
Somos seres humanos con cualidades, habilidades y puntos positivos que benefician a nuestra personalidad. Pero así como tenemos cosas buenas, también tenemos otras tantas malas y muy malas. Es verdad, somos seres humanos imperfectos, llenos de defectos y de negatividad en nuestro ser; no existe persona perfecta ni bondadosa a su máximo esplendor.
¿A caso somos malos, ociosos, vanos, vengativos y egoístas, o somos amables sensatos y bondadosos? En realidad somos todo, pero nos cuesta trabajo reconocer todos los defectos que nos invaden o las reacciones negativas con las que podemos reaccionar ante ciertas situaciones, en comparación de las cosas positivas que nos caracterizan. La verdad es que ninguno de nosotros somos perfectos, como todas las personas corremos el riesgo de caer en comportamientos que afecten a otros o incluso a nosotros mismos aunque no lo queramos ver.
1. No somos vulnerables y somos inhumanos

Esta conclusión viene de un estudio de escaneo cerebral en el que encontraron que un pequeño grupo de estudiantes mostraba menos actividad neuronal cuando pensaban o miraban imágenes de personas sin hogar o drogadictos en condición de calle, en comparación de personas con un cierto estatus. También hay evidencias de jóvenes que deshumanizan a las personas adultas mayores, así como hombres y mujeres que deshumanizan a mujeres borrachas. También encontraron que este tipo de deshumanizaciones comienzan a temprana edad, ya que los niños de cinco años ven con rechazo a las personas de diferentes “grupos”.
2. Placer por la angustia de otras personas

Aunque intentemos negarlo, cuando algo malo le sucede a otra personas solemos disfrutar de la frustración que esto le provoca. Nunca nos vamos a atrever a admitirlo, pero incluso esto nos genera una sensación de satisfacción como si lo hubiéramos deseado con todas nuestras fuerzas. Esto nos hace sumamente perversos porque no somos capaces de aceptar lo que tenemos sin que otro sufra o sin desear lo que las demás personas tienen.
3. Creemos en el karma, pensando que le dará su merecido a otras personas

Vivimos en un lugar en donde creemos que debemos de culpar a las personas por ser pobres, por ser violadas, por tener SIDA, o por otras situaciones en las que nos atrevemos a decir que es el merecido de sus actos; con el fin de preservar nuestra creencia de un mundo “justo” como si nosotros fuéramos los indicados para decir lo que es.
4. Somos dogmáticos

Si tuviéramos una mente más abierta y fuéramos más racionales, sería más sencillo corregir falsas creencias. No importa qué sea lo que tengamos frente a nosotros, siempre volvemos a nuestra propias creencias y no hay nada que nos saque de ellas o nos haga modificarlas; vemos que los hechos contrarios socavan nuestro sentido de identidad. Además de que creemos que nuestras opiniones son superiores a las de los demás, y esto nos impide que busquemos conocimiento relevante o diferente.
5. Somos vanos y demasiado confiados

Si nuestro dogmatismo estuviera casado con cierta humildad y autoconocimiento, no sería tan malo; pero la mayoría de nosotros nadamos con ideas que creemos superiores de nuestra habilidades y cualidades como lo es nuestra inteligencia o atractivo. Un ejemplo es cuando nos confiamos en que las mujeres nacimos para estar en casa haciendo los deberes, mientras que los hombres trabajan para ganar el dinero que entre al hogar.
6. Somos hipócritas morales

Debemos de desconfiar más de aquellos que son más ruidosos para condenar las fallas morales de los demás. Solemos criticar el comportamiento “poco moralista” de otras personas, mientras que nosotros podemos o hacemos cosas peores.
✦✦✦
Te puede interesar: Las 5 contradicciones más extrañas del comportamiento humano.
15 datos sobre el comportamiento humano que debes aprender según la psicología.
