ciudades cercanas a París y pude disfrutar de la gastronomía a placer. Me fui con mi maleta llena de ropa y de sueños y regresé con ella llena de experiencias y amigos con los que aún tengo contacto.

Tengo 57 años y no me canso de recordar las experiencias vividas en aquella época, buenas o malas, y cada vez que me preguntan cómo fue mi experiencia en Francia digo lo mismo: enriquecedora.

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TESTIMONIO 2:

Mi nombre es Valeria Boquer y tengo 25 años, terminé mi carrera de Ciencias en la Comunicación y decidí venirme como Au Pair a Estados Unidos. Tomé la decisión de ser Au Pair porque quería vivir la experiencia de estar en otro país y poder mejorar mi inglés. Llegué el 18 de Junio del 2018, vivo en Nueva Jersey con la familia "Poznanski" que está conformada por Tom (host dad) es policía, Angela (host mom) trabaja en una tienda de venta de celulares y dos hermosos niños Noelle y Cooper de tres años. Tengo el beneficio de estar aquí como una trabajadora legal, el programa dura un año. Consiste en niñas de entre 18 a 26 años que tengan un inglés básico y tengan experiencia con los niños. Creas un perfil en una plataforma, las familias empiezan a buscar cómo les gustaría que fuera la siguiente niñera para sus hijos, te contactan, tienes de dos a tres entrevistas con ellos y deciden hacer "match". 

Cuando tuve la entrevista con mi familia, nos hicimos una que otra pregunta y la plática fluyó demasiado, no tuve una segunda entrevista para que, por las dos partes, decidiéramos que queríamos hacer un "match", mi host family ha sido muy buena conmigo, ha sido todo lo que platicamos desde el primer día en el que los conocí, aunque he conocido muchas niñas que tuvieron más de tres entrevistas y cuando llegan aquí no tienen la vida de rosas que les visualizaron por medio de una pantalla. Parte de la experiencia como "Au Pair" es intercambiar tu cultura con la familia con la que estás viviendo, y que esa misma te trate como un miembro más de su familia. Aun así, nadie tiene la garantía de que te encuentres con una buena familia, es un volado, es como una cita a ciegas. Platicas un poco con la familia antes, los conoces por medio de una pantalla pero en realidad no sabes a lo que te estás enfrentando. 

Mi experiencia aquí ha sido una de las experiencias más agridulces que he tenido, ha estado llena de buenos y malos momentos y de diferentes retos a los que me enfrento diariamente. 

Tengo que cumplir con 45 horas a la semana, mis horarios varían ya que los trabajos de el papá y la mamá lo requieren. Mi trabajo consiste en levantar a los niños, darles de desayunar, prepararlos para la escuela, bañarlos, quitarles toda la energía que tienen dos niños de tres años con ganas de explorar el mundo. Prácticamente paso todo el día y la mayor parte del tiempo con ellos, sinceramente nunca he sido una mujer muy apegada a los niños, pero la verdad es que estos dos son muy divertidos, educados y cariñosos. Yo siempre trato de hacer TODO lo que ellos hacen, no me importa tener 25 años y que ellos tengan 3, si se suben a los juegos del parque me subo, si colorean, coloreo, si se esconden, me escondo mejor. Creo que eso me ha facilitado la estancia aquí y ha hecho que los niños me quieran mucho. Algo que me llama mucho la atención de acá, es que al menos con mi host family, a los niños no se les trata como al menos yo estoy acostumbrada a que se le trate. Aquí si uno de los dos se cae, está bien un abrazo, pero siempre recordar que está bien, es una caída y no pasó a más y no es un “ay, pobrecito se cayó" tengo un host dad que les enseña a los niños que cuando tienes tres años ya eres un niño grande y no eres más un bebé. Aunque tengo la fortuna de que mis dos niños sean los más increíbles del planeta tierra, no les quita que son dos niños de tres años que requieren de muchísima atención,  cuidado y de treinta mil preguntas que te hacen al día a las cuales sólo tienes la respuesta a tres que un niño de esa edad pueda entender, por lo tanto, necesitas tu espacio y respirar. 

He conocido a varias niñas que vienen con la idea de quedarse aquí a vivir, encontrar a un novio con quien casarse y disfrutar de la vida americana. Sinceramente yo no sabía a lo que venía, yo quería que el tiempo me lo fuera diciendo, quería vivir día a día. 

En lo personal, esta experiencia ha sido difícil para mí, siempre he sido muy apegada a mi familia y sin duda lo más difícil ha sido dejarlos pero eso me ha hecho valorar muchísimo lo afortunada que soy, prácticamente puedo volver cuando yo quiera. Pero nuestros paisanos, los que están aquí “ilegalmente”, que no vinieron para mejorar su inglés, sino que vinieron aquí por sobrevivir, por encontrar un futuro mejor, no pueden regresar a visitar todo lo que dejaron, el hermoso país en el que nacimos y la deliciosa comida que tenemos, porque sí, aquí la comida es horrible; y que también se vive la discriminación, porque yo la he vivido. Salir de la burbuja en la que vivía me ha hecho una persona con una mente más abierta.

Tengo la fortuna de haber encontrado una host family que me trata como un miembro más de la familia, y dos niños maravillosos que cuando regrese sentiré que me hace falta un pedacito de mí. Creo que lo más importante es saber cómo vas creciendo día a día como persona y vas evolucionando. Siempre fui una niña muy dependiente y aquí no me ha quedado de otra más que hacer las cosas por mi cuenta, por lo tanto, ser más independiente creo que eso lo ha valido todo.

VER: Cómo encontrar trabajo en el extranjero cuando no tienes dinero y no sabes qué hacer con tu vida

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TESTIMONIO 3: 

Bianca Vértiz. Después de terminar mi maestría y llevar dos años en mi trabajo de aquel entonces, sentí que debía hacer un gran cambio en mi vida. Siempre soñé con vivir en el extranjero, conocer diferentes culturas y ser capaz de conocer aquellos lugares lejos de casa, que siempre me llamaron la atención.

Fue así que decidí irme a Irlanda a empezar desde cero. Escogí este país porque no se me dificultaría el idioma, sin embargo sería capaz de mejorarlo ya que si estudias un curso de inglés por 6 meses, el gobierno te otorga una visa de trabajo de medio tiempo, lo cual me permitiría cubrir mis gastos y viajar dentro de Europa sin ningún problema.

Recuerdo que los primeros días fueron los mas increíbles, la arquitectura, comida, gente y la naturaleza que puedes encontrar en Dublín me enamoraron en tan sólo segundos. Cada día había una aventura nueva, desde la conversión de euros a pesos, hasta qué bus tenía que tomar para ir a la escuela. 

Después de un mes de llegar, cuando al fin tuve mi visa y todos mis documentos listos, creé un perfil en una página de Internet irlandesa para niñeras y empecé a escribirle a varias familias. A los pocos días, una familia me entrevistó ¡y me dieron el trabajo! Estaba supernerviosa porque nunca había cuidado niños y no sabía cocinar, aunque obviamente en la entrevista dije todo lo contrario ja, ja.
Ese fin de semana, mis roomies me enseñaron a hacer arroz y pasta y con mis pocos conocimientos de juegos y actividades para niños, inicié mi nuevo trabajo. Debo confesar que me impresionó la forma en la que la familia confió en mí. Desde el primer día me dieron las llaves de su casa, la contraseña de su sistema de alarmas y me hicieron sentir parte de ellos. 

Fue así que inicié como niñera, cuidando a dos pequeños niños que me enseñaron (sin quererlo) que soy capaz de muchas más cosas de las que creía y que nunca hay que perder la capacidad de asombro. Recuerdo que varias personas trataron de desalentarme, diciéndome que cómo podía hacerlo si tenía una maestría y experiencia profesional, que estaba echando todo eso a la basura por aventurarme a lo desconocido. Fue ahí donde me di cuenta de que tenía que hacerle caso únicamente a lo que yo pensaba y quería... y sin duda fue lo mejor que pude hacer.

Después de un tiempo, me di cuenta de que sería capaz de ahorrar más dinero si vivía con una familia, ya que con el trabajo que tenía, no pude viajar tanto como quería, tanto por el dinero como por el tiempo. Así que empecé de nuevo la búsqueda y me convertí en AuPair, me dolió dejar a los niños que cuidaba, pero estaba feliz por la nueva aventura. En esta ocasión cuidé de una pequeña princesita (literalmente). Pasé de vivir en una casa con varios roommates a vivir en una mansión con mi baño privado y la mejor vista en toda la ciudad. A diferencia del otro trabajo, no tenía que pagar renta, comidas y ganaba más dinero. Debo dejar claro que esto no sucede con regularidad, fui en verdad afortunada. Me pagaban mucho más de lo que mis amigas ganaban, pero fue porque esta familia en verdad tenía mucho dinero.

A pesar de que la nena que cuidaba, tenía una agenda totalmente llena y no podía pasar tanto tiempo con ella como hubiera querido, nunca imaginé que podría encariñarme con alguien de esta forma. Ella me recordó todo lo que había olvidado mientras crecía. Terminar la escuela para luego conseguir un buen trabajo, para así tener todo lo que quieres (o lo que crees que quieres) te aleja un poco de tu esencia, ésa que sólo muestras al mundo cuando eres niño. Me sentí la más afortunada de poder recordar quién soy y qué es lo que realmente quiero. Por supuesto, no todo es color de rosa, hubo días en los que creí que cometí el peor error o que al ver algo que me recordaba mi hogar, quise romper en llanto y correr a los brazos de mi mamá, pero justo eso es lo que te enseña a estar de este lado del mundo: que cuando crees que ya no puedes más, siempre habrá una fuerza dentro de ti (que no sabías que tenías) que te permitirá salir adelante y sentirte orgullosa de tus logros.

Así que a todas las chicas que quieren tener esta experiencia ¡se las recomiendo totalmente! Decidan bien dónde quieren vivir e investiguen qué necesitan para hacerlo, absolutamente todo está en sus manos. No dejen que nada ni nadie las desaliente, al final nos arrepentiremos de todo aquello que no hicimos, así que ¡sigan su instinto! 

Es así que, sin nunca olvidar de dónde vengo, les escribo esto desde Dublin, Irlanda, en donde sigo viviendo este gran sueño, deseando que ustedes también logren todo aquello que se propongan. Sin duda alguna la mejor forma de conocerse a uno mismo es viajando ¡mucha suerte!

VER: Viajar y trabajar en el extranjero: cómo hacer realidad el sueño millennial


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TESTIMONIO 4: 

Patricia Alva. Todo empezó cuando en el 2014 terminé la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Un poco confundida y bajo la crisis de vida que a todos nos da (generalizo por las mil y un veces que lo he escuchado), decidí empezar el proceso para irme a Estados Unidos “POR UN AÑO”. 

Entre mil dudas y un par de voces, sin entender para qué me iba “sólo a cuidar niños” después de haber estudiado 4 años 1/2 de carrera… Hablar inglés, huir un poco de la rutina y las ganas de explorar nuevos horizontes hicieron que diera el paso.

Cultural Care fue la agencia de viajes a la que me acerqué para realizar este proyecto, si me preguntan, es una agencia “buena” que te “cuida” y procura durante tu estancia. Los costos de inscripción, vuelos y visa corren por tu cuenta. La inversión es de alrededor de $20,000 pesos que crees que los recuperarás con el millonario salario de $190 dólares semanales. $190 Dólares a la semana, 45 horas máximo de trabajo a la semana, 1 1/2 de días de descanso por semana, beca de $500 dólares por parte de la familia para estudiar algo y 2 semanas de vacaciones pagadas, te sientes en la gloria cuando lo escuchas desde México. 

Cuando te das cuenta de que la hora en EU se paga por lo menos a 11 dólares y que por las 45 horas deberíamos estar ganando más del doble del salario que pagan, te entran sentimientos encontrados. Odias pero amas al programa. Las horas de trabajo las pagas por experiencias vividas.    

Dejar al novio (exnovio), amigos, familia, COMIDA, lenguaje, ropa…. Fueron momentos de crisis y miedo.

Aventurada y con un inglés muy pero muy poco fluido, encontré en Massachussets (cerca de Boston) a la primera familia, “La familia Austin”. Una familia conformada por 3 niños (Paige, en ese entonces de 5 años, Rayle de 7 años y el buen Cooper de 9 años).

La familia Austin fue sin duda un anillo de diamante al dedo, una familia supercomprensiva, una familia llena de valores y libertades. Me dieron un primer año excelente. Aprender a esquiar, tomar cursos en RISD, conocer personas (tipos muy guapos), amistades de valor y con contenido premium. Si algún día decido tener una familia, ellos serían mi ejemplo.  

Nueva York, Las Vegas, Gran Cañón, Alaska, Seattle, New Hampshire, Maine, San Francisco, Washington, Atlanta… fuero solo algunos de los puntos que toqué y llevo conmigo.
A punto de terminar el primer año, decidí que para ser bilingüe me quedaría un año más, desafortunada o afortunadamente los Austin ya no requerían de una Au Pair, así que tuve que ir en busca de otra familia.

Mi segunda familia, debo abrir un paréntesis: hay que entender que quienes contratan este tipo de servicio deben ser familias que tienen para pagar el mísero salario de Au Pair, pero también deben tener un cuarto extra, comida, celular y un coche extra (no obligatorio, pero sí como requisito para mí). 

La segunda familia con una mansión, un perro hipoalergénico, 3 adolescentes locos y un poco malcriados, jacuzzi en el baño de mi recámara y un Audi como coche de uso personal, me hacían sentir de repente en un sueño de cenicienta bien vivido americano.
Los “Shehaan” eran una familia “supercool”, pero cuidar a esos tres niños “adolescentes” (Andrew de 10, Nate de 12 y Nick de 14 años) fue un tormento. Me tocó tomar decisiones no de niñera sino de padre responsable por sus hijos. 

El programa (y el gobierno gringo) da la oportunidad de estar hasta por dos años con la visa de trabajo B1. Puedes cambiar de familia en cualquier momento o quedarte con la misma si así lo deciden. La selección de familia se hace mediante un perfil en internet (tipo facebook-tinder) se hace match entre las candidatas y familia.

Durante los dos años tomé diferentes cursos en una de las mejores universidades de diseño, me eché a hombres de diferentes nacionalidades, pero principalmente conocí una parte de mí que jamás me imaginé que existiera. Creces mental y espiritualmente, te abre los ojos de una manera inexplicable. 

Siempre lo confirmo, ser Au Pair no es fácil y es como cualquier otra chamba, es superpesada y cansada, pensar que de ti dependen vidas, que de ti dependen esos 3 niños y que muchas veces los papás asumen que somos su sustituto es complicado. Este programa es el mejor anticonceptivo de la vida. 

Mi experiencia de niñera fue más allá, después de concluir los dos años que se pueden estar (a mis 25 años) conocí a un loquillo. Me lancé a regresar un año más con visa de turista (algo “ilegal”- “legal”), y bajo la base que me dio la vida de niñera empecé mi propio negocio de e-commerce, venta en internet, pero ahora bajo el techo de un auténtico americano. El negocio empezó a ir bastante bien y el amor para abajo. El conjunto de lo anterior y las limitantes legales para crecer me llevaron a tomar la decisión de volver a México. 

Hay quienes se van para conseguir marido, otras con la ilusión del sueño americano; no importa la razón, si eso es lo que quieres. Amores, recuerdos, experiencias y crecimiento personal es lo que me llevo, si alguien me pregunta si debería hacerlo, mi respuesta es: NO TE QUEDES CON LAS GANAS. El programa existe y tú le das el significado y valor que quieres.

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