En los últimos meses, Kylie Jenner ha sido una de las celebridades más criticadas por su apariencia. Y es que desde muy temprana edad tanto ella como Kendall Jenner se hicieron hiper-consientes de su imagen y su físico, lo que era obvio que eventualmente traería consecuencias a nivel emocional y psicoloógico.
Esto nunca para, si se maquilla mucho, la critican por “exagerada”; si quiere un look natural, también recibe ataques. Este ciclo interminable se hizo evidente en el último episodio de The Kardashians, donde Kylie Jenner lloro al confesar que los comentarios tras su participación en la Semana de la Moda en París la afectaron profundamente. Su decisión de mostrarse con menos maquillaje y sin tantos retoques fue recibida con una ola de comentarios crueles como “se ve vieja” o “se arruinó la cara.”
Kylie Jenner no es la única: Qué es la disonancia estética y por qué nos incomoda tanto vernos ‘mal’ en la vida real
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Lo que Kylie Jenner está experimentando no es un caso aislado. Es un reflejo de algo mucho más grande y común de lo que pensamos: la disonancia estética digital. Este término describe el choque emocional que sentimos cuando nuestra imagen real no coincide con la que proyectamos en redes sociales.

En psicología, esto se puede entender a través de la Teoría de la Discrepancia del Yo (Self-Discrepancy Theory). Esta teoría plantea que todxs tenemos distintas versiones de nosotrxs mismxs:
- Yo real: cómo somos en realidad.
- Yo ideal: cómo queremos ser vistos o cómo creemos que deberíamos ser.
- Yo percibido por otros: cómo creemos que nos ven los demás.
Cuando estas versiones no coinciden, aparece la frustración, la ansiedad y, en casos más extremos, depresión.

En el contexto de redes sociales, esto se intensifica porque constantemente nos vemos a través de filtros, ángulos favorecedores y ediciones que crean un “yo ideal” prácticamente imposible de alcanzar. Entonces, al vernos en fotos espontáneas, entrevistas o espejos, podemos sentir una profunda desconexión: no nos reconocemos y, en muchos casos, nos juzgamos con dureza.
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Aunque la mayoría no vivimos con la presión de millones de seguidores, lo que vive Kylie Jenner es un espejo de lo que experimentamos en menor escala. Cada vez que nos tomamos una selfie y luego nos vemos en una foto sin filtro, o cuando subimos un contenido que no recibe los likes esperados, estamos participando de esta misma dinámica.
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Kylie Jenner tiene recursos, fama y acceso a profesionales de la salud mental, pero eso no la hace inmune a la ansiedad estética. Y si ella, con todo ese apoyo, puede sentirse devastada por la percepción pública, imagina el impacto en personas que no cuentan con las mismas herramientas.
La clave está en recordar que la imagen digital nunca será la totalidad de quiénes somos. Validar nuestro yo real, con imperfecciones y cambios, es fundamental para proteger nuestra salud mental.
