Camaleónica es un adjetivo corto y muy gastado para describir las cualidades estéticas de Tilda Swinton. La polisemia de su ser debería ser nombrada de otra manera aunque, con seguridad, cualquiera que fuese ésta no abarcaría del todo lo que dicha musa accidental del estilo (re)presenta; con una trayectoria tan larga que vio sus inicios en el cine y se deconstruyó paulatinamente en los terrenos del arte, el diseño y la música, Tilda escapa de toda categorización. Con especial arrebato cuando se intenta llegar a un concepto definitivo desde su producción visual y ligada al fashion; esto no se da tan fácil.

Los tantos rostros, los diversos cuerpos que ella muta y transmuta a cada paso, han marcado momentos muy específicos en su carrera o en las décadas que le abrazaron como una de las más grandes personalidades de la contemporaneidad, pero también en el decidir colectivo cuando se trata de fusionar este tiempo que nos atraviesa con la originalidad y las miradas artísticas del diseño de imagen.
A todos y cada uno de nosotros, Tilda Swinton nos ha enseñado a movernos con autonomía por el mundo de la moda, con las coyunturas que suavizan la flexión entre figura y desobediencia. Si no, todavía no es tarde para retomar sus más grandes lecciones.
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Gracias a Swinton entendimos el pulcro y dialógico preciosismo entre lo oriental y la elegancia.


Perdimos el miedo a buscar los más barrocos y recargados instintos en nuestro interior.


También comprendimos que el blanco en su eterna fase minimalista es una opción siempre disponible.


Que la androginia es un accesorio valioso en nuestro guardarropa.


Le debemos, igualmente, que los mohawks no sean más temidos en el género femenino.


Así como una comprensión valiosa en torno al nivel de radicalidad en el sleepwear.


Una seducción sobrenatural a través del dandy look.


Otro rostro del glamour under para nuestro día a día, partiendo de la colisión entre arquitectura moderna y misticismo ancestral.


Debido a Tilda sabemos que el color, que los estruendos cromáticos en el cuerpo, se pueden llevar con sobriedad y delicadeza.


Y, por último, es a partir de ella que aceptamos el carácter prescindible del maquillaje.


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Tilda Swinton es esa referencia transgresora que necesitamos, que es vital para no dejarnos consumir por las avaricias de la industria y la despersonalización que propagan los medios; ella es la diosa que debemos seguir mas no imitar, porque en sus designios jamás estaría el imponernos nada, sino hacernos reflexivos al andar. Puedes estudiar entonces Los 5 rostros de Tilda Swinton: Fotografías evolutivas de un extraterrestre y El arte de ser Tilda: La eterna y malvada bruja blanca.
