
En la Historia de México, hay rostros que fueron parte importante y esencial para conocer lo que fuimos y lo que somos, entre ellos, claramente se encuentra la figura de María Carlota Amelia Victoria Clementina Leopoldina, princesa de Bélgica, esposa de Maximiliano de Habsburgo, mejor conocida como la última emperatriz de México.
Nacida en cuna de oro, la Emperatriz Carlota, también Princesa de Bélgica, Archiduquesa de Austria, Princesa de Lorena y Hungría, Condesa de Habsburgo, y Virreina Consorte de Lombardo-Véneto, llegó muy joven a un ambiente desconocido y alejado de su hogar en Europa.
Fue el 28 de mayo de 1864 cuando arribó al puerto de Veracruz con su esposo Maximiliano de Habsburgo en la fragata Novara, juntos tenían un solo objetivo: de manera temerosa e incierta gobernar un país atrasado e incierto, para lo que eligieron el Castillo de Chapultec como su residencia oficial.
La vida de Carlota, -Charlotte en francés-, ha sido relatada un sinfín de veces en los libros de Historia en los que se narra como si de una historia de cuento de hadas se tratara, envuelta en tragedia y sin terminar en un “y vivieron felices por siempre”.
Al tener tantos títulos, era de esperarse que la Emperatriz tuviera tantos conocimientos, se dice que dominaba el francés, el alemán, el inglés, el italiano y el español. Así como sabía de política, geografía, música, artes y también de… moda.

Carlota no se conformaba con nada, aunque en los acervos históricos a penas se tienen algunas muestras de la indumentaria que poseía la Emperatriz, por obvias razones, basta recorrer los pasillos del Castillo de Chapultepec para imaginar su vida llena de lujos y glamour en aquellos tiempos.
Sus vestidos eran su máximo tesoro
El periódico La Jornada a través de investigaciones, sustenta que la Emperatriz Carlota adoraba sus vestidos y éstos, a pesar de las joyas y tiaras, eran sus pertenencias más preciadas, tanto que cuando se fue de México, fueron de las primeras cosas que salvaguardó.

Se dice que Carlota era talla petite y que su imagen en los actos oficiales siempre estuvo acorde con el último grito de la moda europea, pues ella estaba convencida de que mientras mejor fuera su indumentaria, más prestigio le otorgaba a su marido, un hombre del poder, según La Jornada. La Emperatriz vestía zapatillas de raso, corpiño de algodón, blusa de encaje y los vestidos más voluminosos y elegantes.
Carlota trajo la Alta Costura a México
Según los archivos de la Casa Worth, durante una visita que Carlota hizo a París en 1864, acudió al estudio del diseñador Charles Frederick Worth conocido como el Padre de la Alta Costura, a quien le pidió diversos vestidos de clima cálido, así como “varios trajes de emperatriz” en seda y terciopelo con perlas y brocados, que posteriormente usó en México.


Vestimenta digna de Emperatriz
En el siglo XIX, Maximiliano y Carlota introdujeron los vals y vestidos voluminosos en México, indumentaria casi desconocida en el país; desde el primer año que les tocó gobernar, la pareja introdujo la costumbre de Las Posadas, celebraciones en las que había código de vestimenta para los invitados y Carlota siempre lucía los mejores vestidos.
En el 2015, en la muestra “Hilos de Historia” que tuvo lugar en el Museo Nacional de Historia en la que se expusieron vestidos, trajes y accesorios usados en los últimos 200 años, en una vitrina fueron colocadas algunas prendas y accesorios que pertenecieron a la emperatriz Carlota de Habsburgo.

Entre ellos, una chalina, unos mitones, unas sandalias y unos botines, los cuales, algunos de ellos fueron entregados al museo por donadores y otros por la misma emperatriz antes de su salida de México en 1866, luego del fusilamiento de su marido.
El retrato icónico
Antes de partir a México, Maximiliano y Carlota posaron en 1864 en París para Franz Xaver Winterhalter, uno de los retratistas con mayor prestigio entre la aristocracia europea. El retrato de Carlota la presentaba de medio cuerpo, con la corona imperial y un vestido blanco-rosado hecho con encajes de Bruselas, adornada con sus joyas y condecoraciones.

Y esa fue la imagen en la que se basó Albert Graefle para producir el retrato oficial de la emperatriz, que actualmente se exhibe en el Salón de Gobelinos o Salón de Música del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, según la página del INAH.
Carlota como inspiración
Han pasado casi dos siglos desde que Carlota y Maximiliano gobernaron México, sin embargo, su historia sigue siendo un tema de conversación, una incógnita en varios aspectos y también ha servido de inspiración en algunas novelas y producciones, así como en el mundo de la moda.
Una de las diseñadoras mexicanas que se inspiró en la indumentaria de la Emperatriz Carlota fue Alexia Ulibarri, quien para su colección Otoño-Invierno 2015 retomó algunos de los aspectos de la indumentaria de Carlota, llamándola de tal manera.
Para aquella colección, los colores estuvieron basados en el Castillo de Chapultepec como sus jardines, mobiliario y tapices, así como jugó con materiales tradicionalmente femeninos.

Entre vestidos de Alta Costura y una tragedia que la condenó hasta la locura, así fue la vida de la Emperatriz Carlota, quien a través de su indumentaria siempre quiso corroborar el poder que siempre quiso tener e imponer.
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