Estilo de vida

“Es elitista, pedante y aristocrática”, lo que realmente aprenderás si estudias historia

Estilo de vida “Es elitista, pedante y aristocrática”, lo que realmente aprenderás si estudias historia



Estas son algunas cosas que aprenderás si decides, te planteas o tiraste la toalla para ser historiador. Como cualquier lista, ésta subjetiva, puede que te rías en algún punto, puede que no le encuentres ninguna gracia, puede que saques algo o mejor decidas salir a dar una vuelta.

Pero si has llegado hasta aquí, bien puedes quedarte unos minutos más.

 

1.- No sólo tienes que memorizar. Claro, puedes memorizar como un loro los temarios y terminar la carrera sin aprender algo. Memorizar sólo tiene un resultado: aprobar los exámenes. Como una vaca: ingieres, almacenas, vomitas y vuelves a empezar. Absorbes datos pero no puedes desarrollar una idea o una lógica. ¿No te resulta más atractiva la idea de desarrollar tu capacidad analítica, sintética e imaginativa?

2.- La historia es elitista, pedante y aristocrática. El historiador también. No puede negarse que es así. Para demostrar que no somos cortos, nos revestimos de un discurso y una retórica tan pomposa que haría palidecer de envidia a Luis XIV, mientras declama a Shakespeare, en latín, y subido a sus tacones y envuelto en sus sedas y pieles. Elaboramos una ponencia o un artículo y apisonamos con tal exceso de información y con un lenguaje tan grandilocuente, que sólo nosotros sabemos qué queremos decir. Y es que no vaya a pensar alguien que somos lerdos.

Pero pensemos que se trata de huir de elitismo prefabricado, de la pedantería. Se trata de explicar lo que sabemos, de comunicar. Repito este concepto básico: comunicar. Acercar la historia a quien quiera saber, no fardar de lo que sabemos y buscar el aplauso.


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3.- Los héroes existen.
Sí, existen de verdad. Aunque no esperes de ellos, ni de ellas, nombres rimbombantes. Tampoco súper poderes o mutaciones. Ni que correteen en mallas o lleven capa. Pero los hay.

Descubrirás que algunos individuos conocidos como héroes fueron unos malnacidos de cuidado, pero que pocos mencionan ese «lado oscuro». Y verás cómo algunos villanos no fueron tan malos. A veces se confunden: tu héroe es mi villano, y viceversa. Y, como en la ficción, cada uno de nosotros tiene a su favorito.

4.- Competitividad enfermiza, escaso prestigio, desfase del mundo actual. Totalmente cierto. Pero no es algo exclusivo de la historia, ni de las letras en general. La competitividad está en todas partes: la facultad, el trabajo, el deporte o en el bar. Es cosa tuya el practicarla de manera sana y no convertirte en un corta cuellos. Siempre los habrá; al menos puedes decidir no serlo.

¿Escaso prestigio? Tal y como lo entiendo, un vendedor puede tener prestigio si atiende e informa, si hace bien su trabajo. El prestigio es algo que podemos trabajar. Usa la inventiva; mira lo que se hace, lo que se ofrece y piensa en cómo poder hacerlo mejor. Lo sé: es jodidamente difícil y jodidamente duro, pero es mejor que quedarte de brazos cruzados, refunfuñando y lamentándote porque el mundo no acude a ti. Porque nadie valora ese ingenio que tienes y que no sacas a relucir.

Sí, la historia está desfasada del mundo actual. Y la literatura también, si crees que tras el Fausto de Goethe ya no hay más que añadir. No te digo que caigas en la típica trampa de pega que todos conocemos: «La historia sirve para entender quién somos en base al pasado» Pero sí puedes buscar referentes, situaciones y mostrar lo que tú ves. Puedes darle un vuelco, y de nuevo necesitas esa imaginación que tienes y las ganas de ir tras ello.


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5.- Eres un detective. No quieras ser historiador si solo repetirás lo que otros han escrito. Tendrás que hacerlo, por supuesto, para seguir esa teoría, ese tema que tanto te gusta. Pero da unos pasos más. Sé un detective, como Sherlock Holmes o Rust Cohle. Opcional el inyectarse morfina o tener pinta de hecho polvo total.

Del mismo modo que un detective, tienes que meterte en el caso, buscar el humillo, tirar de unos cabos, dejar de lado pistas falsas, interrogar a testigos, revisar declaraciones, elaborar teorías y solucionar el puzzle final. Casi nada. La manera ya es cosa de cada uno.

Puedes explorar nuevos casos, o reabrir unos ya cerrados, cuya solución no te satisface. Partirás de cero, o deberás revisarlo todo. Y en algún momento algo en tu cabeza hará «click».

 

6.- Tienes pasión por las causas perdidas. Ya lo sabemos y lo hemos leído antes. Podemos arrastrar nuestra licenciatura avergonzados o deprimidos. Cabreados o desengañados. Volvemos a lo mismo. Hasta aquí has llegado.

No sé si es pasión o ser gilipollas. O simplemente, que amo las causas perdidas. Y tú, no puedes ser peor que yo. También puedes amar las causas perdidas. Si estás aún aquí, leyendo esto, las amas.

Por último, te recomiendo el discurso de Tim Minchin. No es un historiador. Es un cantante cómico que, en su día, estudió letras. Y aquí da una charla absolutamente genial: sobre las letras, las ciencias, el empeño y el trabajo de cada uno. No, no te asustes, no es coaching. De hecho, es de lo primero de lo que se ríe.

Dedícale los diez minutos que dura. No puedo añadir más.


Referencias: