Hábitos que sólo una mujer emocionalmente sexy tiene
Estilo de vida

Hábitos que sólo una mujer emocionalmente sexy tiene

Avatar of Rodrigo Ayala

Por: Rodrigo Ayala

29 de marzo, 2017

Estilo de vida Hábitos que sólo una mujer emocionalmente sexy tiene
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Por: Rodrigo Ayala

29 de marzo, 2017



Me bastan unos jeans, un par de tenis con tres años de vida y un libro en la mano para sentirme bien. ¿Maquillaje? Sí, pero no todos los días, a veces me estorba. Creo que es mejor ir al natural, sólo cargando tu personalidad de la forma más ligera posible. Si algo puede ser atractivo para los demás es que te perciban segura de lo que eres y dices. Nunca he pensado en mí como en alguien hermosa, que merezca todas las miradas y atenciones del mundo… Más bien no me clasifico como esto o aquello (si los demás lo quieren hacer, que lo hagan, a mí me importa poco).

Tal vez todo se deba a que no soy alguien que llame la atención en las fiestas: no tengo un buen cuerpo, pero me siento a gusto con él; no tengo hábitos estrafalarios o extremos, pero me divierte lo que hago; mi estilo no es el de vestir de manera extraña para que todos me miren, pero mi ropa me hace sentir cómoda. Me gusta quien soy y muchas veces me río de mí misma: de cómo me veo, de las tonterías que digo, de todo lo que se me olvida y de los pensamientos en los que me clavo durante días enteros…

mujer emocionalmente sexy

A pesar de ello, tengo bastantes amigos y no me han faltado novios o uno que otro amante (tampoco es que me sobren). Jamás he buscado ser la niña bonita ni me dan celos cuando conozco a alguien que es mucho más agraciada que yo. ¿Pelear por ello? Tonterías. Mi cuerpo y mi rostro me agradan y voy por la vida cargando con ellos muy complacida.

La primera vez que salí sola con Armando me dijo, antes de que entráramos al cine, “lo que me gusta de ti es que no pretendes ser hermosa. Tu sex appeal está en tu interior. Tienes un equilibrio emocional que me prende muchísimo. He salido con muchas mujeres de cuerpo escultural y rostro hermoso, sin embargo,… había algo en ellas demasiado artificial y, por el contrario, tú eres... emocionalmente sexy”.

emocionalmente sexy

Me quise reír de su expresión. ¿Emocionalmente sexy? Sus palabras no consiguieron llevarme a la cama, pero la pasamos bien comiendo palomitas y chocolates mientras veíamos la película. Cuando salimos de la función caminamos en silencio hasta mi casa. De vez en cuando yo volteaba a ver mis tenis que alguna vez habían sido totalmente blancos y mis pantalones deslavados. ¿Cómo me puede considerar sexy si jamás he intentado serlo?, pensé. Al despedirnos, Armando me recordó que tres días después haría una reunión en su casa a la que acudirían familiares y amigos para celebrar su cumpleaños.

"Me encantaría que fueras", dijo. 
"Ahí estaré, no te preocupes", contesté.

lugares

Los dos días siguientes los empleé para terminar algunos libros que tenía pendientes (“Los vagabundos del Dharma”, de Jack Kerouac, y una biografía sobre Bob Dylan). También vi algunas películas de terror a medias y escribí nuevas entradas en mi blog: “Ramona a través del espejo de la muerte”. Además visité con una amiga un lugar donde se dona ropa para gente de escasos recursos. Los dueños de esta iniciativa nos invitaron a comer junto con los beneficiados y la pasé estupendo.

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Cuando salimos del lugar, ya de noche, mi amiga dijo: “El hecho de que hayas dedicado horas enteras a platicar con esas personas, demuestra el gran espíritu que existe dentro de ti. Eres desinteresada y amigable con la gente que necesita apoyo. Esa e una de las partes más atractivas que siempre te han definido”. Me sonrojé, agradecí el comentario y cambiamos de tema. Le platiqué que el día siguiente iría a casa de Armando, a la reunión con su familia y amigos.

"Me siento un poco nerviosa, Armando no me es indiferente y me asusta conocer a sus familia tan pronto", le dije.
"Te irá bien. Él muere por ti y tú eres una persona que a todo mundo le cae bien. Tu sencillez y buena vibra no pasa desapercibida. A pesar de que eres reservada, siempre tienes la capacidad de interactuar con cualquier persona", me respondió.

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Nos despedimos en la puerta de mi casa. Antes de irme a la cama escogí el look que usaría al otro día: jeans, una blusa roja, saco negro, tacones abiertos y… "Un poco de maquillaje no le viene mal a nadie", pensé. Sobre todo si el chico que te gusta dice que eres sexy por dentro o algo así.

En lugar de ponerme tratamientos para el rostro y hacer ejercicios de yoga para guardar la línea, cené un plato de cereal con un panecillo de chocolate. Después me metí a la cama y me coloqué los audífonos para dormir mientras escuchaba canciones viejas de Guns n'Roses. Dormí pensando en Armando.

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Me presenté puntual en casa de Armando, quien me recibió con una enorme sonrisa y estas palabras, “te ves preciosa, cuando mi madre te conozca te amará”. Le entregué la botella de vino que llevé para la ocasión y su regalo: un libro de Carlos Ruiz Zafón y un disco de Volbeat, su banda favorita.

Casi todos los invitados ya estaban presentes, sentí un poco de vergüenza porque todos posaron su vista sobre mí cuando Armando me presentó. Después de ese incómodo momento ellos me hicieron sentir bastante cómoda con palabras amables y muchas sonrisas. “Les encantas”, dijo Armando. La plática era amistosa e interesante entre vasos de vino y botellas de cerveza; de inmediato trabé conversación con los padres y la hermana de él. Para mi sorpresa, las bromas surgieron de forma espontánea de mi boca.

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Después de comer, varios de los sobrinos más pequeños de Armando se acercaron a mí para preguntarme si quería jugar con ellos. En mi interior siempre ha existido la niña que alguna vez fui y no me costó nada aceptar la invitación. Media hora después estaba saltando en el brincolín con ellos, un poco avergonzada de que la familia de Armando me viera, pero francamente muy divertida. Yo me reía a la par de los niños, a quienes les parecían muy gracioso ver a una adulta ridícula brincando con tanto entusiasmo.

Su familia se reía (¿o se burlaba de mí?) mientras contemplaba la escena. En esos instantes de liberación mis ojos se cruzaron con los de Armando, quien reía como jamás lo había visto: luminoso, divertido, convencido de quererme en su vida. Mi corazón también se convenció de que quería estar a su lado, más tiempo del que había imaginado.

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Al bajar del brincolín –sudorosa, despeinada y sin gota de glamour (como siempre)– abracé a Armando. El me recibió en sus cálidos brazos y me dijo al oído:

"Mi madre dice que de dónde saqué a esta chica tan divertida, amable, generosa e inteligente. Bastaron algunas horas de charla para que cayera rendida a tu encanto natural. Tal y como me pasó en cuanto te conocí".

Regresamos abrazados a donde estaban todos reunidos. Era una familia bastante agradable que me hacía sentir cómoda al ser yo misma. La noche ya estaba cayendo sobre nosotros y cuando sentí los brazos de Armando alrededor de mi cintura, las estrellas me hicieron sentir la mujer más sexy del universo.

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 Voy por la vida con la misión de divertirme, aprender, amar y ser yo misma; siempre segura de lo que quiero. No hay algo más motivante para mi que pensar, actuar y decidir con libertad. Al parecer, eso me convierte en una mujer emocionalmente sexy. Cuando disfrutas del mundo y te sabes reír de ti misma, puedes estar segura de que el amor tocará a tu puerta en el instante menos esperado, pues nadie se resiste a esas cualidades.

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Fuente:

Paired Life



Referencias: