El fin de semana me lancé a Lucerna 34 porque NESCAFÉ organizó un plan gratuito que simplemente no podía dejar pasar. Ya te habíamos contado sobre las tazas intervenidas por artistas mexicanas, pero esta vez se trataba de verlas en un espacio pensado para inspirarte, tomarte un cafecito rico y salir con el corazón un poquito más contento.
Lo primero que veías eran estas obras que ya habían estado en el Monumento a la Madre. Cada una tenía su propio rincón, su historia, y una breve explicación de lo que inspiró a las artistas a crearlas. Además, una semblanza de cada una que te hacía conectar con ellas más allá del diseño. Estaban imponentes, coloridas, y sí, muy Instagrameables. Era imposible no tomarles fotos desde todos los ángulos.
Las artistas que dieron vida a “Tazas que inspiran” fueron Ana Chavana, Sofía Nuñez, Fer Oms, Art Mich Texturas y Yim Miyaki. Cada una con una mirada muy distinta del mundo, pero unidas por un mismo hilo conductor: el café como fuente de inspiración.

Después de admirarlas, podías pasar a una zona donde te daban un mini lienzo, plumones, pinceles y pintura para que tú también te dejaras llevar por lo que significa el café para ti. No se necesitaba ser artista ni mucho menos, sólo ganas de expresarte y pasarla bien.
La talentosa Mar Maremoto estaba ahí guiando la actividad, y eso hacía que todo fluyera más fácil. Yo, por ejemplo, terminé pintando un mandala porque… clásica, ¿no? Pero estuvo lindo. Había gente haciendo flores, tazas, frases, corazones, ¡de todo!
Mientras tu creación se secaba, podías bajar al sótano y ahí te encontrabas con unas mamparas transparentes enormes. Había plumones fluorecentes para dejar mensajes en ellas. Cada una representaba una palabra que había inspirado las tazas: ama, conecta, disfruta, sonríe y sueña. Leer lo que escribieron otras personas fue un momento realmente emotivo. Había desde frases motivadoras hasta dibujos de perritos y declaraciones de amor anónimas.

Antes de irte, te daban un kit con una de las tazas intervenidas y una leche Coffee Mate de sabor. A mí me tocó Pumpkin Spice, y no voy a mentir, me sentí en otoño aunque estemos a mitad de julio. También había una barra de café donde podías probar diferentes combinaciones y quedarte un rato más disfrutando del espacio. La experiencia fue pequeña, pero con muchos detallitos que la hicieron especial.
Más allá de todo lo bonito que vimos y pintamos, me quedo con una cosa: cómo una taza de café puede ser mucho más que eso. Puede ser un momento, un recuerdo, una pausa en medio del caos, una forma de inspirarte y reconectar contigo, con lo que te gusta y con lo que quieres expresar.
NESCAFÉ logró recordárnoslo con un evento que sí, duró poquito, pero se quedó para siempre. Así que si te lo perdiste, no olvides seguir sus redes sociales (@nescafemex) para que no se te vuelva a pasar.
Porque cuando el arte y el café se encuentran, pasan cosas hermosas y memorables.
