Eran los años 90 y la urgencia humana por romper con los viejos cánones, al igual que desafiar los valores impuestos por la década anterior, hacía que la juventud de aquellos años implementara con todas sus fuerzas nuevos códigos de identidad. La década anterior había dejado a su paso un color pastel que ya no era necesario ni pertinente en los tiempos que se avecinaban. La gran familia norteamericana y sus inspiraciones británicas eran un esquema alejado de la realidad y los estándares políticos que se seguían ya no engañaban a nadie. Era el momento exacto para volver a las enseñanzas del punk, retomar los caminos de la furia y la desilusión, pero no perder de vista que una época diferente nacía.

La llegada del grunge y el auge de televisoras, clubes y radiodifusoras que apostaban por una mirada distinta marcaron la pauta para una adolescencia que buscaba, tanto una personalidad distinta, como una voz que llegara por distintos medios. Obviamente la estética y la iconografía de la era funcionaron como un primer estandarte para la nación global emergente, para los hombres y mujeres que necesitaban un grito que conjugara el silencio y el statement precisos.

De entre todos ellos se alzó un grupo de mujeres que, con el mismo éxito que los personajes masculinos de la generación, gozaban e imponían. Desarrollaron un look que exclamaba rebeldía, ironía, fragilidad, poder, sexualidad irreverente, catástrofe y un poco de burla social: el kinderwhore.
Féminas como Courtney Love, Kat Bjelland y ocasionalmente Shirley Manson caracterizan ese armario que parece volver a cada instante –sobre todo con la presencia de Harley Quinn en nuestro imaginario y nuevas cantantes en la escena musical–, adaptándose poco a poco a nuestro estilo contemporáneo.
¿Qué se retoma hoy para conseguir ese look de niña mala que perdimos pero que se vuelve urgente en un estilo juvenil y cíclico en el siglo XXI?
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La Diosa
Para comenzar, partamos de algo evidente: Courtney Love es la ama y señora de este estilo que va de lo punk a la Lolita callejera.

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Los vestidos juegan con la longitud y lo lamentable. Entre más cortos o trashy, mejor.


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Los accesorios, mientras más jugueteen con la inocencia y la destrucción, son ideales para la pequeña demonio que hay en ti.


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Los babydolls y el lingerie se llevan como si fuera un vestido de día. No hay esquemas que seguir en cuanto a lo que se muestra y lo que no.


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Vestidos de cuello Peter Pan, de muñeca o con estampados florales, son el must de una chica rebelde e infantilmente oscura.


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Para el calzado, nada como las botas Dr. Martens o bikers.


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También los bostonianos o estilo Oxford, sin dejar de lado los Mary Jane, son el complemento exacto.


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Tobilleras, calcetas largas, medias rotas y ligueros son la principal arma para las piernas de una kinderwhore.


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Una calceta arriba y una abajo con holanes o moños son sinónimo de perfección.


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Por último, un maquillaje messy o un arreglo que pueda lucir sexy y al mismo tiempo poco “producido” es la clave en muchas ocasiones.

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Sí. Todo se trata de parecer una mujer con trastorno bipolar y regresiones a sus ocho años, pero no hay nada que temer. La vuelta a los 90 que estamos experimentando lo amerita. Además, lo mejor que nos puede suceder ahora es una mezcla de un estilo mucho más construido con las enseñanzas del pasado. Puedes revisar estos 7 tipos de jeans vintage que puedes reciclar porque están de moda y en otro artículo, descubre cómo era la moda según el año en que naciste.

