La tristeza no es tan mala como nos han hecho creer
Estilo de vida

La tristeza no es tan mala como nos han hecho creer

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Por: J Cesar

14 de noviembre, 2015

Estilo de vida La tristeza no es tan mala como nos han hecho creer
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Por: J Cesar

14 de noviembre, 2015


"La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas”.

-Sigmund Freud

 

La tristeza es un sentimiento que aún no se puede describir fielmente por quieres lo sienten. Es en resumen algo que no se puede explicar con simples palabras, que duele, pero no punza, que pesa pero que es imposible verla caminando por calle y decir “¡mira! Ahí va caminando una tristeza!”

Es el estado que todo individuo evita, se le huye como si comiera, y a veces lo hace. Podemos percibir la tristeza en ciertas cosas que debieran no estarlo, en una flor que marchita deja caer sus pétalos, porque como se menciona, el deber ser nunca es tristeza.

A pesar de eso, es el estado más común del ser humano, es el lugar donde habitamos la mayoría del tiempo, para vanagloriarnos de decir, por algunos momentos, “creo que soy feliz”. La felicidad es como un tarro de mermelada que nos venden cual si la necesitásemos diario y se debiera untar al pan nuestro de cada día. Yo creo que ni la mermelada es necesaria en todos los desayunos.

tristeza

¡Nunca se debe estar triste!

Las emociones tienen una base evolutiva que nos han ayudado a sobrevivir como especie, por ejemplo, el miedo es una emoción que nos alerta del peligro inminente, nos permite darnos cuenta del entorno, se agudizan los sentidos; pero puede ocurrir que al cruzar el umbral que divide al miedo con el terror, suceda todo lo contrario, ya que el miedo al extremo. El uso evolutivo del miedo tiene un proceso similar al de la tristeza, el cual también puede derivar en un extremo nada saludable.

Así como el miedo tiene un base evolutiva, el placer está estrechamente ligado con actividades naturales como el comer y la reproducción. Lo que ha llevado más allá de ser sólo emociones evolutivas a dichos procesos, es la cultura, que carga de significado todas las acciones realizadas y fenómenos que nos circundan. Es decir, si el comer es un proceso que es natural, por gusto elegimos preparados que nos generan más placer que otros, el fin último se cumple con el agregado de la carga simbólica que además también ajusta nuestras percepciones y los gustos que se median por nuestros sentidos, en el caso de la comida por las papilas y el olfato.

tristeza

En el terreno de la tristeza, teóricos como Freud, señalaron que cumple la función de comprender el desapego, esto en un constante aprendizaje donde se va observando que la madre o el padre, sí están para cuidarnos – en etapas infantiles - , pero que no son una extensión de nosotros, de igual forma esto está relacionado con el umbral de frustración. Un ejemplo que ilustra el proceso de desapego es cuando un niño arroja su juguete fuera de la cuna, para que así la madre se lo regrese, cuando no lo hace la madre, el niño comienza a llorar y su estado de placer y diversión se convierte en tristeza al no obtener lo que busca con la acción y empuja al niño a remediar la pérdida, ya sea jugando con otro juguete o esperando a que pueda tener de nuevo aquél que ha arrojado.

De igual forma ocurre cuando los niños son llevados el primer día al colegio y sienten temor y tristeza de que su madre los vaya a dejar de por vida en aquel lugar, no tienen la concepción de que dentro de algunas horas, pasará a recogerlos. Conforme pasan los días, va comprendiendo que sólo es un rato, y el estado de tristeza inicial se puede convertir en placer por lo que la escuela le ofrezca.

El sentir tristeza nos ayuda a comprender los desequilibrios que ocurren en la vida diaria. Por ejemplo, Bertalanffy, reconocido biólogo austriaco decía que la vida es un constante equilibrio de desequilibrios. El pensar que la felicidad es el estado perfecto del ser, sería eliminar toda posibilidad de sorprenderse. Quien pretenda vivir “feliz” toda la vida, pierde la oportunidad de desequilibrio que lo lleve a conocer distintas realidades.

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Lo anterior está relacionado con la esfera cultural de nuestra especie, pero también existen explicaciones desde posturas evolucionistas centradas en la fisiología de la especie que explican por ejemplo la función de las lágrimas, que en primera instancia sirven para limpiar el ojo de impurezas, y en segundo nivel, han explicado que podría ser un signo desarrollado evolutivamente para decir a los demás “Oye, no me siento bien”. Esta afirmación la hicieron un grupo de científicos de la universidad de Tela Viv. Asimismo el ver una lágrima en alguien, produce sensaciones a quien observa, generando sentimientos de empatía y compasión. Los dos anteriores sentimientos son necesarios para la subsistencia humana, el no poder generar empatía hacia los otros genera trastornos como la psicosis.

Si es tan necesaria la emoción ¿Por qué la depresión existe?

La depresión se desarrolla a partir de que una pérdida, como en el ejemplo del niño que arroja el juguete, no puede ser remediada; el caso más común es la muerte, ya que todo lo demás puede ser remediado por mecanismos simbólicos u objetuales; si el juguete se rompe, puede haber remedios para dejar de sentir tristeza.

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Freud lo explica en su ensayo sobre la melancolía, diciéndonos que la melancolía, es el estado de tristeza donde la pérdida ya no puede ser superada, y el melancólico tiene sólo un medio para remediar su tristeza y es recordando lo que se fue. Todos tenemos algo de melancólicos, donde queremos que ciertas cosas regresen o añoramos tiempos, pero comúnmente seguimos adelante. El melancólico de Freud no sigue adelante, ya que vive dentro del recuerdo.

Por último, una de las explicaciones más recientes sobre los estados de tristeza, tiene que ver con el contexto cultural en el que nos desenvolvemos, la modernidad y la sociedad donde todo el mundo debe rendir, porque si no rinde es un perdedor. Signos como que ahora los gimnasios son un negocio rotundo, y las nuevas “filosofías” de vida ultra-positivistas que argumentan que aquel que no es feliz no lo es porque no quiere, son una de las causas que detonan la ansiedad y la frustración en estos tiempos.

La meritocracia apunta a que se está donde se merece y elimina una gran cantidad de variables como el azar o los contextos sociales. Esto ha generado que las sociedades se exijan personalmente cada vez más y se autoexploten de distintas maneras por el simple hecho de “rendir” más que lo demás, dejando poco espacio para el sosiego y la reflexión sobre la vida. La vida y la felicidad es más que rendir 3 kilómetros más en tu ruta correr diariamente y publicar la actualización en Facebook es más que autoexigirte cosas que quizá no quieras hacer, esto por el simple hecho de que según eso significa la felicidad.

No hay peor explotación que la que ejerce el ser a sí mismo. Entonces no te explotes a ser feliz todos los días, disfruta los momentos felices que se presenten, crea tus propios estándares de alegría y aprende de los ratos tristes, sin negarlos y sin fingir una sonrisa perfecta, ya que vale más sonreír con honestidad que sonreír por obligación.

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Referencias: